Relato erótico

La queria locamente

Charo
26 de julio del 2017

Eran muy buenos amigos y estaba enamorado de ella desde hacia tiempo. Decidió que tenía que decírselo y la llamó para ir a cenar y tomar unas copas. Fue una noche realmente divina y provechosa.

Mario – BARCELONA
Un día de verano me decidí a comentar a la mujer que quería todo lo que pensaba sobre ella. Somos grandes amigos y quizás por eso nunca tuve el valor suficiente para decirle todo lo que realmente sentía por ella.
Laura es una chica preciosa, rubia, un cuerpazo, agradable, simpática, en fin una monada de niña, pero mis sentimientos eran enormes y no podía contenerme, así que decidido la llamé por teléfono y la invité a salir. Ella se alegró muchísimo al oír mi voz ya que nuestra amistad era como si fuéramos hermanos y llevábamos muchísimo tiempo sin vernos. Todo era perfecto, por fin esa noche de verano me atrevería a decirle lo mucho que me gustaba.
Recuerdo que nos habíamos citado en un pub, de un pueblito cercano a nuestra ciudad donde ella veraneaba, había estado esperando con Iván, mi mejor amigo, más de media hora, pensaba ya que no se iba a presentar, pero de repente, en un abrir y cerrar de ojos, la vi venir corriendo hacía mí, gritando de alegría y abrazándome. Yo sonreía y nos dimos dos besos enormes. Esto siempre me excitaba, ya que siempre que nos dábamos dos besos para saludarnos o para despedirnos, siempre era lo más cerca posible a los labios.
No podía dejar de mirarla, estaba más guapa que nunca, llevaba un vestido blanco muy ajustado que resaltaba sus tetitas pequeñas y tiesas y por supuesto, lo que más me gustaba era ese estupendo culito.
Su bronceado era increíble, no era exagerado pero hacía todavía más bonitas sus piernas largas y hermosas. Estuvimos hablando muchísimo tiempo hasta que decidimos irnos a un local donde lo único que suena son merengues, salsa y música de este estilo.
Nos lo estábamos pasando genial, yo había estado bailando con ella desde que entramos y cada vez me ponía más caliente pues estábamos siempre lo más pegados posible. Ya no resistía mi erección y ella parecía que se reía de mí ya que, mientras más la notaba más se arrimaba. Cuado ya no aguanté más, ni podía soportarlo, salí a la calle con ella y nos fuimos a la playa.
Allí, frente al mar, muy tranquilo a aquellas horas, le dije todo lo que sentía por ella y sin darme respuesta alguna me besó, me cogió de la mano y me llevó a la casa de sus abuelos, donde por supuesto no se encontraba ninguno de sus familiares. Entramos a su habitación y la besé en los labios, sintiendo nuestras lenguas calientes juntándose. Era el mejor momento de mi vida, mi sueño se había cumplido, y tenía que aprovecharlo, así que sin pensarlo comencé a manosear con firmeza sus nalgas, sobrepasando un dedo de mi mano derecha por su raja.

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Su vestidito cada vez se hacía más corto y empecé a acariciarle sus firmes muslos. Su aliento era muy caliente y ya comenzaba a gemir. Acaricié su espalda con ternura y recorriendo su cuello con mis labios, conseguí desabrocharle su vestido.
Laura parecía estar asustada por encontrarse en ropa interior ante mí pero yo no lo dudé y le desabroché el sujetador en un segundo. Ella, ahora, parecía incómoda y avergonzada, incluso se puso colorada y eso me excitó todavía más. La acosté en la cama, le quité las sandalias y comencé a besarle todos los dedos de los pies con mucha calma. Quería relajarla, hacerla mía y ahora no se me podía escapar ya que la tenía únicamente con unas braguitas en forma de tanga y posada sobre la cama que ella misma me había ofrecido.
Besaba la planta de sus pies, sus dedos, sus talones, sus piernas, sus muslos, me estaba volviendo loco. Luego me recosté a su lado y la besé de nuevo en los labios, acariciando su rubia melena pero, sin olvidarme de su hermoso trasero, la giré, la puse boca abajo y entonces besé su espalda, su cuello, sus hombros, hundí mi lengua en su oreja, le susurré varias veces “te quiero” y por fin le despojé de su tanga.
La tenía completamente desnuda ante mi y el corazón me latía rapidísimo al ver su culito. Era muy bello y lo acaricié durante casi diez minutos, era increíble, con dulzura lo chupeteé y lo besé completamente todo, abrí sus nalgas y viendo ese ano tan pequeño y arrugado metí mi lengua, follándomela con la boca mientras ella suspiraba con fuerza, se inclinaba mucho para notar todavía más mi lengua hasta que, sin saber por qué, se apartó y comenzó a desnudarme. Excitado yo le ayudé y bajé la bragueta de mis pantalones.
Mi polla saltó como un resorte y ella, sin dudarlo, se la metió en la boca suavemente, succionándomela al completó, me besaba los testículos, los recorría con su lengua, me masturbaba con mucha suavidad rodeando los bordes de mi glande con su lengua. Parecía encantarle y disfrutar con él, jugaba con mi polla como una niña pequeña, pero yo no soportaba tanto placer y me iba a correr en sus labios. Debió de darse cuenta y se detuvo, vino a besarme y agarrando mi polla con sus dos manos la frotó contra sus muslos llevándola hacía su húmedo coño. Quería follarme, pero no se lo permití, así que la recosté en la cama y comencé a besarle sus muslos, subiendo hasta su coño.
Introduje mi lengua dentro de él y comencé a jugar con su clítoris. Ella se volvía loca, notaba como con sus manos me tiraba del pelo hasta que se produjo un grito de placer. En ese momento decidí follármela y la embestí lo más hondo posible. Ella chilló y chilló pero me pedía más. Era increíble esa sensación y más cuando sus gritos se transformaban en gemidos y el dolor ahora era placer. Podía hacer con Laura lo que quisiera, ella estaba completamente entregada a mí, y así lo hice. La puse como siempre había soñado, a cuatro patas. Parecía una modelo, estaba cachondísima, la agarré por la cintura para que no se moviera y se la metí hasta adentro.

