Relato erótico

Casualidades de la vida

Charo
13 de noviembre del 2017

La conoció, cuando acompañaba a su sobrino al colegio. Desde el primer día que la vio quedó hechizado. Un día empezaron a hablar y la cosa se “disparó”

Ángel – MADRID
La historia que voy a contar, amiga Charo, es completamente real y aunque hace tiempo que se estaba fraguando, ha llegado el momento en que ha pasado lo que se intuía que iba a pasar y por eso he decidido contarlo a todos vosotros en este momento.
Vivo en un barrio de la capital donde todos los vecinos se conocen, aunque solo sea de verse por la calle casi todos los días. Así es como yo conocía a una de mis vecinas que vive en un bloque al lado del mío y con la cual durante un año he coincidido casi a diario. Ella llegaba de trabajar e iba de su coche a casa y yo me iba a trabajar e iba de mi casa al coche.
Un día por casualidades que se dan, ella iba con su niño de unos cinco años por la calle y yo detrás con mi sobrino, que tenía más o menos la misma edad. Los niños se hablaron, pues resultaba que estaban en el mismo colegio y se conocían y eso me dio la oportunidad para hablar la primera vez con ella sobre el colegio y los niños durante el trayecto a casa.
Siempre que me cruzo con ella o la veo, no me corto a la hora de admirarla porque es realmente guapa, no tiene un cuerpo de modelo pero es atractiva, no muy alta, morena, con unos ojos preciosos, unos pechos grandes pero muy bien puestos y un culo que me vuelve loco siempre que lo veo bajo los vaqueros ajustados que suele utilizar. A partir de aquel día comenzamos a saludarnos cuando nos veíamos por la calle y yo empecé a ir el día que podía a recoger a mi sobrino al colegio consiguiendo de esa forma que más de una vez coincidiéramos allí los dos y nos veníamos juntos hasta el barrio, durante todo el camino yo no dejaba de mirarla y ella se daba cuenta de la situación pero no se cortaba en cruzar conmigo miradas cuando me pillaba observando su cuerpo.
Un día de los que coincidimos en el colegio, ella estaba un poco apartada hablando con otras madres y yo en una de las vallas observándola como siempre, cuando terminó de hablar con aquellas personas, se acercó a saludarme:
– ¿Qué tal, aquí esperando al niño…?.
En este momento salió la profesora y nos comentó que iban a tardar un rato mas en salir pues estaban haciendo alguna actividad especial ese día y ella, aprovechando que teníamos tiempo para hablar, se lanzó a una conversación que a mi me sorprendió al principio pero luego la seguí con naturalidad Me dijo:
– Me he dado cuenta de que me observas mucho, ¿qué pasa, es que tengo algo raro?
Yo le dije que simplemente la miraba tanto porque me encantaba, y que no era malo mirar a una mujer si es porque es tan bonita.
– Bueno, no es malo mirar, para eso están los ojos, pero a mi lo que me preocupa son los pensamientos que esas miradas pueden tener.

Eso a mí me dejó un poco cortado, pero enseguida contesté:
– Pues mira, si te he de ser sincero, más de una vez he pensado en que me encantaría estar contigo, los dos solos y no precisamente aquí en la puerta del colegio, pero también respeto que tienes tu marido, tu hijo y todo eso y no me atrevo a buscar una aventura contigo.
– No pienso tener ninguna aventura con nadie pero me gustaría saber como son esos pensamientos que dices que tienes.
Seguimos hablando y salió en la conversación que tenía un problema informático que hacía tiempo que no conseguía solucionar y yo me ofrecí a echarle una miradita a su ordenador por si lo podía solucionar. Ella me dijo que le parecía muy bien pero que se aseguraría de que su marido el día que fuese yo a ver el ordenador estuviera en casa, que no se fiaba mucho de mí, aunque todo esto lo dijo en tono de broma. Al día siguiente fui a su casa a ver el ordenador, como habíamos quedado, me abrió la puerta, me llevo hasta el ordenador y yo vi que estábamos solos aunque no pregunté si había alguien más ni nada, solo me limité a estudiar el ordenador y el problemilla que tenía. Ella estaba allí, a mi lado explicándome lo que le pasaba y yo me estaba calentando bastante pues llevaba una bata de estar por casa y el tenerla cerca de mi, rozándome a veces e imaginando la situación, me excitaba sin poder evitarlo.
En un momento conseguí solucionar el problema informático y pensé que lo mejor era irse cuanto antes de allí si no podía meter la pata, pero ella dijo que no me fuese, que me invitaba a un café por el trabajo y charlábamos un rato. Puso el café nos sentamos los dos en el sofá y yo no podía evitar dirigir mi mirada hasta su cuerpo.
– Ya me estás mirando otra vez – me soltó ella de pronto.
– Lo siento, pero no puedo evitarlo, lo mejor es que me vaya – dije.
– No quiero que te vayas – me dijo acercándose a mi – Yo te miro cuando tú lo haces porque también me gustas y me encantaría tener una aventura contigo siempre que me prometas que nadie lo sabrá nunca.
Cuando terminó de decir eso, ya estábamos besándonos en la boca muy despacio, acariciando mi cuello con su mano y seguidamente me dijo:
– Yo nunca he estado con nadie mas que con mi marido y en el terreno sexual somos bastante tradicionales y no nos dedicamos a disfrutar demasiado el sexo esa es la verdad, te cuento eso para que lo tengas en cuenta ya que alguna vez me puedes notar demasiado fría.
Le dije que no se preocupase, que yo me encargaría de que disfrutase de todos los momentos que estuviésemos juntos. Terminada esta conversación el siguiente beso no fue tan suave como el anterior y ya nuestras lenguas se conocieron probando cada uno la saliva del otro.
Seguidamente yo comencé a acariciarla por encima de la bata.

