Relato erótico

Conversación indiscreta

Charo
14 de noviembre del 2017

Estaba comiendo en un restaurante y de pronto le llamó la atención la conversación que mantenían dos mujeres de una mesa de al lado. No quería escuchar, pero no pudo evitarlo y acabo cachondo perdido.

Vicente – Huelva
Querida Charo, quiero contaros a ti y a todos tus lectores algo que me ocurrió recientemente. Me encontraba almorzando solo, en un concurrido restaurante. Por casualidad mi mesa quedó, justo al lado de un par de mujeres, una bastante más joven que la otra, pero ambas de muy buen ver. Nos encontrábamos separados por un delgado tabique de madera decorado. Al principio no les prestaba atención, hasta que oí a una de ellas, la más joven, decirle a la otra, más o menos lo siguiente.
“- ¡Es que no sé con cual de los dos quedarme!
No sé, pero quizás la manera en que lo dijo fue lo que hizo que le pusiera una mayor atención a su conversación la que, en términos generales siguió así. “La verdad es que me estoy volviendo loca, por una parte está Miguel, que es un desgraciado mentiroso, mujeriego, borrachín, pero que me hace sentir toda una mujer en la cama cada vez que nos vemos.
Por otra parte está Carlos mi marido, no creo que haya mejor marido ni padre en el mundo que él, excepto por un detalle. Es todo un desastre en la cama, no ha terminado de metérmela, cuando ya se ha corrido. El pobre, desde que nos casamos ha tratado de hacer todo lo posible por aguantarse un poco, pero apenas me lo comienza a introducir, se corre. “
Por lo visto, le dijo la otra mujer, ya te encuentras en aguas profundas, así que no te voy a venir con el cuento de que dedícate a tu marido, que el pobre de seguro esta pasando por un mal momento, no, está bien claro que lo que tienes con Miguel es algo diferente, que no es amor, es solo satisfacción. Satisfacción que no te da Carlos. Así que lo mejor que puedes hacer es seguir acostándote con Miguel, hasta que te canses de él o que él se canse de ti. Que, por lo que me has dicho, eso es lo más probable que pase, pero por el momento sigue disfrutándolo. De paso, cuéntame cómo conociste a esa joya de amante.
Por un corto momento la más joven no dijo palabra alguna hasta que, me imagino que después de tomar un poco de agua, continuó hablando.
“A Miguel lo conocí por accidente, realmente no tenemos nada en común. Ese día, como de costumbre, Carlos trató de hacer el amor conmigo pero, también como de costumbre, se corrió en un abrir y cerrar de ojos por lo que me quedé, cabreada con él, y tremendamente frustrada.
Caminando hacia mi trabajo, me decía a mi misma que al primer macho que me lo pidiera me lo follaría. Fue cuando tuve una avería en mi coche.

