Relato erótico

Nada mejor que un buen baño

Charo
15 de abril del 2018

Habían salido hasta altas horas de la madrugada y estaban agotados. Su amigo dormía con su novia y él en otra habitación. Hacía un calor espantoso y no podían dormir. Decidieron ir a las piscinas municipales, darse un buen baño y dormir en algún rincón de la arboleda.

Jaime – Guadalajara
Amiga Charo, era una noche muy calurosa, pero también era noche de marcha, así que salí con los amigos como siempre y para no cambiar de costumbres acabamos muy borrachos. Serían sobre las seis y media de la mañana y empezaba a amanecer cuando decidí retirarme o mejor dicho, me invitó un amigo, Daniel, a su casa ya que yo no podía casi caminar por la borrachera y por el cansancio. Cuando llegué a su casa me dejó una habitación para mí y él se fue a otra con María, su chica, con la que hace poco que salen juntos y que nos acompañó ese día.
Supongo que follarían como conejos, pero la verdad es que no me enteré de nada, ya que me quedé dormido enseguida. A las pocas horas me desperté empapado en sudor, la habitación era un horno y me fui al baño a darme una ducha fresca, pero aquella sensación de “frescura” solo me duró hasta que volví a la habitación. Entonces oí ruidos de conversación que salían del cuarto de mi amigo, así que llamé a la puerta y me hicieron pasar. Ellos tampoco podían dormir por el calor, de tal modo que la chica de Daniel nos dijo:
– ¿Por qué no nos vamos a las piscinas a dormir, allí se estará muy fresco y tendremos la sombra de las grandes arboledas?
No nos lo pensamos más y decidimos irnos enseguida. A los veinte minutos ya estábamos en las piscinas y ya que yo no había pasado por mi casa, Daniel me dejó uno de sus bañadores viejos, era eso o ir en bolas, aunque la verdad tal como estaba esa mañana me hubiera dado lo mismo.
Eran unas instalaciones magníficas con varias piscinas, canchas y grandes zonas de árboles por doquier con sus sombras. Nos dimos un chapuzón para ir bien fresquitos y enseguida nos acomodamos en una zona que no había mucha gente para poder dormir a la sombra de unos grandes nogales. Me volví a quedar dormido de lleno pero al rato noté unas salpicaduras de agua fresca que me despertaron de mi letargo. Pensé que sería alguno de los dos tomándome el pelo, pero al abrir los ojos pude contemplar a una señorona mayor que se había tumbado cerca y venía toda mojada de la piscina.
La estuve observando por unos segundos que me parecieron eternos, tenía un par de tetas inmensas, con los pezones bien duros por causa del agua y anchas caderas, aunque no era un culo muy relleno, le calculé unos 50 años y el observar todo el conjunto me dio mucho morbo, era hermosa, no una belleza de modelo famélica como las de las revistas, sino de mujer hecha y derecha que ha vivido. Ella se dio cuenta de que la estaba mirando y me dijo:
– ¿No te habré despertado sin querer? Hay cariño, ya me perdonarás.
Me quedé unos segundos sin reaccionar pero al final le dije mintiendo:

