Relato erótico

Clase de matemáticas y…

Charo
13 de marzo del 2018

Había alquilado un apartamento en la planta baja, la propietaria y sus hijas ocupaban las otras dos. A la hija pequeña se le encontraba alguna vez cuando llegaba por la noche. Estaba en el portal morreándose con un chico.

Salvador – PALMA DE MALLORCA
Amiga Charo, la historia que te cuento me sucedió hace una semana con la hija de Carmen, propietaria del apartamento en el que vivo. Pero empezaré por presentarme. Me llamo Salvador, tengo 20 años, trabajo y estudio, y hace unos meses decidí alquilar un apartamento, aunque mas bien en realidad es una casa de tres pisos y era el primer piso el que alquilaban, con una puerta aparte y el segundo y el tercero lo ocupan Carmen y sus hijas. Lo interesante del asunto esta ahí, ya que Carmen tiene dos hijas, y de las dos es la menor, de nombre Gema, la que me excita pues a parte de ser muy simpática y tener una mirada provocativa, al andar mueve el culo de una manera provocativa, tiene unas piernas bien formadas y unos pechos medianos bien tiesos.
Todos los días salía temprano y cuando llegaba por la noche, la veía en la puerta de su casa dándose unos abrazos y besos con un tipo que, supuse, era su novio, Afortunado aquel tipo por haberla conquistado, pero seguro que el desgraciado ese lo único que deseaba era esperar un tiempo para follarla y por ese precioso culo que ella tiene. No te imaginas como lo envidiaba por la chica que tenía como enamorada. Cada vez yo la deseaba más y más, no dejaba de pensar en ella y aún más cuando yo llegaba por la noche y le veía con unos pantalones de tela bien apretados y algunas veces traslúcidos que dejaban ver la ropa interior que llevaba, y fácilmente sabia de que color era. Insisto y no exagero, en que posee un gran culo.
Un domingo llamaron a mi puerta casi al mediodía y al salir me sorprendí al ver a Carmen que, tras saludarme, me dijo:
– Al saber que estás estudiando he pensado que has de tener muchos conocimientos sobre matemáticas.
Al decirme eso yo no comprendía todavía hasta que me habló sobre su hija menor, Gema, quien acaba de cumplir 18 años, y se estaba preparando para este año ingresar a la universidad pero que tenia deficiencias en matemáticas, especialmente en geometría y que mejor que yo para que le ayudara con todas las dudas y problemas que ella tuviera, y que a cambio de ello me gratificaría bien. Yo, por dentro, me alegré y solo atiné a contestarle que no había ningún inconveniente en ayudarle, sobre todo los domingos, e incluso en aquel mismo momento, que estaba desocupado y que del pago ni se preocupara, pues todos estamos para ayudarnos. Carmen al oír eso me agradeció y me dijo que en ese momento iba a llamar a su hija para presentármela. Así nos conocimos. Después de tanto tiempo de tan solo vernos de lejos sin conocernos por fin se dio esta gran oportunidad.
Después de eso Carmen dijo que subiera al segundo piso, que allí, en la sala, estaríamos bien. Ya arriba pude conocer la sala que era bien grande mientras la culona de Gema ponía en la mesa todo lo necesario. Ella me miraba y yo le miraba. La madre desapareció dejándonos solos y comencé a ayudarle en los ejercicios que no entendía o no le salían.

