Relato erótico

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En sueños … fue mia

Charo
19 de junio del 2017

Estaban celebrando el cumpleaños de su mejor amiga cuando vio que subía hacia su habitación. La siguió, iba pasada de copas y vio como se tumbaba en la cama y quedaba profundamente dormida. Estaba admirando su cuerpo y no pudo resistir la tentación.

Julio – BARCELONA
Subí las escaleras, rápida, pero sigilosamente. Pensé que ella tendría algún problema pues la vi subir con gran dificultad. Mi amiga Clara había bebido demasiado. Mientras, abajo, su fiesta de cumpleaños número 22 proseguía sin notar su ausencia.
Alcancé a ver a Clara entrando a su cuarto. Ella había sido mi amiga desde la escuela primaria y fuimos confidentes sin pudores, pero nunca novios. Por una u otra cosa nunca se dio la oportunidad. Su cara era bonita “a secas”, su cabello lacio, largo y sedoso, y con un cuerpo de súper “10”. Bajita ella, con unos senos redondos y abundantes, 95, como ella me confesara alguna vez. Una cintura estrecha, caderas anchas y nalgas bien rellenas y salidas. A causa de nuestra cercanía y confianza hubo mucho contacto físico hasta el punto en el que nos volvimos relativamente “inmunes” el uno al otro. Permitió esto, aún más confianza y que nos contáramos nuestras precoces aventuras sexuales.
Al verla entrar a su habitación creí que iría directa al baño interior, a vomitar, así que la seguí para sostenerle el cabello y arroparla en su cama, como hice en alguna otra ocasión. Al entrar me di cuenta que ya estaba acostada. Solamente cayó boca abajo en su cama y se durmió. En la penumbra me acerqué para quitarle los zapatos y taparla con una sábana. Pero, al empezar a descalzarla, el diablo intervino y me hizo darle la vuelta para recorrerla con la mirada.
Allí estaba ella, con esos jeans a punto de explotar por sus tremendas nalgas, después su mini cintura marcada por su blusa de licra y más arriba, (tiemblo al escribirlo), sus pechos grandes y tensos. Entre el alcohol y esa visión sucedió lo que nunca esperé. Al verla así sentí que me hervía la sangre, con sus obvias implicaciones para mi polla. Entonces, traicionando toda su confianza, subí mi mano temblorosa hasta su trasero y lo empecé a sobar. Primero, tanteando, explorando, temeroso de que se diera cuenta de mi atrevimiento.

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Pero como ni se movió, empecé a ser más crudo en mis movimientos y le acaricié el interior de los muslos, sobando su “lugar caliente”. Subí y puse las manos en la cintura, luego las deslicé hasta sus pechos. Ella estaba perdidísima en el mundo de Morfeo.
Después acariciarla un buen rato, la giré de nuevo y me atreví a desabrocharle los pantalones. Quitárselos fue de lo más difícil, pues estaban apretadísimos, pero el premio fue ver que no llevaba bragas. Aprecié el delicioso cuadro un momento y proseguí a desnudarla de la parte superior. Fue un poco más fácil quitarle la blusa y desabrocharle el sujetador que tenía el seguro por delante, dejando que sus abundantes tetas se desbordaran hacia cada lado. En este punto ella gimió un poco, obviamente molesta por todo el zarandeo al que la sometí para desnudarla, y se giró de lado.
Me quedé frío, inmóvil. Ella pareció desconectarse por completo, pero pasarían aún un par de minutos antes de que me atreviera a moverme. Con miedo, pero dominado por la calentura y esa figura perfecta, volví a recorrerla con mi mano. De inmediato volvió la erección perdida por el susto y empecé a masturbarme.
Estaba en posición fetal, podía verla toda, sus pechos se aplastaban el uno contra el otro y los sostenía la cama, su trasero aún resaltaba y yo sobándola toda, mientras me ponía tremendamente caliente. Entonces decidí desnudarme por completo, me levanté y lo hice aprovechando para asegurar la puerta. Regresé a la cama y me acosté junto a ella quedando mi erección entre sus nalgas e instintivamente empecé a frotarme contra sus firmes posaderas, mientras con una mano le sobaba sus enormes tetas.
Al rato me retiré un poco, la acosté boca arriba y me puse a horcajadas sobre ella. Cogí su lánguida mano y la enrollé sobre mi miembro al tiempo que la movía para masturbarme. Ya no me importaba nada, a unos cuantos segundos correrme estaba enloquecido por sentir su mano en mi polla. La aceleré y me corrí como nunca. Derramé mi semen en sus tetas, su abdomen y un poco le cayó en el cuello. Todo el cuadro era de lo más excitante. Ella, Clara, mi amiga querida y confidente, desnuda con sus preciosos pechos repletos de mi semen, su mano en mi verga y… de pronto me sentí caer en un abismo