– No se preocupe señora, no estaba dormido del todo.
– Ya verás que no voy hacer nada de ruido y podrás dormir – insistió.
– Gracias señora, pero de verdad no pasa nada – repetí.
Me tumbé de nuevo y cerré los ojos, ahora solo la veía a ella, me había hablado tan dulce y tenía ese cuerpo carnoso, que el tener estos pensamientos me provocó una erección y claro está que al estar tumbado se veía la tienda de campaña que había formado en mi entrepierna. Entonces recobré la conciencia de donde estaba y abrí los ojos para ver si alguien se había percatado de mi estado de excitación, giré la cabeza hacia un lado y no vi a mis amigos que se habrían ido a tomar un baño, pero al girarme hacia el otro lado la vi a ella observándome. Nos miramos a los ojos y pude ver el deseo en ellos, igual que ella lo veía en los míos. Se acercó a mí y sin mediar palabra empezó a acariciar mi torso. Esto aún acentuó más mi excitación, yo estaba rojo por la vergüenza y por el calentón que llevaba, pero afortunadamente no había mucha gente y menos conocidos. Entonces ella me agarró de la mano haciéndome señas de que nos fuéramos hacia un lugar más privado, yo la seguí sin dudarlo. Me llevó detrás de unos setos, y ya en un ambiente más íntimo, me atreví a agarrarle uno de sus pechos.
Comenzamos a besarnos cada vez con más pasión, mis manos recorrían todo su cuerpo y me dirigí hacia su coño que comencé a masajear mientras ella daba suspiros de placer diciéndome que no parase.
Entonces decidí que quería comerme esos hermosos pechos y ella con una sola mirada, me entendió y comenzó a quitarse el bañador. ¡Que hermosos eran, grandes, algo caídos como es natural, de una piel suave! Los besé y lamí de arriba abajo sin descuidar su coño, de esa manera estuvimos un buen rato, hasta que ella se agachó y bajándome el bañador quedó ante mi polla toda erecta, con una mano me la cogió y empezó a hacerme una paja a la vez que se la metía en la boca, se la metía y sacaba chupándome la punta con aquellos carnosos labios. Yo estaba en el cielo, la chupaba desde la punta bajando hacía mis huevos, el placer era tremendo, pero me entraron unas ganas enormes de follármela.
Le dije que quería penetrarla, y rápidamente se tumbo en la hierba. Estábamos excitadísimos y cuando la vi allí tan radiante, quise saborear aquel chocho tan tentador. Le di suaves lengüetazos, y dejé el camino libre para poder llegar a su clítoris que me esperaba enrojecido de pasión. Lo chupé, y ella pasó de dar suspiros a gritar, tuve que ponerle una mano en la boca para que no nos oyesen. Su coño tenía sabor a puro sexo, notaba como se contraía y retorcía de gusto. Seguí lamiendo y chupando, hasta que dijo que se corría. No paré hasta que noté su torrente de placer en mi boca. Ya no aguantaba más y cuando vi que había acabado su “explosión”, me puse encima de ella penetrándola con todas mis fuerzas.

Intentábamos ahogar nuestros gritos de placer besándonos, entrelazando nuestras lenguas, yo la embestía una y otra vez al tiempo que ella me rodeaba con sus piernas y me llevaba hacia ella marcando el ritmo de la penetración.
Nuestros cuerpos estaban pegados retorciéndonos de placer y yo no quería correrme tan pronto, deseaba prolongarlo más, pero no pude y terminé corriéndome dentro de ella. Inmediatamente después, tuvo un orgasmo monumental, me clavaba las uñas en la espalda y el culo, y se apretaba contra mí, para notar mi polla. Roto, me quedé encima de ella sin sacársela un buen rato mientras nos besábamos hasta que me dijo:
– Venga, vámonos que nos estarán esperando.
Yo, con cara de sorpresa, le pregunté que quien nos esperaba, a lo que me contestó:
– ¿Quién va ser? Pues mi hija y su novio Daniel.
Me quedé de piedra, no me lo podía creer, me había tirado a la madre de la nueva novia de Daniel y ahora comprendí porque estaba tumbada junto a nosotros, no era una casualidad, sino que estaba pasando el día con su hija.
Regresamos al lugar donde estaban Daniel y su novia, y nos preguntaron a donde habíamos ido. Nosotros pusimos mil excusas diciendo que fuimos a dar un paseo pero cuando estábamos recogiendo, la chica de Daniel viendo mis arañazos en la espalda, lanzó una mirada a su madre y ambas sonrieron.

Por lo visto no era la primera vez que se beneficiaba a un jovencito y la hija lo sabía por la expresión de su cara, como diciendo “¿otra vez, mamá?”.
Besos y saludos.

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