Relato erótico

Cazador cazado

Charo
13 de noviembre del 2017

Su fantasía era ver a su mujer follando con otro hombre. Habló con un buen amigo y quedaron que el sábado siguiente iría a su casa sin avisar e intentarían montar un trío.

Pedro – BARCELONA

Mi novia, hoy día mi mujer, amiga Charo, siempre ha sido muy esquiva a cuestiones de sexo y si bien es toda una fiera en la cama, y disfruta muchísimo del sexo, no es muy abierta a situaciones, como ella las llama, “anormales”. Somos de Barcelona y esta historia ocurrió hace más de 8 meses. Mi mujer, es una mujer preciosa, con unos rasgos físicos hermosísimos, mide aproximadamente un metro y sesenta y cinco centímetros, tiene unos pechos muy grandes, muy duros y tiesos, con unas buenas caderas y un culo de ensueño que es la delicia de la gente que la ve pasar. Además su coño, al ser penetrado, parece que le succionara la verga a uno. En la actualidad tiene 26 años y yo 35, dotado de una buena polla de la cual ella disfruta, mis ojos son verdes y mido 1,79. En fin, después de estas descripciones paso a relatar lo sucedido ese día.
Yo siempre he deseado realizar ciertas cosas que se ven de vez en cuando en las películas porno, por ejemplo tener sexo con dos chicas a la vez, o hacerlo a mi mujer con otro hombre para que ella gozase de dos pollas al mismo tiempo. Me encantaría verla mamándosela a otro con esa cara de puta que pone cuando va caliente etc. pero ella siempre se ha mostrado contraria a estas ideas, y si bien de vez en cuando al hacer el amor ella acepta mis fantasías sexuales jamás desearía hacerlo en la realidad, por lo cual me di a la tarea de hacerla caer poco a poco en mis redes sexuales y me ingenié un plan para follármela junto con algún amigo que cumpliera ciertos requisitos.
Precisamente tengo un amigo que vive en la misma ciudad de Barcelona con el cual, en algunas ocasiones, habíamos hablado de esos temas y que tenía estas mismas inquietudes mías, debiendo señalar que una vez lo intentamos con su mujer, pero las cosas no nos salieron bien y nunca nos llegamos a acostar con ella.
Ricardo, que así se llama él, tiene 30 años, de rasgos físicos bastante agradables, mide aproximadamente 1,80 y de cabello castaño. Lo llamé un día para hablarle sobre ciertas cosas del trabajo, y poco a poco fui introduciendo el tema.
– Oye – le dije – ¿Te acuerdas de aquella vez que tratamos de follarnos a tu mujer, pero todo quedó en nada?
– Sí y después de eso estuvo sin hablarme mucho tiempo…
– ¿Y que te parece si tratamos con Lidia?
– ¿Tú mujer? Creo que estás loco, amigo.
– Yo ya la estoy preparando, pero es difícil, debo hacerla beber un poco, y de esa manera es posible animarla.

