Relato erótico

Deseo un buen rabo

Charo
11 de enero del 2017

Su marido la tiene pequeña pero durante muchos años se ha conformado y el sexo ha funcionado pero, últimamente, se ha obsesionado con probar un buen pollón.

Sara – La Rioja
Esta historia es la historia de mi marido y mía, es una historia real. Yo era una chica bastante normal, me refiero a mi comportamiento sexual. Había tenido novios, pero se podía decir que era una chica muy cortada, no me gustaba que me metieran mano ni nada de eso, no niego que me encantaban con los besos, pero de eso a llegar a algo más nunca.
Sin embargo, cuando conocí al que hoy es mi marido las cosas comenzaron a cambiar, no fue algo drástico, más bien muy gradual, porque como ya he dicho era muy tímida.
Mi marido también fue avanzando poco a poco, al principio comenzó con pequeños juegos, primero me trajo fotos de chicos que encontraba en Internet, semidesnudos, después escenas de sexo abiertas con hombres desnudos de grandes pollas, y allí comenzó mi confusión. Yo amo a mi marido, pero me excitaba sobremanera ver a estos tipos con esas cosas enormes entre sus piernas, me daba una comezón inexplicable entre las mías, incluso me humedecía y él se excitaba mucho. Total que el primer acercamiento real que tuve con un tipo de esas dimensiones de polla, fue en mi despedida de soltera.
Mis amigas me organizaron una reunión en un hotel y después de varias copas y bromas, llamaron a la puerta y entró un hombre que, a primera vista, no era nada espectacular, pero cuando comenzó su show y quedó vestido solo con un pequeño tanga pude ver qué era lo que realmente valía de ese tipo. Bailaba y se me pegaba por todas partes, yo sentía un bulto grande, muy grande, mis amigas gritaban todas emocionadas y yo también estaba verdaderamente excitada. El siguió bailando, mis compañeras se lo tocaban todo y yo me resistía, pero realmente estaba caliente, así que al final mis amigas me empujaron a quitarle el tanga y cuando lo hice realmente fue increíble pues apareció una polla enorme, al menos para mí, grueso y velludo, realmente me excité y mi raja se humedeció toda.
Mis amigas se volvieron locas y comenzaron a bailar con él y finalmente, como yo era la festejada, tuve el derecho de hacer con él lo que quisiera, pero como ya he dicho anteriormente, mi forma de ser me impidió llegar más lejos y lo que sí hice fue agarrarle aquel grueso tronco y masajearlo un poco, luego él me puso de pie, me levantó el vestido y como llevaba solo un tanga muy pequeño, colocó su polla entre mis nalgas, lo cual me puso a mil, pero el recuerdo de mi prometido me hizo detenerme
Otras amigas no se conformaron y terminaron mamándosela entre tres y disfrutando como locas hasta que el tipo se corrió. Realmente fue un espectáculo muy cachondo, y después de eso el hombre se fue y nosotras seguimos nuestra diversión.

