Relato erótico

Buena recomendación

Charo
12 de febrero del 2018

Estaba paseando por el paseo marítimo de un pueblo de la costa y una pareja de turistas le preguntaron si podía recomendarles un buen restaurante. Más tarde se los volvió a encontrar, hablaron y les invitó a tomar unas copas.

Voy a contar la experiencia más insólita que he vivido junto a una pareja de suecos que, como turistas, visitaban un pueblo de la costa de Gerona. Los vi por primera vez en el paseo de la playa. Yo caminaba solo y la pareja de turistas se me acercó para pedirme que les recomendara un buen restaurante. Tendrían en torno a los 25 años y la chica me sorprendió por su llamativa belleza. Les hice la recomendación y se despidieron amablemente de mí. Me alejé pensando en la chica. Realmente me había impactado. Además de ser muy guapa tenía un cuerpo menudo y muy atrayente. Casi que llegué a excitarme pensando en ella. Por la tarde volví a coincidir con ellos. Al verme se pararon para saludarme y me dieron las gracias por el sitio tan bueno que les había recomendado.
Nos enrollamos hablando y entonces me animé a invitarles a tomar una copa. Accedieron a mi invitación y nos fuimos a un pub que yo conocía. Empezamos a charlar sobre muchos temas, principalmente orientados a comentar lo diferente que es la vida en España y en Suecia, su país de origen. Ellos eran universitarios y estaban aquí en viaje de turismo. Creo que yo les resultaba bastante simpático y ellos también me lo resultaban a mí. La chica, que se llamaba Ingrid, no paraba de mirarme fijamente y sonreírme. Casi me daba la impresión de que estaba intentando seducirme. Si no hubiera estado su pareja delante me hubiera lanzado directamente al ataque.
Continuamos charlando y tras la segunda copa comenzamos a hablar sobre nuestras aficiones. De repente Ingrid me soltó, con toda naturalidad, que ellos eran muy aficionados a los juegos de carácter sexual. Me quedé blanco. Mis ojos se pusieron como platos y comencé a prestar una absoluta atención a todo lo que me contaban. Me dijeron que solían hacer intervenir a un tercero en sus jueguecitos. Hasta ahora sólo lo habían hecho con chicas, pero les apetecía probar con un chico. Además estaban interesados en hacerlo con un español, ya que teníamos fama de buenos amantes y tenían mucha curiosidad para comprobarlo. No podía dar crédito a lo que oía. El resultado fue que mi nabo comenzó a crecer dentro de mi pantalón hasta que ya no podía ocultar la erección.
Por cierto, Ingrid no cesaba en lanzar miradas, cada vez más descaradas, hacia mi entrepierna.
El siguiente paso, naturalmente, fue que me propusieron unirme a ellos para esa relación. Yo, que me moría de ganas de follarme a la chica, tenía cierta prevención en eso de que su pareja participara en la fiesta. Pero al final acabé accediendo. La verdad es que no podía desperdiciar esa oportunidad de oro de mantener una relación sexual tan exótica. Me llevaron a su hotel y nada más cerrar la puerta de la habitación la chica me abrazó y nos fundimos en un sensual beso a tornillo. Mis manos se pasearon sobre su trasero, primero por encima de la falda, luego por debajo y finalmente penetraron en el interior de sus braguitas. Su culo tenía un tacto frío y extraordinariamente suave. Mis dedos se fueron deslizando por la abertura de su culo alcanzando primeramente el botón saliente del ano e inmediatamente su coño. Lo tenía completamente empapado y muy caliente, haciendo contraste con la piel casi helada de sus glúteos.