– Pues chico, si a ti no te molesta, por mi encantado – exclamó mi amigo.
Yo ya estaba lanzado a este plan y le idea me puso la verga como un pedazo de acero y le dije:
– Mira, pásate el sábado por casa como cosa casual, y no des a entender que ya nos habíamos visto, y yo me encargo del resto.
– De acuerdo, el sábado a las ocho estoy en tu casa.
Quedamos así y nos despedimos. Llegué a casa y busqué a mi mujer, la besé como siempre y enseguida mi verga se puso erecta de solo pensar en lo que ocurriría el día indicado. Esa noche en la cama, imaginándome lo que sucedería si se daban bien las cosas, mi verga se puso como una estaca de acero, ella se percató y como duerme desnuda empecé a acariciarla como un poseso, le mamé las tetas, le chupe el chocho y se la clavé como a ella le gusta pero antes de correrme se la saqué e hice que me la mamara hasta llegarle a la garganta, cosa que le encanta pues siempre que puede se bebe mi leche.
Por fin llegó tan esperado día, la mañana fue normal y parte de la tarde, como siempre, fuimos a un centro comercial a hacer unas compras. Entramos en uno de esos almacenes de ropa interior, y como el que no quiere la cosa le compré un conjuntito precioso, unas bragas negras casi transparentes y el sujetador del mismo material. De solo imaginar que esta noche los estrenaría para mi amigo Ricardo y para mí, me hubiese gustado follármela allí mismo. Ella, ajena a todo mi plan, solo me agradecía el regalo y me decía que apenas llegáramos a casa se bañaría y se los pondría para lucirlos para mí.
Llegamos a casa a eso de las seis de la tarde, ella se fue a bañar y a cambiar, como no habíamos hecho ningún plan para salir a ninguna parte, se vistió con ropa cómoda, que dejaba entrever un poco sus encantos.
Cuando apareció estaba muy bonita y a pesar de que no se había maquillado se veía lo bella que es. Preparó de cenar y nos dispusimos a comer cuando sonó el timbre de la puerta. Mi corazón comenzó a andar a mil por hora, ella me preguntó si esperaba a alguien pero yo le contesté que no. Ella me dijo que le avisara si era alguien para subir a cambiarse, y yo fui a atender la puerta. Era mi amigo, había traído unas flores para ella, y lo hice pasar sin, lógicamente, avisar a Lidia. Ella, al vernos atravesar la puerta y reconocer al amigo se disculpó y me dijo:
– Te dije que me avisaras para subir a cambiarme.
Ricardo intervino diciendo que había venido solo a saludarnos, le entregó las flores a mi mujer, y dijo que se retiraba pues no quería interrumpir nuestra cena. Mi mujer, le invitó a quedarse con nosotros a cenar, y él aceptó. Todo esto funcionaba como anillo al dedo, y ella no se daba cuenta de nada. Comimos, y luego nos sentamos en la sala a tomarnos unas copas, en el sofá mi mujer y yo, y en el sillón Ricardo. Puse música suave y nos pusimos a hablar de muchas cosas.

El licor iba y venía y comenzó a hacer efecto en todos pues cuando yo sacaba a bailar a mi mujer, lo hacía de lo más de normal, solo que a veces le cogía el culo, siempre cuando ella estaba de espaldas a Ricardo, y ella me decía que me controlara, que no estábamos solos, y yo le dije:
– No importa, además el amigo es de confianza.
Nos sentamos y sonó un tema súper romántico, y yo le dije al amigo que la sacara a bailar, así lo hizo, lo vi acercándose a ella más de lo normal, bajó la mano donde comienza el culo y empezó a sobárselo. Ella lo apartó un poquito, pero él volvió al ataque y en esta ocasión ella no lo volvió a rechazar. Esa fue la señal para yo saber que el alcohol estaba cumpliendo con su parte de plan. Cuando se sentaron, Lidia me llevó a la cocina, y me contó lo ocurrido con el amigo, a lo que yo le dije que lo había notado, pero que eso no hacia daño a nadie. Ella se sorprendió de mi respuesta, pero al final no le dio importancia.
Fuimos a la sala y nos tomamos otra copa, y en ese momento propuse que jugáramos a la oca y así lo hicimos. A medida que jugábamos bebíamos y ya empezábamos a estar muy desinhibidos todos pues los comentarios eran subidos de tono. Entonces propuse que quien cayera en la cárcel debía despojarse de una prenda. Mi mujer puso cara de asombro pero yo la calmé diciéndole que no se preocupara, que solo si quería hacerlo. Después de mucho aceptó a regañadientes pero con un brillo en sus ojos de calentura, la acerqué un poco a mí y le metí mano por debajo de la falda con muy poco disimulo y me percate que su coño estaba mojado. Mi amigo se dio cuenta de todo y ya tenía la verga tiesa de la excitación.
Empecé perdiendo y haciéndome el difícil me quité la camisa, ellos se reían pues me creían supuestamente victima de mi propio invento. Luego perdió ella y casi no la convencemos de quitarse nada pues ella me miraba con ojitos suplicantes y yo sabía el por qué. Se quito por ultimo los zapatos y se los aceptamos como prenda. La siguiente vez que perdió, ya no hubo disculpas y comenzó desabrochando los botones de la blusa. Mi amigo le pasó otra copa y ella la bebió de un solo trago, como buscando fuerzas. Ya estaba bastante bebida, y yo le dije al amigo que parara de servirle pues yo no quería emborracharla sino que estuviera conciente de lo que hacía.
Al sacarse la blusa nos dejó a la vista un par de tetas deliciosas enfundadas en el sujetador que horas antes le había comprado. Ricardo se deleitaba con el bamboleo de esas tetas, y se relamía de gusto. Y yo lo mismo. Después de una cuantas jugadas, volvió a perder ella y en medio del alcohol ingerido preguntó, entre risas, si era un complot para que yo viera la adquisición de la tarde. Nos echamos a reír, y el amigo se puso a su lado para que no se cayera al quitarse el pantalón, así lo hizo ella, lo desabrochó y lo dejó deslizar pero al levantar una pierna perdió el equilibrio y mi amigo la cogió para que no cayera, pero lo hizo de las tetas. Ella trató de apartarse pero yo me acerqué y empecé a tocarle descaradamente el culo.