Llamé por teléfono a mi marido para que me viniera a auxiliar, pero según me dijo se encontraba en una importante reunión de negocios, aunque me indicó que llamase a una grúa, que le dijera al chofer que llevase el coche al taller y que cogiese un taxi para llevarme a mi trabajo.
Colgó, seguía cabreada con él. De pronto apareció la grúa que yo había llamado. Su chofer era alto moreno, con el cabello alborotado, corpulento.
En fin todo un monstruo. Además desde que me vio comenzó a comerme con los ojos. Hablamos poco y, apenas enganchó el coche, me indicó que subiera a su lado.
Cuando lo hacía pude sentir su mirada sobre mis nalgas y cuando me giré a mirarlo, el muy cabrón ni siquiera disimuló y aunque me sentí algo incómoda, no te voy ha negar que en el fondo me agradó mucho.
Durante parte del camino, él, no hacía otra cosa que mirarme las piernas y fue cuando se me ocurrió coquetear un poco. Mi intención era calentarlo un poco y luego cortarlo fríamente, por lo que dejé que la falda se me subiera un poco, lo suficiente como para que me viera los muslos y quien sabe, quizás parte de mis bragas, mientras que yo, como estaba aún bastante molesta con Carlos, mentalmente incluso me imaginé las cosas que podría hacerme el bruto ese sí lo dejaba.
Ya nos encontrábamos cerca del taller, cuando Miguel sin decirme nada, detuvo la grúa y me saltó encima. Me cogió completamente desprevenida. Me tomó entre sus fuertes brazos y con fuerza y rapidez comenzó a besarme como un loco. La verdad es que al principio lo quise rechazar con todas mis fuerzas, incluso traté de ponerme a gritar. Pero con su lengua dentro de mi boca, me era imposible. Una de sus gruesas manos se metió rápidamente bajo mi falda y cuando sentí sus gruesos dedos hurgándome el coño de manera tan brutal, no sé que me pasó, pero dejé de luchar y de inmediato abrí mis piernas y me quitó las bragas de un tirón. De manera bastante bruta me separó las piernas más aún y fue cuando vi su enorme tranca que se dirigía hacia mi coño, cuando supe que no iba a resistirme.
En esos momentos yo fui la más sorprendida, no podía creerme como estaba actuando. A medida que Miguel metía y sacaba su polla de mi coño, comencé a moverme bajo su peso disfrutando todas y cada una de sus fuertes y largas embestidas. Fue la primera vez en mucho tiempo que alcancé un satisfactorio orgasmo, sin que tuviera que provocármelo yo con mis dedos.
Por un buen rato Miguel me estuvo follando dentro de la cabina de su grúa. En un momento determinado me la sacó y casi grito pidiéndole que me la dejase dentro, pero de la misma manera en que se me tiró encima me dio la vuelta y sin perder tiempo me la volvió a clavar por el coño mientras que con una de sus grandes manos me apretaba el clítoris hasta que nuevamente volví a alcanzar otro estupendo orgasmo.

Al poco rato, Miguel se corrió dentro de mí y yo me quedé exhausta, cansada y sudada como una perra, acostada en la posición que él me había dejado, hasta que después de rato, me dio una fuerte nalgada diciéndome:
– Levántate, que ya estamos llegando.
De inmediato puso en marcha la grúa y continuó conduciendo como si nada. Yo apenas tuve tiempo de arreglarme, auque no pude encontrar mis bragas. Después de dejar mi coche en el taller, se me acercó y me entregó la factura. Tras pagarle, me dio una tarjeta con su número de teléfono, y me dijo que cuando quisiera que él me remolcase que simplemente lo llamase. Se marchó como si nada hubiese pasado entre nosotros dos. Ese día no fui a trabajar, al llegar a casa me di una ducha y mientras me lavaba, comencé a acordarme de todo lo que había pasado entre ese bruto y yo por lo que, de manera inconsciente mientras me enjabonaba el coño, me comencé a acariciar y nuevamente alcancé otro divino orgasmo, pero no como los que tengo cuando Carlos me deja mirando el techo de nuestro cuarto.
Luego me puse a pensar en lo que había hecho. Había engañado a mi marido, le había sido infiel con un perfecto extraño. El resto del día estuve debatiéndome en si se lo decía o no, pero finalmente no se lo dije y me juré a mi misma que eso no me volvería a suceder.
Por la noche Carlos llegó bastante agotado y cuando me estaba contando como le había ido en la reunión de negocios, se quedó dormido. Por la mañana, como casi siempre, trató de hacerme el amor, pero como al igual que el resto de las veces anteriores, sencillamente me dejó el coño lleno de su leche mientras que yo me quedaba mirando el techo. Pero ya no me lo pensé y después de que Carlos se fue al trabajo, llamé a Miguel el cual, en menos de media hora llegaba a mi casa. Yo terminaba de darme un buen baño y de asearme cuando lo oí llegar conduciendo una ruidosa motocicleta.
Nada más entrar, se me tiró encima y sin contemplación alguna me arrancó la toalla en la que me envolví para abrirle la puerta. Yo pensaba decirle algunas cosas, como que no pensara mal de mí, que yo amaba a mi marido pero que el pobre no me satisfacía, pero la verdad es que ni me dio tiempo a decirle nada. Me tiró sobre el sofá y de inmediato me separó las piernas y de manera inusitada, mientras yo comenzaba a protestar, comenzó a meter su lengua dentro de mi coño. Apenas la sentí, te juro que me quedé callada y todas las cosas que pensaba decirle se me olvidaron. Miguel me estaba haciendo algo que jamás Carlos creo que se le había ocurrido pensar. Por un largo rato me estuvo haciendo la mujer más feliz del mundo con su salvaje lengua, hasta que nuevamente me hizo disfrutar de otro estupendo orgasmo.

