Relato erótico

No me lo imaginaba

Charo
16 de mayo del 2018

Lo que nos cuenta nuestra amiga es muy habitual. No ha sido la primera ni la última a la que su marido le propone hacer un intercambio. Nos cuenta cómo fue su experiencia.

Mercedes – VALENCIA
La rutina, se había acercado a nuestras vidas. Después de veinticinco años de matrimonio, todo se hizo rutinario, nuestros juegos sexuales se habían vuelto, de pronto sosos y aburridos, por lo que Jesús, mi marido, no hacía más que preguntarme si me gustaría un cambio de parejas, que quizás eso le diera vidilla a nuestra vida sexual.
Yo no quería, no quería compartirlo con nadie, creo que estaba un poco insegura y pensé que quizás pudiera gustarle otra más que yo, por lo que siempre le decía que no.
Yo notaba que él se excitaba cada vez que hablábamos de una situación así y yo le seguía el rollo sin querer hacerlo, pero a sabiendas de que, con solo pensarlo, él se ponía tan cachondo, que al final terminábamos en la cama haciendo el amor. A pesara de todo, la situación cada vez era más tirante, pues yo me negaba, mientras que él parecía haber estudiado ya el tema y siempre me preguntaba si me gustaría hacerlo con fulanito, o con menganito, y hacía que le diera mi opinión al respecto. Yo siempre fui muy liberal, pero mi inseguridad, como ya dije, no dejaba hacerme a la idea con claridad. Por lo tanto siempre me negaba.
Una noche salimos a la discoteca a bailar con unos amigos, Paz y Manolo. Esa noche lo pasamos muy bien, nos divertimos mucho con ellos, bebimos unas copas y bailamos hasta caer rendidos. Al volver decidimos ir a tomar la penúltima a mi casa y nos dirigimos hacia allí. Ya en el coche, mi marido no hacía más que decirme si me gustaría hacérmelo con Manolo, que se había dado cuenta de cómo me había mirado durante toda la noche y de cómo se arrimaba cuando bailaba conmigo. Y era cierto, Siempre que nos reuníamos, él se me quedaba mirando, y aunque nunca se sobrepasó conmigo, yo sabía que se sentía atraído por mí.
Mi marido siguió diciéndome que él se sentía atraído por Paz y que cuando había estado bailando, se había rozado con ella y no le puso mala cara, sino al contrario, que se dejaba hacer con gusto. Yo me indigné un poco. Sabía que Paz y Manolo, si habían hecho intercambio de parejas algunas veces, ya que ella me lo había contado, diciéndome que les iba muy bien así, que no lo hacían a menudo, solo cuando la monotonía se hacía un sitio en sus vidas, y que después de hacerlo se amaban más, y eran más felices. Yo no podía creerlo cuando ella me lo dijo, y siempre que hablaba de ello le hacía preguntas sobre si no le daba celos de ver a su pareja con otra y, en fin, sobre todo lo que se me venia a la mente, a lo cual ella me decía que ella hacía lo mismo que él, que era un juego más en la pareja, por lo tanto no daba pie a celos, ya que lo compartían.
Llegamos a casa entre risas y bromas, nos sentamos, Jesús nos sirvió unas copas, y estuvimos picando unos frutos secos, pusimos música y seguimos hablando, hasta que Manolo sacó a bailar a su mujer. Yo los miraba se les veían felices, no parecía que los intercambios que habían hecho les hubiese afectado en su relación de pareja.