Ella trataba de retirar nuestras manos, pero estaba bastante bebida y sus movimientos no eran los mejores. Ricardo con ese forcejeo, al igual que yo, nos excitábamos más, ella me miraba y decía:
– Para, por favor…
Pero yo no escuchaba razones en ese momento y entonces, de un tirón el amigo le quitó el sujetador y empezó a mamarle los gruesos pezones, cosa que a ella le encanta, y así ella empezó a excitarse aunque mostraba siempre cierta lucha porque no quería parecer una mujer fácil y que yo pensara mal de ella. Decía que no quería y cosas así, pero en un descuido, dejó sus bragas a mi disposición, yo se las bajé de golpe y empecé a manosearle el coño. Eso la calentó de una manera bestial y empezó a sollozar, pues veía que todo era inútil, así que se resignó a su suerte, y no se preocupó por poner más resistencia.
Ricardo la comenzó a besar en la boca y ella le respondió al beso, por otra parte gemía a cada frote de clítoris con mis dedos. Al poco los dejé besándose, y me acabé de desnudar mostrando mi verga bien tiesa, me metí entra en las piernas de ella y comencé a chuparle el chocho que empezó soltar su lubricación natural y bastaron unos pocos minutos para que explotara en un largo orgasmo que la hizo vibrar toda. Ricardo también se desnudó y le ofreció la verga y ella, cerrando los ojos, comenzó a mamársela.
– ¡Así, muy bien… aaah… que bien la mamas… así, así…oooh…! – exclamaba Ricardo.
Yo estaba en un éxtasis supremo pues de la gruta emanaba líquidos dejando ver cuanto le gustaba lo que estaba pasando. Mi amigo le sacó la verga de la boca, vino donde estaba yo y se la metió por el coño, ella se arqueó y me empezó a besar con esa boca que hasta hacia unos minutos estaban chupando una verga que no era la mía. Nos intercambiamos varias veces y en una de esas veces la hice poner encima de mi amigo Ricardo y con sus mismos jugos del coño, le lubriqué bien el ano, ella se relajó y empecé a metérsela hasta que le llegó al fondo del recto, así comenzamos a follar con ritmo los tres y en pocos vaivenes le derramamos litros de leche en sus agujeros respectivos, o sea su culo y su coño.
Así pasamos hasta las cuatro de la mañana y cansados por el ajetreo nos dispusimos a dormir, no sin antes despedir a nuestro amigo. A la mañana siguiente a las once, nos despertamos, ella me miraba interrogándome a lo cual le respondí que todo había ocurrido sin resentimientos, y le pregunté si le había gustado la verga del amigo y ella, en un acto de reconocimiento dijo que la situación le había producido morbo y le había gustado y añadió:

-Lo que te voy a decir, va para ti y para Ricardo. Si pensabais que llevaba unas copas de más y que por eso cedí os equivocáis. Cuando no mirabais, tiraba mi bebida en la cubitera, o sea que follé con los dos porque quise.
Como os podéis imaginar, me quedé sin palabras. A partir de ese momento nos hemos montado más “reuniones” con Ricardo.
Un beso para todos los lectores y lectoras de mi parte y de la golfa de mi mujer.

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