Ella estaba tumbada en el sofá y yo pasaba mi mano por todo su cuerpo y mi boca besaba su cuello, sus orejas, y sus labios. Seguidamente desabroché su bata, quedando a mi vista sus pechos bajo un sujetador de encajes y unas braguitas a juego que observé con atención.
– Voy a dejar que me hagas lo que quieras, voy a ser tuya durante el tiempo que estemos juntos – me dijo en voz muy baja.
Eso hizo que me excitase aun mucho más de lo que ya estaba y seguí acariciando su piel sin detenerme por el momento ni en sus pechos ni entre sus piernas, solo acariciando y besando todo el cuerpo muy despacio hasta que ella se incorporó y comenzó a desnudarme hasta que me quedé solo con mi slip, que estaba mojado y dejaba que se notase mi bulto muy duro. Seguidamente yo la senté encima de mis piernas mirándonos de frente y le quité el sujetador soltando sus pechos, que eran grandecitos y con unos pezones muy bonitos. Entonces me dediqué a besarlos hasta llegar a sus pezones, que se habían ido poniendo muy duros, y cuando llegué hasta ellos los metí en mi boca y los chupé haciendo que ella soltase un pequeño grito de placer.
Mientras mi boca estaba en sus pechos mi mano había entrado desde atrás por debajo de sus braguitas y estaba acariciando todo lo que encontraba en su camino, desde su rajita hasta el ano, rozando su clítoris de vez en cuando lo que hacía que ella se estremeciese. Mientras esto sucedía ella acariciaba mi pene por encima del slip y hacia que levantase mi cabeza para besarme desesperadamente. Seguidamente la tumbé y rozando mi paquete por su monte de Venus, bajé mi mano hasta su entrepierna y me excitó muchísimo el sentir que sus braguitas estaban mojadas. Acaricié su sexo por encima de la tela sin dejar de chupar sus pezones y eso hizo que ella llegase a tener el primer orgasmo, lo cual a mi me produjo mucho placer.
Seguidamente me dediqué a pasar mi lengua por todo su cuerpo, desde sus hombros hasta los pies, para luego subir por sus piernas y por el interior de sus muslos terminando con un beso encima de la suave tela de sus bragas. Entonces le quité su ropa interior pudiendo observar un coñito precioso y solo faltaba que hubiese estado rasurado pues tenía bastante vello, pero eso no me importaba. En esos momentos la notaba como nerviosa y subí hasta su boca para besarla y tranquilizarla mientras mi mano comenzó a explorar esa cueva que estaba muy mojada y caliente. Ella me saco el slip y se dedicó a manosear mi pene y tocar mis testículos que estaban a punto de reventar. Bajé de nuevo y cuando mi boca llego a su vientre ella se estremecía y me pedía que parase, que no siguiera, pero no lo hice caso, posé mis labios en su coño y mi lengua buscó desesperadamente su clítoris apretándose contra él hasta hacerlo salir de su pequeño capullo ayudándome de mis dedos. El roce de mi lengua con aquel pequeño botoncito hizo que se volviese a correr pidiéndome que me la follara. Me lo pedía así sin más.

– ¡Fóllame, por favor, me vuelves loca! – me decía.
Yo estaba deseando hacerlo y no tuvo que pedírmelo demasiadas veces para que, poniendo mi pene en la entrada de su cueva, este entrase hasta el fondo. Estaba tan caliente que si me movía rápido dentro de ella no tardaría en correrme, ella apretaba mi pene con el interior de su vagina y me preguntaba si lo hacia bien si me gustaba. Yo le respondía que sí, que era genial y que lo hacía muy bien. Eso parece que la ponía aun más caliente y se movía con más impulso, más rápido y al rato de estar follando los dos como locos, le anuncie que no tardaría en correrme y advirtiendo que no me había puesto el preservativo, me asusté y se la saque rápidamente.
– ¿Por qué paras? – exclamó en el acto.
Le expliqué que no habíamos tomado precauciones y entonces ella me dijo:
– ¿Te puedo pedir un favor? Es algo que siempre he querido sentir – le dije que sí, que me pidiera lo que quisiera – Quiero que te corras en mi culo, pero sin entrar tu polla, solo que sueltes la leche en la entrada de mi ano.
Entonces se puso a cuatro patas, le di otro para de embestidas en su coño y con mi mano hice que un chorro de semen bastante grande cayera en su ano. Después nos quedamos unos segundos uno al lado del otro, nos besamos y no hablamos mucho, solo nos despedimos y quedamos en volvernos a ver para hablar sobre el tema, pero cuando hubiese pasado algún tiempo.
Gracias por leerme.

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