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Volvió gritar, no tenía fuerza, quedó rendida para mí y follándomela como se merecía, azotaba sus nalgas con mucha rapidez hasta que le dejé marcada mi mano, era la postura que más me gustaba y con la visión de su espalda y esa cinturita arqueada entregada a mí, comencé a rozar mi miembro entre sus redondas nalgas. Verlo me excitaba tanto que mi vista casi se nublaba palpando su culo pequeño e inmaculado.
La balanceaba y llegaban a mi vista sus delicias, con delicadeza la incliné todavía un poco más, quedando a mi vista su pequeño agujerito. Era minúsculo, casi del color de su piel bronceada.
Mi polla era demasiado para esa delicadeza así que nuevamente lubriqué mi miembro contra su ensalivado ano, rozando la punta de mi polla, luego abrí sus nalgas con mis dos manos y oí como me decía que no quería por detrás. Se la intenté meter sin contemplaciones, pero su rugoso agujerito no aceptaba el diámetro de mi glande así que la tomé por los brazos, los crucé en su espalda y con mi mano izquierda los sujeté contra su cintura presionando hacia abajo, inmovilizándola momentáneamente. Con mi mano derecha sujeté mi erecta polla y la clavé con violencia, sentí un grito enorme y la desgarré sin compasión. Se la incrusté completamente toda y arrastrándole mi miembro por todo su ano, no paraba de metérsela.
Sabía que esta era la mejor forma de poseerla y me encantaba la sensación de su esfínter apretando mi verga, por lo que la estuve embistiendo durante bastante tiempo hasta que decidí sacársela, cosa que la relajó bastante, pero casi al instante empujé nuevamente invadiendo su interior. Era increíblemente estrecho, increíblemente cálido, increíblemente placentero.
Nuevamente gritó. No podía aguantar más y me corrí dentro de su tan deseado trasero. Ahora sí gritó, empujaba hacia atrás y parecía gustarle más que a mí ya que ella era la que ahora se follaba mi polla en esa posición de cuatro patas. Le invadí con mi leche todo su ensanchado agujerito y luego se giró para volvérmela a comer, se la tragaba toda, lamía mis huevos, rodeaba los bordes de mi endurecido rabo y parecía una fiera apretándome las nalgas, pero yo quería seguir follándomela.
Me acosté en la cama boca arriba y posé su espalda sobre mi pecho, ella giraba al máximo la cabeza para besarme y así lo hicimos durante un rato
hasta que se me escapó la verga y la rocé contra su raja, ella apoyó sus pies en mis muslos y arqueó la cintura para que le volviera a dar por detrás, cosa que hice al instante y penetré su culo ahora con violencia y parsimonia, disfrutando del placer que me proporcionaba ese ano. Laura solo disfrutaba y me pedía más y más, suplicándome que no parara así que, sin sacar el rabo de su culito la giré y mientras ella sujetaba el muslo de su pierna elevada, yo la masturbaba y se la metía sin piedad, hasta que volvimos a corrernos.

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No acabó todo ahí y cuando la encontré completamente rendida y sin fuerzas me levanté de la cama, posé sus tobillos sobre mis hombros y me la seguí follando. Podía ver su cara de placer, me inclinaba un poco y se la metía completamente. Así estuvimos mucho tiempo, hasta que me agoté. Decidimos dormirnos pero tuve fuerzas y sobre todo muchísimas ganas de volvérmela a follar y lo hice de la forma más clásica. Ella abrió sus piernas y yo la penetré hasta que nos quedamos dormidos.
A la mañana siguiente, cuando me desperté, Laura tenía el almuerzo preparado, llevaba un camisón blanco muy provocativo y antes de que le dijera nada se tiró encima de mí, me besó y me hizo una mamada que nunca podré olvidar. Así estuvimos follando todo el día, cosa que hemos repetido muy a menudo.
Saludos.

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