La sensación era muy parecida a la de un café irlandés, donde las diversas capas que lo componen presentan texturas y temperaturas en contraste. Ella, mientras tanto, aparte de abrir sus piernas para facilitarme la maniobra, se restregaba viciosamente contra mi pene erecto. Simultáneamente nuestros labios se fundían, ya sin pudor, con visitas alternativas de la lengua de uno en la boca del otro. En un momento de descanso para respirar, volví la cabeza y descubrí que el chico se había desnudado totalmente. Su cuerpo era muy blanco y prácticamente carecía de vello, a excepción de la zona púbica. Tenía la polla tiesa como una vela y me llamó extraordinariamente la atención el tamaño más que enorme de su instrumento. Comparado con el mío, que entiendo que es de un tamaño corriente, abultaba casi el doble tanto en longitud como en grosor. La chica se separó de mí y se me puso en frente, de rodillas. Comenzó a desabrocharme los pantalones y me los bajó. Seguidamente me bajó el slip liberando mi polla. Me la cogió con la mano y depositó un beso sobre la punta del glande, dándole un toquecito con la lengua. Luego se levantó y el chico pasó a ocupar su lugar.
Yo me sentía un poco violento al verme con la polla fuera y un tío de rodillas frente a mi, pero parecía que era el precio que tenía que pagar si quería disfrutar de Ingrid. Con su mano izquierda asió mi nabo con firmeza y me lo comenzó a mamar. Con los labios bajó la piel de mi capullo y su lengua empezó a recorrer concienzudamente mi glande. Su mano derecha se posó debajo de mis huevos acariciándomelos con suavidad. Estaba disfrutando como un loco. Cerré los ojos y me dejé hacer. Era la mejor mamada que me hayan hecho nunca y a la vez que me la chupaba fue deslizando su mano derecha hacia mi trasero, alcanzando mi ano que comenzó a masajear con el dedo. Me penetró con la primera falange y luego, poco a poco, acabó clavándome el dedo completo en el culo. Ingrid, mientras tanto, se desnudaba frente a mí, obsequiándome con un sensual striptease. Su cuerpo era extraordinariamente apetecible, muy blanco, con los pechos diminutos, poca forma en la cadera y el culo respingón. Parecía el cuerpo de una adolescente. También me llamó la atención su vello púbico, que era poco abundante y prácticamente liso.
Ya no aguanté más y comencé a correrme. Solté toda mi carga de semen en la boca del hombre mientras que él seguía mamando con avaricia. Cuando mi pene comenzó a aflojarse se retiró y se fue hacia Ingrid, que lo esperaba tumbada boca arriba en la cama, con las piernas abiertas y las rodillas elevadas mostrándonos sus más secretos encantos e invitándole, viciosamente, a que la penetrara. El chico se subió encima, se la clavó en el coño y comenzó a follarla con un movimiento rítmico y profundo. Simultáneamente aproximó sus labios a los de Ingrid y empezó a traspasarle lentamente mi semen, que seguía guardando en su boca. Mientras que ella se iba tragando el licor que yo acabada de depositar en la boca de su pareja, me miraba de forma cómplice, mostrándome como disfrutaba saboreando mi líquido seminal.
Ante la vista de esta escena mi polla fue volviendo a su tamaño de guerra, preparándose para la próxima batalla. En ese momento el chico comenzó a gemir y disminuyó la frecuencia de sus envites, aumentándolos en intensidad, síntoma de que se estaba corriendo dentro de su amada.

Finalmente se derrumbó sobre ella agotado por la intensidad del coito. Ingrid aún no se había corrido, así que se escabulló por debajo de su macho y me reclamó, en una viciosa insinuación, para que rematara la faena. Me acerqué a ella con la idea de montarla pero me retuvo. Me hizo tumbarme boca arriba en la cama y ella se subió encima presta para un 69, colocándome el chocho en la boca, que rezumaba el semen de su pareja.
Con lo caliente que estaba, no me lo pensé dos veces y comencé a comérselo, tragándome sus jugos mezclados con los que su hombre acababa de depositar en su vientre. Mi lengua recorría ansiosamente su clítoris, su vagina, y su ano, el cual insistía en penetrar. Mientras, ella se tragaba mi rabo como si de un sable se tratase. Sus hábiles dedos me exploraban los testículos y el ano. En ese momento el chico le acercó una especie de crema y ella se untó las manos. Seguidamente comenzó a meterme los dedos en el culo que entraban con absoluta facilidad a causa del aceite lubricante que se había untado. Entonces se levantó, se tumbó en la cama, abrió sus piernas, elevó las rodillas y me pidió que la follara. Me subí encima. Coloqué mi polla en la entrada de su coño y la penetré.
Era fantástico. Su chocho estrecho se adaptaba perfectamente a mi rabo proporcionándome una sensación de contacto total. Pero como yo tenía miedo de hacerle daño, procuraba ir despacio. Entonces ella puso sus manos sobre mi culo empujando y marcando el ritmo y la intensidad de la follada. En un determinado momento, con sus manos sobre mis glúteos, comenzó a abrírmelos, dejando al descubierto mi entrada posterior. El chico, que ya se había repuesto de su anterior faena, colocó su lubricado instrumento sobre mi ano. Ante lo inevitable decidí relajar mi esfínter para minimizar el posible daño que me pudiera causar. Su polla comenzó la penetración y en segundos lo noté todo dentro de mí. La sensación era absolutamente bestial. Jamás había sentido un placer tan intenso. Mi rabo deslizándose apretadamente en las entrañas de Ingrid y el rabo de su novio clavado en mi trasero.
Comenzamos a acompasar nuestros movimientos. Cuando yo penetraba a Ingrid, el chico se salía de mi culo. Cuando yo me retiraba, él acentuaba la penetración. Este juego duró unos minutos, que yo recuerdo como los más placenteros de mi vida. Ingrid, que ya llevaba su segunda polla dentro en esa noche, se empezó correr entre escandalosos gemidos. Su vagina se contraía aumentando mi placer hasta que llegó a provocarme el orgasmo, que nos alcanzó casi simultáneamente. Me relajé sobre su cuerpo satisfecho y esperé pacientemente que su novio terminara de sodomizarme.
Al fin le llegó el orgasmo y sentí con total nitidez como la leche escupida por su rabo se esparcía por las paredes de mi intestino. Fue una sensación agradable. Lástima que ya me había corrido y no me encontraba excitado, sino, seguro que lo habría disfrutado.

Lentamente me fue sacando el rabo del culo y yo saqué el mío del coño de Ingrid. Nos quedamos un rato tumbados sobre la cama saboreando los placeres que acabábamos de disfrutar y reposando para recuperar fuerzas. Esa noche me esperaban los más ingeniosos divertimentos sexuales que jamás haya probado y que contaré en otra ocasión.

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