Pasaban las horas y solo hablábamos sobre los ejercicios hasta que, sin darnos cuenta, llegó la hora de almorzar. La madre, que se llamaba Carmen, apareció con los platos y me invitó a que les acompañara para luego continuar ayudando a Gema. Acepté y durante la comida Carmen me hablaba sobre como eran en sus tiempos la enseñanza. Gema y yo nos reíamos y cuando al acabar de almorzar me disponía a proseguir con lo que estaba explicándole, Carmen dijo que era mejor que descansáramos un rato y le hicimos caso.
Aproveché para conversar con la culona de Gema sobre nuestras vidas, riéndonos de las cosas anecdóticas o graciosas que nos había pasado y entrando así en confianza. No sé como, pero terminamos hablando sobre nuestra actual situación en el amor, diciéndole que yo estaba solo y ella contando que tiene un chico que está muy enamorado de ella igual como ella lo está de él. Luego estuve toda la tarde explicándole los ejercicios que no le salían y no entendía, hasta que anocheció. Terminando de explicarle me despedí y me retiré quedando que todos los martes por la noche, como yo llegaba un poco más temprano del trabajo, subiría al segundo piso para seguir ayudándole con los ejercicios.
Durante días pensaba en ella y estaba más decidido que nunca de querer follarla algún día, especialmente por el culo y que hasta que no lograra cumplir mi sueño seguiría con esto de las clases. Y como la perseverancia tiene sus frutos cierto día logre mi cometido. Después de ir como cinco martes seguidos a su casa a ayudarle con sus ejercicios, el sexto martes se cumplió mí sueño. Todo estaba a mi favor ya que ese martes cuando llegué y subí, ella me abrió la puerta. Se me hizo extraño pues siempre la que me abría era su madre, así que no dudé en preguntarle por ella y me respondió diciendo que había ido a casa de su prima y que su hermana mayor no paraba en todo el día y que llegaba a la madrugada. Yo, excitado por estar los dos solos, le dije que empezáramos con los ejercicios.
Al ir ella delante de mí a buscar sus libros y libretas, veía ese rico culo bien redondo que lucía con unos jeans de esos que llegan a la cadera. Mis ganas crecían, no podía aguantarme más y en ese momento me abrí el cierre del pantalón y sacando mi polla, me la comencé a menear sin importarme que ella me sorprendiera haciéndome la paja. Solo imaginaba, mientras me la pelaba, que me la estaba follando. Yo estaba a punto de vaciarme cuando de pronto oí que ella se acercaba y paré en el acto pero ella, al entrar a la sala, me vio con el cierre abierto y con el calzoncillo sobresalido por mi bulto, que estaba bien grande, pero haciéndose la que no vio nada, prosiguió poniendo las hojas sobre la mesa. En ese instante, cuando se puso de espaldas a mi, con ese culo bien a la vista, colocando las hojas, no dudé en aprovechar el momento para moverme rápidamente y abrazarla por detrás. Haciendo eso, ella se sorprendió al verse abrazada por mí y creí que reaccionaria mal, pero fue todo lo contrario, dando gemidos de placer al sentirse tocada. Dándole besos por el cuello y manoseando sus pechos le dije:
– Te deseo desde hace bastante tiempo, me gustas, me traes loco…

Eso a ella le excito más, contestando que hace tiempo quería que la follaran. En medio de la sala, entre besos y caricias, nos comenzamos a desnudar hasta quedar con la última prenda, ella con una braga morada que le quité, y grande fue mi sorpresa al observar que su coño estaba todo mojado. Realmente estaba muy excitada. Ella, al sentirse totalmente desnuda me pidió a gritos que le chupara su coño depilado, para de paso lubricarse más y recibir mi polla con todo el placer. Yo, agachándome, me dirigí hacia su coño chupándoselo durante varios minutos mientras ella, entre gemidos, me decía que su actual novio nunca le había chupado el coño, es mas ni siquiera le había follado y al poco añadió:
– ¡Ya ha llegado el momento de follarme, ya me siento preparada para el gran recibimiento de tu verga!
Sin esperar más, con ganas de clavar mi polla en su coño me levanté, me quité el calzoncillo y la llevé hasta el sofá diciéndole que ahí lo disfrutaríamos cómodamente y mejor. Sentándome en el mueble se subió encima de mí abriendo las piernas, y de una sentada comenzó a cabalgar como una loca. Yo sentía como mi verga penetraba su lubricado coño, mientras ella me decía:
– ¡Aaah… aaah… así, bien fuerte… quiero toda tu leche para mi!
A los pocos minutos eyaculé dentro del coño de Gema y de inmediato sentí como ella también se corría. Era única esta sensación, los dos habíamos llegado al punto máximo del placer. De inmediato nos recuperamos y continuamos follando, combinando nuestros sudores, lo que contribuyó a que nos corriéramos dos veces más. Sentada y agitándose encima de mí, Gema me dijo que se sentía llena de nuestros jugos pero que quería seguir follando. Luego cambiando de posición y nos levantamos chorreándole bastantes jugos del coño. Hice que ahora fuera ella quien se sentara en el borde del sofá abriendo y levantando sus piernas a la vez que yo me pegaba a ella, follándola nuevamente por delante. Después de un rato, sacando mi polla de su coño para no llenárselo más, me corrí, salpicando su ombligo y pecho, y manchando el mueble mientras ella conseguía dos orgasmos seguidos.
Sentados desnudos en el sofá, bañados en nuestros sudores y suponiendo que no iba a tardar en llegar su madre, masajeando sus firmes senos, le pregunté que tal le había parecido, contestando que había sido maravilloso. Yo, entonces, tras oír eso, le pregunté si le habían follado por el culo y ella contestó diciendo que nunca, que jamás había tenido una polla por ninguno de sus agujeros y menos en el hueco de su trasero. No dejando pasar la oportunidad de ser también el primero en rompérselo, le propuse la idea de dejarse follar por el culo, ella riéndose me dijo:
– ¡Si follando por el coño contigo me gustó muchísimo, imagínate las ganas que tengo de que me lo introduzcas por detrás!