De pronto, me estaba fijando en ellos cuando vi como se estaban besando y él le metía mano bajo su pantalón y se tocaban sin vergüenza alguna, pues aunque bien es cierto que teníamos confianza, nunca antes los había visto así tan íntimamente. Jesús, se acercó a mí y quiso hacer propio, empezando a comerme la boca, a besarme, y tocarme los pechos. Yo me dejaba hacer, mientras observaba atentamente las manos de Manolo y oía los gemidos de Paz. Ni siquiera me percaté que yo misma estaba gimiendo. La cosa se empezó a calentar de tal manera que cuando me di cuenta mi marido me había sacado el top que llevaba puesto, me cogió de la mano y empezamos a bailar junto a ellos.
Noté la mirada de Manolo que se posaba en mis senos ocultos por el sujetador, y me enviaba miradas de deseo, esas que ya había sentido otras veces. Jesús acariciaba mi espalda y besaba mi cuello, susurrándome al oído lo hermosa que estaba. Mis bragas por momentos estaban más húmedas y sentía el latido de mi sexo y de mi vientre que se contraía sin control. Cuando él me desabrochó el pantalón dejé que cayera al suelo, saqué los pies de él y lo lancé lo más lejos que pude. Al hacerlo miré de nuevo a nuestros amigos que ya estaban más que lanzados, ella arrodillada, haciéndole una mamada a su marido, mientras el miraba mi cuerpo.
Jesús agarraba mis pechos sobre el sujetador, cuando noté como Manolo me acariciaba la espalda. No quise en ese momento pensar, solo me dejaba llevar, y me sentí bien al notar sus manos en mi espalda. Eran suaves y me hizo poner la piel de gallina, luego las subió hasta el cierre de mi sujetador y lo abrió subiendo sus manos por mis hombros y bajando los tirantes mientras Jesús me estaba bajando la braguita dejándome completamente desnuda ante nuestros amigos.
Manolo, entonces, se retiró de su mujer, se acerco a mí y Jesús se puso manos a la obra con Paz que, enseguida y sin cortedad alguna, se la había sacado y se la empezó a mamar. Manolo mientras tanto, se acercó a mi cuello y me susurró al oído que hacia tiempo que me deseaba, que había esperado esto durante mucho tiempo. Sus manos manoseaban mis senos y mis pezones, que se habían puesto durísimos. Dejé la vergüenza a un lado y dejé a mis manos actuar, acerqué mi boca a la suya y lo besé, mientras mis manos desabrocharon su camisa y se perdieron en aquel pecho, bajando por sus costados y llegando a su culo. Lo tenía bien prieto. Bajó su boca hasta mis pechos, los lamió dulcemente y eso hizo que gimiera y que apretara mis manos en sus glúteos fuertemente.
Él notó mi excitación y bajó su mano hacia mi pubis, separando mis piernas con sus manos. Al principio me resistí un poco, pero me besó en la boca y sin darme cuenta ya tenía sus dedos entre mis ingles, agarrando mi coño con su mano ahuecada.

Yo sentía mi sexo latir de deseo y él, notando mi humedad, introdujo un dedo, el medio entre mis labios, abriéndose camino entre ellos, deslizando su dedo a través de mi vulva y desparramando mi humedad por toda ella. Estaba excitadísima, era todo igual pero tan diferente, unas manos de otro, una boca de otro, unas caricias de otro… yo notaba cada gesto, comparando y pensando, más que disfrutando, aunque lo estaba haciendo, y mis ojos se perdían, expectantes en lo que mi marido estaba haciendo.
Los veía sobre la alfombra del salón, Jesús debajo y ella montándolo y cabalgándolo sin tregua, sin descanso, él con los ojos cerrados, concentrándose en aquel cuerpo, tocando sus pechos y sus pezones. De vez en cuando levantaba la cabeza, la miraba y me miraba. Yo no podía creerlo, estábamos con otras personas, entregándonos en la intimidad que hasta ahora, solo había sido nuestra, y la verdad es con solo verlo disfrutar, ya me sentía bien, por lo que decidí entrar de lleno en el juego. Después de todo ya estaba empezado y las consecuencias, fueran buenas o malas, ya estaban sobre nuestras conciencias. Manolo me notaba un poco lejana, aunque no paraba de tocarme, intentando excitarme y de veras lo estaba así que pensé evadirme de todo y dejarme llevar. Me volví hacia Manolo y lo bese largamente, notando la erección que bajo su pantalón se ofrecía. Lo miré a los ojos y bajé lentamente sin dejar de mirarlo. Mis manos se paseaban por su torso hasta posarse sobre el botón de su pantalón e introduje mis dedos a través de la cinturilla de este. El me miraba, sorprendido de mis gestos.
Acerqué mi cara hacia el botón y empecé a soltarlo con mi boca mientras mis manos acariciaban su trasero y lo empujaba sobre mi rostro. Solo utilicé mi boca y sin dejar de mirarlo pude soltar el botón del pantalón, notando como metía su vientre, intentando facilitar mi labor. Su respiración estaba agitada y ahora con mis dientes mordí la cremallera y la fui bajando, notando el sonido metálico. Conseguí bajarla del todo, mis manos subieron por su trasero hasta las caderas, introduciendo mis dedos en ella y bajando el pantalón que caía sobre sus muslos y rodillas, dejando ver el abultamiento de su pene bajo el calzoncillo de lycra que entallaba su intimidad. Manolo cerró los ojos y echó su cabeza hacia atrás, mientras mi boca se posaba sobre su calzoncillo su pene parecía querer reventar. Cogió mi cabeza y la apretó sobre su sexo, mis labios mordían su pene, apretándolo sobre la lycra. Yo quería, alargar la situación lo más posible, mis manos apretaban su culo y mis dedos se metían en su raja por entre sus piernas. El estaba deseoso de que bajara su calzoncillo y por fin le di el gusto. Bajé la prenda con mis dientes poco a poco, bajé la parte derecha hasta llegar a medio glúteo y mi boca lamía cada trozo de piel que quedaba libre, después bajé la parte izquierda haciendo lo mismo. Ya mi boca se situaba por delante de su glande, ya estaba fuera y asomaba insinuante, cortado en dos por el elástico, y mi lengua degustó su sabor mientras mi mano tocaba sus testículos por encima de la tela, aprisionándolo y estirándolo.