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Regresé a la realidad y una enorme culpa me invadió, corrí al baño por papel y regresé a limpiarla. Mi corazón palpitaba, mi polla colgando flácida entre mis piernas. ¿Cómo demonios la iba a vestir de nuevo? Iba a quedar oliendo raro. Había sido un idiota al hacer esa marranada con ella y… y… y… sus tetas tan suaves al limpiarlos, limpiarlas de mi leche.
Otra vez me estaba encendiendo, pasé de la vergüenza a la extrema lujuria, podía aprovecharme aún más de ella. Mi erección, más dura que nunca con sucios pensamientos en mi mente, allí estaba, dormida, borracha, a mi merced. Empecé a descender besándole el abdomen, el ombligo, el pubis… Sus piernas entreabiertas dejaban ver su rala. Las separé aún más.
Allí estaba su chocho rosado a mi disposición, empecé a lamerlo, mi lengua la recorría insaciable. Ella gimió, no me importó, metí la lengua en su coño y ella gimió más. La excité aún más en sus sueños ebrios, estaba recibiendo placer y lo disfrutaba. Tras un par de minutos acerqué mi polla a su coño, consumido por la lujuria. Pero al apoyarlo sobre la entrada, recuperé un poco de cordura y fui por un condón a mi cartera.
Rápidamente lo desenrollé sobre mi erección de 17cms. y regresé a disfrutar un poco más de su coñito. Luego volví a acercar la verga enfundada y la deslicé fácilmente dentro de ella, poco a poco hasta que mi pelvis se junto con la suya. Gimió más. Tenía ya los ojos entreabiertos y empecé a moverme atrás y adelante lentamente.
Me incliné hacia ella y suavemente la besé, por vez primera, el éxtasis del beso bajó mi lujuria y me dejó ver cuánto la amaba. Ella respondió a mi beso y abrió un poco más los ojos, esos bellos y enormes ojos. Cruzamos miradas. Yo seguía con mis movimientos pélvicos suaves. Se dio cuenta de quién era yo, de lo que pasaba y me besó con ternura al tiempo que sus caderas comenzaron a responderme.

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Nos seguimos besando cogiendo suavemente, haciendo el amor. De pronto ella se sobresaltó. Abrió los ojos por completo y despertó del todo dándome cuenta de lo que ella temía. La tranquilicé al decirle que llevaba un condón puesto. Ella se relajó, empezamos a incrementar nuestro ritmo y comenzó a girar los ojos y así supe que se acercaba al orgasmo, por lo que decidí mantener el ritmo tal cual, aunque yo acabaría pronto. Pero no quería interrumpirla en su camino al clímax.
Se corrió, sus músculos vaginales se contrajeron espasmódicamente y yo proseguí mi bombeo. Ahora, sin preocupación alguna, dedicándome únicamente a correrme, correrme con mi polla dentro de mi mejor amiga, de mi amor. Ocurrió y me corrí esta vez aún con mayor intensidad que la anterior. Ella lo notó y me apretó con sus piernas. Yo me sostuve con mis brazos.
Sus ojos y los míos estaban fijos unos en los otros, los dos respirábamos agitados, mi verga aún dentro de ella, palpitaba, mientras la erección cedía lentamente. Al final me retiré y la abracé. Ahora todo era tierno. Pasó un minuto silencioso, mi polla empezó a recuperar su firmeza y ella lo notó. Pero antes de que el deseo me controlara, decidí poner claras las cosas.
– Tenemos que hablar – dije intentando que sonara serio.
– Sí – respondió y prosiguió – pero… ¿tiene que ser ahora mismo? – al tiempo que levantaba su delicioso trasero en el aire y lo meneaba coquetamente.
– Obviamente, no… respondí.
Besos de ella y saludos míos.

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