Otra vez mi polla se enderezó al escuchar de sus labios decir que ahora quería que se lo metiese por detrás pero mirando el reloj de la sala, vi la hora que era sabiendo que pronto llegaría su madre y que nos podría encontrar en tal situación pero, tras pensarlo unos segundos, no me importó por lo que, dejando de masajearle los pechos, me levanté y le dije que ahora mismo le rompería el culo, que me aseguraría en ser el primero en hacerlo, que sin ello no me iría, pero ella contestó diciendo que era tarde, pero esa situación de que nos pudiera encontrar su madre le parecía muy excitante y acabó aceptando.
Seguidamente se levantó y se puso a cuatro patas y yo, al verla en esa posición con ese culo virgen esperando que le metiera mi polla, me acerqué a ella abriéndole más las piernas y le dije que le iba hacer llorar por lo que se lo metería lentamente, ella contestó:
– Hazlo como mejor te parezca, pero llénamelo con tu leche caliente.
En fin, haciendo caso a su pedido, se lo empecé a meter poco a poco, dando ella unos gritos como si la mataran pero pidiéndome que siguiera, que no parara en metérselo todo. Penetrándoselo por completo, ella no paraba de gemir y decir:
– ¡Sigue… sigue… lo haces muy bien… oooh… aaah… ya me corro… sí, sí, no pares…!.
Nos corrimos paralelamente y el hueco de su culo quedó lleno de mis jugos. Tirados quedamos en el suelo, cuando de repente se me ocurrió ver la hora. Eran casi las 9 de la noche y su madre ya estaba por llegar, rápidamente nos levantamos, nos fuimos a duchar los dos juntos y dentro del baño, en la ducha, Gema me hizo una mamada que nunca olvidaré.
Al salir del baño, limpios y ella cambiada nos dirigimos a la sala y en vez de empezar con los ejercicios, tuvimos que limpiar todo lo manchado que habíamos dejado, de sus corridas y mis salpicaduras de leche en el sofá y en el suelo. Cuando estábamos acabando de dejar limpio todo, oímos la puerta. Era su madre que había entrado. Al ver que estábamos limpiando el suelo, me saludó y nos preguntó qué habíamos derramado. Gema le contestó que me había invitado una limonada helada y que bebiendo sentados en el sofá, por lo helada que estaba, goteó en el suelo. Creyendo lo que dijo su hija, su madre se retiró a su cuarto. Pasado el peligro, Gema me dijo que le había pasado muy bien y yo le contesté que era debido a que entre los dos había muy buena química y que si ella dejaba al cornudo de su novio y estuviera conmigo, aprendería muchas cosas y ella, sonriendo, me dijo que lo pensaría.

Antes de irme a mi apartamento, la invité al cine y no os podéis imaginare imaginar lo que sucedió después de la función… pero eso ya os lo contaré en otra carta.
Saludos y hasta otra.

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