Relato erótico

Gratos recuerdos

Charo
12 de febrero del 2018

Nos cuenta una experiencia que vivió en su juventud. Ella, era mayor que él, pero estaba cañón. Dice que no la olvidará nunca.

José – SEVILLA
Amiga Charo, estaba leyendo algunos relatos de la revista, y recordé una de mis primeras experiencias sexuales. Una de mis múltiples profesionales fue el formar parte de un conjunto musical. Éramos universitarios y teníamos 19 años. Raquel fue una de esas personas que llegaron a mi vida y dejó una huella muy profunda en mi. Estaba divorciada y tenia 32 años.
Arreglaba los temas musicales que componíamos y trabajábamos en equipo muchas veces y hasta altas horas de la noche.
Tenía un cuerpo que para mí, en ese momento, me parecía de diosa, ninguna de las chicas del grupo de amigos se podían comparar con ella, de 1,60 de estatura, de complexión delgada, cabello negro hasta los hombros, de cara redonda con bonitos ojos, aunque siempre llevaba gafas, sus pechos eran grandes y bien puestos. Pero lo que resaltaba de ella eran sus piernas y su trasero, siempre llevaba minifalda o vaqueros. Era el centro de atracción de la mayoría de los hombres del grupo, y digo la mayoría porque había dos chavales que decidieron cambiar sus gustos sexuales, y son excelentes amigos míos hasta la fecha.
Un sábado, previo a una noche, en que teníamos audición en el bar de un amigo, estuvimos trabajando como de costumbre hasta tarde, pues el domingo teníamos que ensayar algunas canciones nuevas para el evento. Eran aproximadamente las 21:00 y ya llevábamos tres o cuatro horas trabajando en las canciones.

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Yo estaba con mi guitarra sentado en suelo junto a ella que, de pronto y cansada, se levantó y se sentó en el sillón situado frente a mí. Aquel día llevaba una minifalda negra de lycra que hacía que su hermoso trasero se viese en toda su expresión dejando mostrar sus lindas piernas sin medias, y completaba su vestimenta una blusa roja de algodón y no llevaba sujetador. Yo, la verdad, no podía dejar de mirarla mientras trabajábamos.
Al sentarse, apoyó su cabeza en el respaldo del sillón y cerró los ojos, sus piernas estaban a penas 50 ó 60 centímetros de mi cara y yo creo que relajó su cuerpo pues en un momento en que se quedó dormida, abrió un poco las piernas y pude ver más de lo que había visto hasta ese día, pero de pronto despertó y se me quedó mirando mientras yo estaba perdido viendo más allá de la tela de la falda. Ella puso una mano entre las piernas tapando la visión y al darme cuenta de la situación, me sonrojé y le dije que iba al baño, pero ella, sonriendo, me dijo:
– Tú, me gustas, sé que soy mayor que tú, pero de tanto convivir en el trabajo, me ha hecho sentir un afecto muy especial por ti, además tengo ganas de estar con un hombre, pues hace más de dos años que no tengo relaciones sexuales. ¿Te gustaría ser tú ese hombre…?
Yo estaba alucinado ante lo que oía y más por las caricias que me estaba proporcionando Raquel. Me empezó a besar y solo acerté a responder a esos besos hasta que me hizo sentar en el sillón, apoyó sus piernas flexionadas en los brazos del mismo, y se sentó en las mías poniendo cada una a mis costados. Entonces su falda se subió dejando ver una braga negra, de la cual escapaban algunos pelitos del chocho que me pusieron muy caliente.
Seguimos besándonos y como yo ya empezaba a “despertar”, comencé a acariciar su espalda recorriéndola hasta sus hermosas nalgas, luego acariciaba sus piernas desnudas y así fui metiendo mis manos debajo de la falda, que solo cubría su trasero, para poder tocar su culo sin barreras. Raquel se empezó a mover sobre mi polla haciendo rozar su coño y yo, que estaba que reventaba, le quité la blusa y comencé a besar sus tetas.

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Eran hermosas, de piel blanca y con aureolas rosadas con unos pezones finitos ya erectos de la calentura del momento. Se los besé y los chupé, dándole pequeños mordiscos que la hacían gemir mientras que con sus manos, hacía que mi cabeza no se despegara ni un centímetro de sus hermosos pechos.
Pronto mis manos levantaron totalmente su falda hasta su cintura y fui retirando su braga, dejando sus nalgas al aire, mientras que mi boca seguía trabajando sus tetas. Mis manos acariciaban esas masas de carne que más de una vez fueron protagonistas de mis pajas y que ahora las tenía en mis manos.
A los pocos segundos, ella se levantó, se quedó frente a mí y yo retiré completamente la braga y la falda, que estaba en su cintura, contemplando un cuerpo perfecto. Yo también me levanté y retiré mi camisa mientras ella empezaba a desabrocharme el pantalón. Yo mismo me saqué el calzoncillo y quedamos totalmente desnudos frente a frente, mi polla estaba que reventaba, la tenía erecta como nunca había tenido. Ella me hizo sentar y se arrodilló entre mis piernas por lo que yo pensé que me haría una mamada, pero solo se limitó a pajearme la polla y de vez en cuando a besarla en distintos puntos.
Ante esa caricia yo no aguanté prácticamente nada, mi polla empezó a derramar leche que, poco a poco, resbalaba por la mano de Raquel. Era una visión fenomenal y cuando terminé de correrme, ella empezó a frotarse el cuerpo con mi leche, como si de una crema se tratara y al final chupó sus dedos limpiando los restos que quedaban. De nuevo se volvió a sentar sobre mí rozando su coñito contra mi verga, que no tardó nada en volver a la vida y cuando la tenía de nuevo a punto de caramelo, me dijo:
– Ahora sí, me vas a tener toda para ti.
Se levantó un poco y con su mano me colocó la polla en la entrada del coño y se la fue clavando poco a poco subiendo y bajando cada vez más, hasta que estuvo toda dentro de ella, entonces la levanté y la acosté sin sacársela, en el sillón, hice que doblara sus rodillas y las flexionara y comencé a meterla y sacarla de ese coño que abrazaba cada centímetro de mi verga. Estuve penetrándola un buen rato hasta que ella comenzó a contraer su vientre y respirar más acelerado, su orgasmo venía y venía con fuerza. Yo aceleré mis embestidas mientras con un dedo acariciaba su clítoris dándole aún más placer.

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Su orgasmo llegó con un grito y un apretón de todos los músculos de su cuerpo, pero seguí bombeando dentro de ella dejando que el orgasmo se alargara lo más que se pudiera, poco a poco, hasta que ya, incapaz de soportar tanto placer, también me corrí lanzando toda mi leche en lo más profundo de su coño. Descansamos un rato para recuperarnos, cosa que ocurrió más pronto de lo que yo esperaba gracias a la inesperada mamada de película que me hizo Raquel y cuando la tuve bien tiesa, la hice poner a cuatro patas y se la metí de nuevo por el coño con un placer nuevo para los dos, pues mientras me la follaba le puse un dedo en el culo, jodiéndomela por los dos agujeros a la vez.
Tuvimos algunos encuentros más mientras ella estuvo con el conjunto pero después se fue al pueblo con sus padres, pues había regresado el sinvergüenza de su ex marido y empezó a fastidiarla, por lo que ella prefirió irse con sus padres para evitar algún conflicto mayor.
Aún conservo un recuerdo muy bonito de Raquel y, donde quiera que estés preciosa, recibe un saludo.
Igualmente saludos para todos.

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