Relato erótico

Una buena idea

Charo
12 de julio del 2018

Quiso celebrar una Noche Buena “diferente”, nada de familia. Montó una cena con unos amigos y vecinos y el resultado fue mucho mejor de lo que había planeado.

Gema – BARCELONA
Hola, me llamo Gema, tengo 35 años vivo en Barcelona y me gustaría al igual que muchos, compartir mis vivencias y creo que esta es la mejor revista para contar mis historias sin ningún tipo de tabú.
Desde que conocí el sexo, a través de los años, han sido muchas las historias y las fantasías que he logrado realizar, disfrutando de cada uno de mis amantes. Pero comenzaré por relatar mi más reciente experiencia que fue en la noche de navidad del año que acaba de terminar.
Llevo seis años de casada y mi marido es un ser comprensivo e igual de tremendo en la cama que yo, ambos somos muy abiertos en los temas sexuales y tratamos de cumplirnos las fantasías.
El 24 de diciembre decidimos quedarnos en casa, ya que nos pusimos de acuerdo con varios vecinos para reunirnos en nuestra casa. Llegó la noche y con ella los invitados con algo de comer y beber, cenamos y luego hicimos un divertido intercambio de regalos. Después de eso comenzó el baile, todo el mundo bailando y bebiendo, yo particularmente tomaba vino y Joaquín, mi marido, estaba bebiendo whisky.
Pasaron las horas, yo estaba un poco mareada, pero Joaquín ya estaba colocado y yo lo sabía porque el muy desgraciado no perdía el tiempo y me agarraba el culo cada vez que me acercaba. Reconozco que me gustaba y no podía evitar que mis pezones se pusieran duros y se marcaran por encima del vestido.
Pero yo no era la única que sabía que se me notaban los pezones, pues algunos chicos que estaban en la fiesta me miraban mucho de arriba abajo, sobre todo Emilio, un vecino de tres pisos más arriba y su amigo que no conocía.
Cuando eran las tres de la madrugada, Joaquín me pidió que lo acompañara a la habitación y una vez allí me dijo que no aguantaba más, que me quería follar allí mismo, que cada vez que me ponía ese vestido lo volvía loco. Yo le dije que después, que teníamos invitados fuera, pero él me dijo que por lo menos le hiciera una mamada y luego hacíamos el resto. Accedí porque sé como hacerle correr rápido. Se recostó en la cama, le saqué la polla del pantalón y me la metí en la boca. El pobre estaba tan ebrio que no sabía lo que pasaba, y se la chupé por todos los lados, le daba lengüetazos, le pajeaba, chupaba sus testículos hasta que lo sentí gemir un poco, sabiendo que estaba cerca, así que me lo metí otra vez en la boca y seguí chupándosela, hasta que explotó en mi boca soltando chorros de leche. Lanzó 3 ó 4 embestidas pues por la tarde habíamos tenido una buena sesión de cama. Para no mancharme y porque también me gusta, me tragué toda la leche. Todo fue muy rápido, no pasaron 10 minutos.

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Joaquín quedó fulminado en la cama, por lo que yo tuve que dedicarme a los invitados cuando más de la mitad ya se había marchado. Tan pronto salí se despidieron cuatro personas más y paulatinamente se fue acabando todo. Solo quedaban Emilio, su amigo, un matrimonio amigos míos, Mireia y Ricardo, los cuales se quedaban esa noche porque vivían lejos, y Alfredo un chico de la zona. Todos conversábamos sobre la música y aventuras de cada cual. Mireia estaba sentada en las piernas de Ricardo y noté que él le sobaba las nalgas, de lo más descarado. Los otros chicos no le veían pero yo sí, y por la sonrisa de Mireia sabía que eso la estaba excitando. Él le metía la mano, le levantaba un poco el vestido y la acariciaba, hasta que los chicos se dieron cuenta de lo que pasaba y reían. Al rato mi amiga me dijo que le mostrara su habitación, que se quería ir a dormir.
Los acompañé y cuando regresé salió Ricardo y en privado me preguntó que si lo podían hacer y yo le dije que no había problema, a lo que me respondió que iba a dejar la puerta abierta por si me apetecía entrar a mirar, ya que a ellos les gusta que los miren cuando follan. Yo pensé estaba tan húmeda que sería capaz de meterme en la cama con ellos. Le dije que de acuerdo, pero debía despedir primero a los chicos de fuera, así que salí de nuevo y estaban los tres chicos riéndose de una manera muy cómplice. Yo no quería que se fueran, porque lo estaba pasando muy bien, pero por otro lado me tentaba ir con la parejita.
Les dije a los chicos que me encantaría seguir hablando con ellos pero que quería descansar, y ellos me dijeron que se tomaban la última copa y se irían, pero Alfredo se me acercó por detrás y me dijo:
– ¡Que bien la mamas!
Me sorprendió la opinión, a la vez que sentía que humedecía mis braguitas un poco más, y le pregunté cómo sabía él eso, y me contestó que me había visto hacía rato con mi marido y me preguntó:
– ¿Él te enseñó hacerlo así?
Todos estaban pendientes de mi respuesta y yo pensaba, sola en medio de tres chicos, húmeda, mi marido muerto de la borrachera, y una pareja follando en la otra habitación, no era la primera vez que participaba en algo como esto y el primero que me tocase le abriría las piernas. Les contesté que no, que hacía muchos que me había vuelto toda una experta en el sexo oral, Emilio me preguntó que si no me daba miedo lo que podía pasar y yo le contesté que no, para nada.
El primero en cogerme fue el otro chico, el amigo de Emilio, que comenzó a acariciarme las piernas diciéndome:

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– Que piernas tan bellas tienes, esto era lo que quería hacer desde hacía rato.
Entonces Alfredo me cogió por detrás y comenzó a acariciarme las tetas y a pellizcarme los pezones. Me dolía un poco, pero me excitaba, y entonces Emilio me cogió la mano y me la llevó hasta su paquete. Me sentía la puta más puta, y es que disfruto sintiéndome así.
Me llevaron hasta una alfombra en la sala y allí comenzó el banquete.
– Qué coño tan bueno tienes, preciosa.
Entonces Alfredo se sacó la polla y me dijo:
– Chúpamela como se lo hacías a tu marido.
Tengo que reconocer que Alfredo tenía lo suyo, le medía como 21 cm y era algo gruesa, se veía provocativa, así que se la devoré de una vez, tratando de metérmela toda en la boca, pero con los movimiento que hacía el amigo desconocido en mi coño no podía. Alfredo se sentía en la luna, mientras yo le chupaba la cabeza, lengüeteaba el cuerpo y chupaba sus bolas. Luego Emilio dijo:
– Ha llegado el momento planeado.
– ¿Y qué vais a hacerme? – pregunté.
– Pues que te vamos a follar los tres – contestó.
– Al menos lubricadme atrás – les dije.
Pronto el amigo desconocido se presentó con aceite de la cocina, Emilio se acostó y me dijo que me sentara encima de él y al hacerlo sentí como su falo se alojaba en mi coño, luego el amigo desconocido me hizo inclinarme hacia delante, me echó algunas gotas de aceite en el agujero de mi culo, luego él se llenó la mano también de aceite y comenzó a acariciar mi culito, metiéndome un dedo que lo sacaba en un movimiento constante de entra y sale. Yo estaba como loca de gusto.
Luego metió dos dedos al mismo tiempo que Emilio me bombeaba comenzando a moverse con más fuerza. Yo no me percaté que el amigo me había colocado capullo en el culo y entonces Emilio se quedó quieto, y el chico comenzó a introducir su rabo en mi recto. Al principio me molestó un poco pero luego resbaló todo hacia adentro. Era una sensación única, una sensación indescriptible tener esos dos palos dentro de mí.
Empezaron a moverse los dos, pero Alfredo se unió al movimiento metiendo su polla en mi boca. El placer invadía todo mi cuerpo así que tuve dos orgasmos uno tras otro, aunque me costaba un poco chupar a Alfredo por los movimientos de los otros dos chicos, pero yo sabía que no iban a durar mucho ya que hacía rato que estaban a mil.

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El primero en correrse fue Emilio haciéndome sentir sus chorros de leche dentro del coño y al rato el amigo sacó la polla del culo y comenzó a pajearse en mi cara. Alfredo hacía lo mismo y en un minuto ambas pollas impactaron sus respectivas cargas en mi cara, primero Alfredo que justo cuando iba a metérmela de nuevo en la boca comenzó a eyacular con fuerza. Yo traté de tragar pero era tanta la leche que salía que también embadurnó mi cara y mi cabello, luego vino el amigo desconocido que arrojó toda su leche en mi cara, mis tetas y mi vientre.
Quedamos todos tumbados en la alfombra, ellos casi desmayados y yo con leche hasta en los oídos, con ese sabor inconfundible en mi boca, pero cuando me sobrepuse, les dije había sido fenomenal pero que quería descansar, así que se marcharon todos.
Fui a mi habitación a darme una buena ducha para acostarme, pero esa noche no terminó allí, cosa que contaré en una próxima carta.
Besos y hasta pronto.

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