Relato erótico

Había química

Charo
12 de Octubre del 2017

Es informático y uno de sus clientes es una cadena de tiendas. En aquella sucursal, la encargada era una chica joven y muy atractiva. Estaba casada pero desde que se miraron, notaron que había química entre ellos.

Miguel – Ciudad Real
Después de mucho pensarlo, amiga Charo, me he decidido a compartir mis experiencias. Me dedico a este maravilloso mundo de la informática y uno de mis clientes es una cadena de tiendas en la cual los encargados en su mayoría son jóvenes. Mi trabajo es instalarles nuevos programas, enseñarles cómo funcionan y voy a controlarlo una vez al mes.
Al principio todos mis compañeros me vieron como una amenaza, debido a que muchos no eran muy honestos en su trabajo, y una de mis funciones era la de supervisar su trabajo. Sin embargo la relación con las mujeres o encargadas era un poco diferente. Yo soy joven y no puedo decir que guapo, pero creo que sí un poco atractivo. Cuando entré a este trabajo era soltero y algunas compañeras se portaban “muy amigables” sin embargo medí el territorio.
Entre ellas hay una que está casada pero muy joven. Tiene un cuerpo muy bonito, sobre todo unas caderas impresionantes sin ser exageradas, sus pechos son pequeños y bien puestos. De hecho se casó muy joven y su vida se volvió monótona. Por las cosas que me cuenta está insatisfecha en su matrimonio debido a que su marido no le hace mucho caso, cosa que no entiendo pues siendo la mujer que es y como está… y constantemente llega tarde a su casa por motivos de trabajo o bien por irse de juerga con los amigos. La confianza que llegué a tener con ella fue mas bien por confidencialidad y porque constantemente me solicitaba consejos, de trabajo y personales.
Todo indicaba que la relación continuaría así y aunque me daba cuenta que se ponía un poco celosa cuando nos reuníamos todos y yo me ponía a hablar, sobre todo con las demás compañeras. A fin de cuentas ambos estamos casados.
Todo cambió en una ocasión en que hablando muy animadamente, la despeiné un poco, ella me hizo cosquillas y me abrazó por la cintura, pero rápidamente, acabamos y continuamos con el trabajo, un poco serios.
Desde ese día se volvieron más frecuentes nuestros jueguecitos, pero nada más. ¿Acaso esto no es normal?
Un día que me puse a ordenar y a desprender las pestañas de las facturas de la venta del día, hice una bolita el papel para tirarlo, pero se me ocurrió echárselo en la espalda, lejos de molestarse me dijo en tono sugestivo que debía sacárselo. Eso, a decir verdad, me puso un poco nervioso y me
excitó.
Mi instinto me indicaba que debía comportarme pero, me arriesgue y le dije en plan chulito, que si estaba segura. Se sonrojó, pero asintió y me dio la espalda para que yo pudiese corregir mi travesura.
Metí la mano y al retirar dicha bolita de papel rocé con los dedos la espalda de mi compañera y sentí como se erizaba su piel y a decir verdad, de momento, estaba satisfecho con mi travesura. Sin embargo ella me dijo:

– ¿Eso es todo lo que te atreves a hacer…?
Obviamente, volví a meter dicha bolita de papel y al retirarla desabroché su sujetador, y dio un pequeño grito de sorpresa, pero se giró hacia mí para abrazarme y decirme que desde que me conoció le había gustado. Acto seguido me plantó un beso no sin antes mirar a no entrara algún cliente o que regresará su ayudante.
Yo también le confesé que me gustaba y seguimos besándonos, hasta que nos dimos cuenta que llegaba su ayudante.
Al día siguiente terminé mi trabajo en aquella sucursal, me despedí de ellos y a partir de ese momento los visitaría para ver cómo funcionaba todo.
Cuando iba a aquella sucursal, hacía coincidir mis visitas poco antes de la hora de la comida de su ayudante para quedar a solas con ella durante ese tiempo y aunque entraban algunos clientes nos conformábamos con eso, hasta que las cosas empezaron a subir de tono y un día me decidí a ver hasta donde podría llegar esto y se lo pregunté directamente. Ella me dijo que no sabía qué contestar, pero que le agradaba esa relación.
Obviamente era complicada la situación pero el hecho de acariciarnos nos excitaba.
Más adelante iba a visitarla cuando cerraban el negocio, su ayudante se iba y cerrábamos la tienda. Eso facilitaba las cosas. A decir verdad solo esperábamos a que se fuera el ayudante para lanzarnos uno sobre el otro y empezar nuestro escarceo amoroso. Al principio terminaba muy excitado debido a que no me permitía llegar más allá del manoseo.
Hace poco tuvo un bebé y durante el periodo de embarazo traté de alejarme, incluso evitaba visitarla porque me desconcertó mucho esa situación. Al volver no tardó en reclamar mi ausencia e indiferencia y decirme que había tenido que seducir a su marido debido a que también ella terminaba excitadísima en nuestras sesiones y que ese bebé, había sido consecuencia de lo que yo empezaba. Las cosas volvieron a la normalidad después de algunos meses y también volvimos a lo nuestro, a diferencia de que no volvería a dejarla ir igual de caliente como antes, para evitar otro embarazo.
Un día, previo al inventario de fin de año, me puse a revisar sus existencias y a verificar algunas cosas pendientes y aunque realmente yo llevaba prisa y no tenía la intención de quedarme, me pidió que le diera un consejo y accedí.
Realmente la petición no era para aconsejarla de nada, cosa que ella confeso al quedarnos a solas. Ese día llevaba un pantalón y estaba “buenísima”.

Ella me miraba con ojos extraños, se me acercó, la cogí por la cintura y me besó, bajé las manos y empecé a sobarle las nalgas, que son lo que más gusta de ella, la estiré y empecé a desabrocharle el pantalón y para mi deleite, no opuso resistencia y empecé a sobarle el coño, primero por encima del tanga y después lo hice a un lado, cosa que la volvió loca y entre gemidos y jadeo apenas podía decir mi nombre y me pedía más.
Sin decir palabra, de lo excitada que estaba, extendió su mano hasta mi paquete, que estaba a punto de reventar y empezó a sobármelo hasta que me excitó todavía más, luego me bajó la cremallera, me sacó la polla, empezando a acariciarla divinamente y después se lo llevó a la boca para hacerme una de las mamadas más buenas de mi mida.
La levanté, cuando sentí que estaba a punto de eyacular para tranquilizar un poco las cosas y prolongar más nuestro encuentro, empecé a meterle el dedo y pronto volvió a gemir y a jadear como una loca. Fue entonces cuando aproveché para acercar mi polla y metérsela de un solo golpe en todo el coño. Solo logró dar un pequeño grito de placer y a pedirme que no parara, hasta que alcanzó un orgasmo que me ensordeció pues se aferró a mí con desesperación, dándome las gracias.
Después de recuperarse un poco, volvió a tomar mi verga entre sus pequeñas manos para llevársela a la boca hasta hacerme correr como pocas veces. Luego me dijo que había tenido muy pocos orgasmos pues cuando lo hacía con su marido, ella se quedaba a medias pues apenas termina él la deja en el olvido.
Después de arreglarnos para salir del trabajo me dijo que tenía ganas de hacerlo por el culo y desde luego no voy a perder la oportunidad, pero eso ya será otra historia.
Saludos y hasta otra.

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