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Llegó nuestra boda y las calenturas siguieron, comenzamos a tener fantasías de hacer un trío, pero siempre fueron eso, fantasías. Se me había olvidado decir que somos una pareja de Logroño, llevamos tres años de casados y nos va muy bien. Mi marido es alto, algo llenito, agradable y con un pene no muy grande, más bien normal. Yo soy morena, cabello negro, de senos grandes, con un muy buen trasero, él dice que tengo unas nalgas muy apetecibles, y soy muy atractiva. En fin, decía que teníamos nuestras fantasías, pero nunca las realizábamos, hasta que comenzamos a intentarlo.
Ocurrió en un bus cuando mi marido dejó que un hombre se situara detrás de mí y empezara a apretarse mucho a mi espalda, yo quise apartarlo pero mi marido me hizo señas de que siguiera, lo cual no me costó mucho trabajo, pues el hombre se atrevía cada vez a más y yo me dejaba también cada vez más. Pronto él metió su mano y me comenzó a presionar mi culo, y yo pasé mi mano hacia atrás y le palpé la polla, que realmente era un tronco, se la acaricié un poco y él me agarró con más ganas, hasta que de repente comenzó a gemir y se corrió. Fue tanta su corrida que incluso pasó la humedad hasta mi vestido. Unas calles después nos bajamos del bus, estábamos tan calientes que nos metimos en un hotel y follamos como locos, aunque la verdad cuando sentí la cosa de mi marido no se comparaba con el tronco que, apenas unos minutos antes, había tenido entre las nalgas. Solo de recordarlo me corrí como tres veces.
Así siguieron nuestros juegos, hasta que un día en una fiesta que tuvimos en casa, ya entrada la noche y al calor de las copas, espié a uno de sus amigos cuando fue al baño y pude ver que tenía un “señor rabo”. Eso me calentó mucho y al día siguiente, cuando se lo conté a mi marido, primero se mosqueo, pero después le entró la calentura y nos pusimos a planear una fiesta en donde sus amigos pudieran verme a mí muy bien, y así fue. Al siguiente fin de semana organizamos una fiesta en donde supuestamente se me pasaron las copas y mi marido subió a dejarme en la habitación, allí me desnudé y me acosté boca abajo quedando solamente con un tanga amarillo, de esos que no tapan nada, pero dejé la puerta abierta, por lo que cuando alguien subiera al baño podría perfectamente verme acostada en mi cama y ver mis enormes nalgas.
Los cuatro amigos que estaban allí subieron y me vieron. Yo me daba cuenta por el espejo como se me quedaban mirando, primero nerviosos, después más atrevidos, hasta que subían cada minuto y finalmente coincidieron dos de ellos arriba y se acercaron, me movieron y al ver que no despertaba, me comenzaron a tocar las nalgas e incluso uno de ellos me las comenzó a oler y después a besar. Yo solo me movía un poco y cuando hice como que iba a despertar se bajaron de inmediato.

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Realmente fue muy agradable y cachondo. Luego mi marido me folló como loco esa noche una vez que se habían ido sus amigos.
Ahora nuestra calentura nos ha llevado a meternos en Internet y buscar nuevas emociones, hemos intercambiado experiencias, hemos estado en chats muy calientes, hemos intercambiado algunas fotos, y hemos tratado de contactar personas para un trío, y no han faltado candidatos, pero mi marido tiene miedo, se siente inseguro, la idea le calienta mucho, pero no se anima, al final afloran sus celos, su inseguridad, tal vez por el tamaño de su polla, porque yo quiero a hombres muy bien dotados, eso me encanta, aunque yo también tengo mis miedos. ¿Qué tal si una vez que pruebe realmente estos cipotes ya no me satisface mi marido? No lo sé, pero es algo que realmente quiero hacer, quiero hacerlo con dos o más al mismo tiempo y que mi marido este allí, pero no sé cómo convencerlo, el está muy inseguro.
Lo último que hicimos fue una sesión con un stripper, de esos que se desnudan y él mismo me lo escogió. Era un tipo alto, moreno claro, buen cuerpo, unas nalgas hermosas, muy velludo, porque eso me encanta, y un “colgajo” de 23 cm., realmente hermoso. Habíamos acordado desde un principio que lo más que me daba de permiso mi marido fue que llegara a mamárselo, así que así fue. El tipo llego a nuestra casa y comenzó el show, ya nos habíamos tomado unas copas y todo fue muy divertido y cachondo, el iba vestido de indio, y bailaba muy bien, yo llevaba un vestido azul corto y de tela muy ligera, sin sujetador y al rato, el hombre ya completamente desnudo, se la mamé hasta que se corrió y me llenó de leche.

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Después de eso seguimos tomando unas copas y finalmente él se fue, porque tenía otro trabajo, pero mi marido y yo follamos toda la noche, pero yo estuve extrañando aquel palo enorme. Ahora realmente me he vuelto una golosa, todo el tiempo estoy pensando en pollas, salgo a la calle y miro a los hombres, miro su bulto, trato de adivinar como la tendrán, cómo lo harán, en fin, pero mi marido no se anima, no sé qué hacer, estoy muy confundida, amo a mi marido y también sé que puedo vivir con él sin buscar más, pero mi deseo es muy grande, y mi atracción por las pollas enormes más.
Besos, y hasta otra.

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