Después de eso se incorporó y con toda calma se desnudó completamente en medio de la sala, como que no le importaba si había o no otras personas en la casa. Yo aún me encontraba con las piernas bien abiertas, acostada en el sofá, cuando me tomó por los tobillos, me levantó las piernas y las colocó sobre sus hombros. Después dirigió su polla directamente a mi coño que comenzó a penetrar de inmediato.
A medida que él metía su polla y la sacaba de mi coño yo comencé a mover todo mi cuerpo, mientras con sus dedos me apretaba el clítoris. Fue la primera vez en mi vida que pedí que me follaran más y más. Entonces Miguel me preguntó si me gustaba y yo le respondí como una loca, que sí. En esa segunda ocasión nuevamente me hizo sentir toda una mujer deseada.
Después de eso, sus visitas o nuestros encuentros eran casi a diario, por lo general en mi propia cama cuando nos daba tiempo, sino lo hacíamos en cualquier parte de la casa, en las escaleras, el comedor y hasta en la cocina. Fue precisamente en la cocina cuando me dio por el culo por primera vez. Mientras me besaba me fue llevando a la cocina, donde por un corto momento dejó de besarme, abrió la nevera, sacó la margarina, se embadurnó los dedos con ella, y sobre la mesa de la cocina me recostó boca abajo. Cuando comencé a sentir sus dedos tocándome el hueco del culo, me asusté y comencé a protestar y decirle que no, pero a los pocos segundos me estaba metiendo su rabo por el ano. Me dolió bastante pero no dejaba de meter y sacar su polla de mi cuerpo y al poco rato cuando mi culo se adaptó, fue cuando lo comencé a disfrutar.
– Mueve ese culo zorra, ya sabía que te iba a gustar que te diera por el culo. -me iba susurrando al oído-
Me he convertido en una adicta a su sexo y hace lo que quiere conmigo.” Después de eso, la joven se quedó callada, en silencio. La otra mujer no decía nada cuando oí la voz de un hombre saludando a las dos mujeres. El recién llegado resultó ser el pobre Carlos, el marido de la que le había estado contando todo lo sucedido a su amiga. Después del saludo le oí decir:
– Amor, estoy algo molesto con la empresa, incluso tengo ganas de irme de allí.
Cuando la joven escuchó eso le preguntó la razón y el tal Carlos le respondió:
– Es que me mandan por un tiempo indefinido, para que me encargue de la sucursal que tenemos en Sevilla, ya que como su gerente falleció, necesitan que se reorganice todo. Eso significa que aunque te lleve a ti y a las niñas conmigo, no podré descansar ni los fines de semana, ya que hay un desorden tal que es necesario que organice todo y tú sabes como soy yo, no me agrada dejar las cosas pendientes.

Pero parece que no has pensado – le respondió de inmediato la joven – en tus hijas ni en mi, yo no las puedo sacar del colegio así, perderían el año, mientras que yo por mi parte también tengo un empleo, es verdad que es algo parcial, pero no me agradaría dejarlo así. Pero por otra parte, me parece que el banco te debe tener en muy alta estima para darte un encargo como ese.
– Hay amor -dijo el pobre Carlos de inmediato, todo avergonzado- como de costumbre tienes toda la razón, voy a decirle al jefe que acepto, pero que conste que lo hago por ti y las niñas.
De inmediato, tras darle un beso a su mujer, se retiró despidiéndose de la otra mujer también la cual, al marcharse Carlos, le preguntó a la joven:
– ¿Pero no te preocupa que te sea infiel estando allá?.
– Ojalá encuentre una que soporte lo que yo he tenido que soportar en la cama con él, tú no sabes lo que es quedarse viendo el techo después de que eyacula en cosa de segundos. El pobre jura que es todo un semental, pero la verdad es que me va hacer un gran favor.
– Veo que has tomado una sabía decisión – le comentó la amiga mientras se marchaban.
Esta “indiscreción”, consiguió ponerme cachondo, y pensé que a lo mejor, tenia la suerte de encontrarme algún día con la chica casada e insatisfecha.
Hasta otra. Saludos para todos.

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