Relato erótico

Cuando menos te lo esperas

Charo
12 de marzo del 2018

Tiene novia, una chica alemana que es una belleza. Aquel día fue a buscarla a la oficina, para ir a cenar juntos, y lo que se encontró lo dejó alucinado.

Luís – SEVILLA
Debo decir, amiga Charo, que escribo el presente relato porque mientras escribo, pienso en ello, y ciertamente pensar en ello, me excita. Tengo 33 años, vivo en Sevilla y deseo hablaros de mi novia. Ella es alemana y la conocí por casualidad hace algún tiempo en un control de pasaportes de un aeropuerto. Los dos estábamos haciendo cola y en plena espera, de repente se me fueron los ojos, me los secuestró sin más, y no lo digo para presumir, pero es que Gabriele es una mujer de bandera y ese día, simple y llanamente iba vestida de forma despampanante y muy extremada, por otro lado, como casi siempre.
No quería en este relato hablaros de como nos conocimos, solo apuntaros, a modo de idea, que imagen se grabó, ese día, en mi cabeza. Primero vi unas piernas preciosas, se veían adornadas por unos zapatos descubiertos de tacón de aguja, esas piernas sin más, eran ya sublimes por si solas, pero como no, mi mirada empezó a devorar el resto de su cuerpo. Ella estaba un poco más adelantada, vestía un vestido blanco de una sola pieza, falda por encima de las rodillas, desde atrás se adivinaba un tanga y un culo redondo, prieto, y no excesivamente grande, y como su espalda no permitía adivinar si llevaba sujetador o no, me adelanté un poco, quería ver su cara, pero antes de poder ver sus bonitos ojos, advertí que no llevaba sujetador, y supe esto, porque de forma muy ostentosa, se le marcaban claramente sus grandes pechos y aún más unos llamativos pezones, aureola incluida, en su más que ajustado, vestido blanco. Es rubia, 28 años, de cabello lacio, con ojos azules, muy bonita.
El objeto de mi historia es contaros lo que viví hace un par de semanas y que, por raro que os pueda parecer, me excita sobremanera.
Gabriele trabaja como secretaria de dirección para una importante consultora de Sevilla. Ahora vivimos juntos, y por norma general su horario es bastante más amplio que el mío, lo cual, sinceramente, me viene bien, porque soy muy independiente y aprovecho ese tiempo para hacer mis cosas, pero ese día en concreto, ya a una hora avanzada, serian las nueve, pasé por su oficina para ver si le quedaba mucho y poder irnos a cenar algo.
Se abrieron las puertas del ascensor que dan acceso directo al elegante mostrador de recepción de las oficinas. La recepcionista de la entrada me comentó que ella se iba ya y que quedaba muy poca gente en la oficina, que pasará yo mismo a buscar a Gabriele. Así lo hice. Caminando por los pasillos, veía los despachos ya vacíos con las luces apagadas, incluso los pasillos estaban únicamente alumbrados por las luces de emergencia. Llegué a la mesa de Gabriele, y me extrañó ver que ella no estaba.
Normalmente, si sale pronto del trabajo, me llama. Iba ya a abandonar la oficina, pero vi luz en el despacho de su jefe y pensé, que estaría reunida con él. No llamé a la puerta, decidí esperar, porque a ella no le podía quedar mucho y me senté en su sitio.

Pero tardaba, me acerqué para llamar a la puerta pero me detuve, me detuve porque oí a alguien gemir. No recuerdo exactamente qué pensamientos cruzaron en ese momento por mi cabeza, pero si recuerdo que el instinto que se me despertó fue el de querer escuchar y ver más. El silencio en el despacho era absoluto, aquello estaba desierto. Así es que sin ningún pudor pegué mi oreja a la puerta.
– ¡Sigue, Gabriele sigue… uuumm… qué bueno!
Era la voz, los gemidos, del jefe de mi novia. Rápidamente se dibujó en mi mente una imagen de lo que allí dentro estaba sucediendo, cosa que no era muy difícil. ¡Otro hombre se estaba follando a mi novia! Y no me preguntéis porque, pero me empalmé, se me puso tiesa como nunca. Seguí un rato escuchando jadeos, gemidos, solo de él hasta que mi propia excitación me llevó a actuar y busqué algún modo de poder espiar lo que ahí dentro estaba sucediendo. Tardé pocos segundos en encontrar en una pared lateral del despacho, un respiradero de rejilla, que adoptando una posición un tanto incómoda, pegado a ras de suelo, me permitió contemplar el espectáculo.
Me quedé ahí espiando, boquiabierto, viendo como Gabriele estaba de rodillas, enfrente de su señor jefe y ella movía la cabeza rítmicamente pues le estaba haciendo una soberana mamada al jefe. Él es un hombre, de unos 65 años, la verdad bastante gordinflón, con gafas, un poco calvo, casado y creo que con una hija algo más joven que Gabriele. El tío tenía la mirada perdida, los ojos casi en blanco, bragueta abierta, camisa por fuera y no paraba de gemir ruidosamente. Esporádicamente se escuchaba el sonido de succión, los lametones que los labios de ella producían en su verga y en sus huevos. Así tuve que contemplar como él sujetaba con ambas manos la cabeza de Gabriele y le follaba la boca violentamente, mientras jadeaba, gemía, casi gritaba, sin parar, además, debo añadir que Gabriele también parecía estar disfrutando con aquella mamada, o al menos estaba siendo, muy, muy eficiente.
Me sorprendí a mí mismo, con la bragueta bajada, masturbándome, gozando con el espectáculo, cuando lo normal hubiera sido entrar en el despacho y liar una buena bronca. Pero allí estaba yo, disfrutando, viendo como otro hombre se jodía a Gabriele, mi novia. Mi ubicación era privilegiada se veía y escuchaba perfectamente todo lo que ocurría.
– ¿Le gusta jefe?
– ¡Oh Gabriele, sí, cada día lo haces mejor, eres una auténtica maestra de la mamada!
– Me encanta ser su secretaria para todo – le dijo ella.
-Pues así, sí, que gusto, sigue chupona, sigue…
¡La estaba llamando chupona! Y Gabriele decía que sí con la cabeza, sin parar de comerle la polla. Lo hacía todo por un aumento, siempre había sido un poco golfa pero ahora estaba actuando como una auténtica zorra y ¡me gustaba!

– Si me dejas follarte, tendrás un suplemento a final de mes – le dijo de pronto su jefe.
– No sé -dudó ella.
– Venga Gabriele, no me seas protestona, sé que te encantará.
Sin más la puso a cuatro patas sobre la alfombra del despacho, le levantó la falda hasta la cintura, le quitó rápidamente las bragas, aunque casi se las arrancó, y apuntó su verga, ya muy húmeda y erecta por la mamada, hacía su coño y la embistió. Aquello entró rápidamente pues Gabriele debía estar muy excitada y en el acto gimió muy fuerte exclamando:
– ! No pare… me encanta… siga por favor… fólleme fuerte!
– ¡Eres la secretaria mas golfa que he tenido jamás y me encanta joderte! – le contestó él.
– ¡Aaah… aaah… siga por favor, no pare!
Las manos de él no estaban quietas y sin parar de embestir violentamente su coño, le desabrochó la blusa, sacándole las gordas tetas fuera del sujetador y empezó a sobárselas con frenesí mientras se la follaba desesperado.
Yo me quedé mirando como un gordito sesentón se montaba a mi novia, mientras ella, a cuatro patas, estaba como loca y disfrutaba un montón. Escuché sus gemidos, sus jadeos largo rato, escuché sus orgasmos, y yo… yo también me corrí.

Besos y hasta otra.

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