Poco a poco mis dedos se colaban por las sisas del calzoncillo, mi dedo pulgar subía por entre la piel y la lycra, arremangando y asiendo, mientras mi boca seguía lamiendo su glande. Estiré la lycra y lo bajé totalmente. Manolo estaba súper excitado y al bajar su calzoncillo, su polla saltó, quedando bien dura y tiesa golpeando mi cara. Empecé a lamer aquel tallo, duro y mojado por mi saliva, y comencé a saborear su líquido preseminal. Sin duda estaba a punto, no resistiría mucho y no quise que acabara, me levanté despacio, pasando mis manos sobre su piel y llevándolas hacía su pecho, donde deposité mi boca para lamer sus pezones y morderlos con cierta rabia. Sus gemidos eran incesantes y sus manos, ahora inquietas, me sobaban mis pechos, estirando mis pezones.
Una de sus manos bajaba por mi culo, parándose en mi cintura mientras su boca besaba mi cuello y lamía el lóbulo de la oreja provocándome escalofríos de placer. Sus dedos fueron a refugiarse entre mis labios íntimos, mojándolos en el ya abundante flujo que destilaba mi vagina, me dio la vuelta y empezó a rozarme con ellos sobre el rosetón de mi ano, donde logró colar su dedo medio. Mientras yo gritaba de placer, empezó a moverlo lentamente al tiempo que sus dedos pulgar e índice me abrían desde atrás la vagina, a la misma vez que su dedo entraba y salía, y cuando salía, lo metía de nuevo en mi vagina.
Estaba a punto de llegar, cuando sentí unas manos suaves que entraban entre mis piernas, separándomelas. Miré y vi que mi marido estaba, reposando sobre la alfombra, seguramente recuperándose, del orgasmo que había tenido con Paz, y por lo tanto las manos que sentía eran las de ella. Manolo me tenía tan excitada que ya no podía más, cuando noté como los labios de Paz se adentraban en mi coño lamiendo mi clítoris y metiendo dos dedos en su vagina. Manolo se dio la vuelta asiéndome por mi cintura y metiendo su polla en mi coño mientras me hallaba besando la boca de mi amiga y rozando nuestros pechos. No podía creerlo. Jesús se recuperó pronto y se unió a tan grata expectativa poniendo su pene entre las dos, que con lenguas y boca hicimos que su pene de nuevo estuviera erecto. El cuadro era de lo más sensual, Manolo metiéndome la polla desde atrás, Jesús entre las dos metiendo sus dedos en el coño de Paz, que besaba mis pechos, y mi boca que chupaba la polla de mi marido.
Sentí las fuertes sacudidas de Manolo que descargaba dentro de mí, haciéndome llegar al orgasmo mientras Jesús se corría en mi boca, llenando mi cara y mis pechos de su semen, y Paz quedó allí en el suelo convulsionándose, mientras los dedos de Jesús le removían su interior y los dedos de ella masturbaban su clítoris sin descanso.

Aquella noche fue la primera, hubo otras más, pero como la primera ninguna. La excitación que sentí y el orgasmo que tuve fue increíble. La relación con mi marido ha mejorado y tenia razón mi amiga Paz no hay lugar a celos, ni a desconfianzas, porque es un juego a medias, al contrario nos ha ayudado a valorarnos mas, y a ser mas cómplices en nuestra unión.
Besos y saludos de los cuatro.

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