Relato erótico

Ocurrieron cosas

Charo
15 de mayo del 2018

Es una gran aficionada al alpinismo y cada verano lo practica. También nos cuenta que está esperando encontrar el amor de su vida. Las pasadas vacaciones fue de escalada con un compañero del club al que pertenece y ocurrieron cosas.

Ainara – Cantabria
Tengo 22 años y me llamo Ainara. Soy morena, alta, esbelta y creo que muy atractiva para los hombres. Al menos eso me dicen sus ojos. Tengo los pechos pequeños pero muy tiesos y unos buenos muslos. Lo que más me gusta, después del folleteo o, en más fino, hacer el amor, es el alpinismo. Sí, no os riáis, a una mujer tan delicada como yo le encanta subir montañas y cuanto más difíciles mejor. Es un deporte que practico cada verano, sola o con amigos del club al que pertenezco. Precisamente el año pasado fui a escalar con Jorge, un chico fuerte, tímido y simpático que me caía muy bien. Cuando llegamos me invitó a pasar delante por si me caía poderme recoger. Atento el chico pensé yo varias veces durante la ascensión, y sin necesidad pues yo no me caía, sus manos se apoyaban en mi trasero, quizá sin malicia pero que a mí empezaba a calentarme. También noté que en varias ocasiones se quedaban allí, sobre mis nalgas, como acariciándolas con disimulo.
Empezó a caer una lluvia muy fina. Por fortuna estábamos llegando a un ripié muy amplio provisto de una especie de visera de piedra. Allí podríamos guarecernos esperando que la llovizna cesara, a partir de aquel momento, pasó todo. Jorge me había puesto las manos en los hombros y después de mirarme fijamente a los ojos empezó a apretar hacia abajo como para hacerme poner de rodillas. Le miré sin comprender y entonces me dijo:
– Con esta lluvia nadie va a venir a molestarnos…Tengo ganas de que me la chupes.
Me quedé de piedra. Jamás hubiera imaginado algo así de Jorge. Además su voz tenía cierto tono de autoridad que yo no conocía de él. Dudé unos instantes pero, no podía resistirme, el chaval me atraía. Además continuaba haciendo presión en mis hombros, así que acabé de rodillas ante él. Bajé la cremallera de su bragueta y metiendo la mano, agarré una cosa muy dura y la saqué fuera. Tenía una polla, vista fríamente muy hermosa y estaba terriblemente endurecida. Sin soltarla miré a derecha y a izquierda. No me sentía tranquila pero la lluvia seguía cayendo ahora con mayor intensidad.
Abrí la boca y, sin preámbulos, tragué la polla de Jorge y se la estuve chupando largo rato, dándome la impresión de que no tenía ninguna prisa en correrse. Cuando me venía alguna arcada me acariciaba la espalda y los pechos pellizcándome los pezones que punteaban ahora descaradamente, pues una no es de piedra.

La polla seguía creciendo dentro de mi boca ocupando toda la cavidad y haciéndome difícil el mamársela. Fue entonces cuando se apartó de mí y me hizo poner en pie. Con las dos manos me sacó la camiseta y luego me bajó el short hasta los pies, librándome de él. Después hizo lo mismo con mi braga. Me dejó totalmente desnuda en plena naturaleza. Yo no sabía dónde mirar ni que hacer, así que permanecí completamente quieta, como una estatua.
Sus ojos me contemplaban con unos tremendos deseos. Mi total desnudez y el lugar donde nos encontrábamos, así como el feroz deseo que aquel hombre me demostraba, me llenaban de miedo pero también de algo parecido al orgullo que debe sentir una hembra salvaje atacada por un macho en celo. Sin decir palabra me estiró en el suelo, de espaldas. Su respiración era ronca. Efectivamente parecía una bestia. La tierra estaba mojada y yo sentía la espalda y el culo en el agua mientras la polla de Jorge empezaba a frotarse contra mi bajo vientre y mis muslos. Estuvo así un buen rato, manteniéndome las piernas muy separadas y pasando, a veces, la punta de su capullo por mi clítoris momento en que se me escapaba un suspiro sin querer. Y así me penetró lentamente. Mientras la enorme polla distendía mi sexo y se iba metiendo en mí, yo veía las nubes sobre nosotros y las copas de los arboles cuando tendí mis brazos hacia él y le apreté contra mí. El orgasmo me llegó rápidamente, muy fuerte, pero Jorge ni se dio cuenta.
Seguía moviéndose en mis entrañas, entrando y saliendo de mí. Follándome al mismo tiempo que mordía mis pezones. Así tuve mi segundo orgasmo. Era maravilloso, tanto que anudé mis piernas a su espalda para que pudiera penetrarme aún más profundamente. Me había olvidado de la manera en que me había hecho suya, del lugar dónde estábamos e incluso de la lluvia. Todo mi cuerpo estaba sensibilizado al máximo. Y estaba orgullosa y feliz de tener aquello dentro. Al cabo de un rato pensé que Jorge no pararía nunca de follarme. Gemía cada vez más fuerte y no podía parar de gozar. Grité y grité apretando los talones en sus riñones, mientras me corría sin parar, una y otra vez, como en un orgasmo infinito. Cuando por fin eyaculó, tuve la sensación de haberme corrido durante horas. Estaba destrozada.
Pero Jorge salió de mí con su polla aun tiesa, reluciente de mis líquidos y de su leche y siempre en silencio, se sentó sobre mi estómago, aplastando sus poderosos huevos contra mis tetas y volvió a meterme su polla en la boca, empecé por lamérsela pero él apretaba fuerte hasta que me la tragué y mientras se la mamaba, notando el sabor de sus jugos y de mi coño, él se la masturbaba con mis tetas agarrándolas fuertemente y aprisionando su polla con ellas. Después de un rato de esta operación conjunta, noté como iba creciendo entre mis labios.

Su palpitar denotaba una inminente eyaculación pero ya no pude pensar más y una catarata de leche me llenó la boca y tuve que tragar para poder respirar. Pero salió tanto líquido que, atragantándome, incluso por la nariz salió esperma. Cuando nos pudimos levantar, la lluvia no había parado. Intenté coger mi ropa pero Jorge me lo impidió diciéndome, ahora con una sonrisa
– Aún no hemos acabado, cariño. Me queda potencia para rato. Solo debes dejarme descansar un momento.
Pasó un brazo por mis hombros y me atrajo hacia él besándome en la boca de manera extraordinariamente cariñosa visto su comportamiento de hacía solo un rato. Mientras mirábamos caer la lluvia sus manos no paraban de acariciarme los pechos y el culo mientras me besaba el cuello, las orejas, la boca… Acabé alargando la mano y, cogiéndole la polla, comencé a masturbarle. Parecía increíble pero aquello reaccionó casi al momento y la notaba endurecer entre mis manos hasta que ya no creció más. Estaba tan empalmada como al principio.
-¿Ves? – me dijo Jorge, ahora sonriendo francamente – ya te lo había dicho. Venga ponte a cuatro patas.
– ¡No, eso, no! – le contesté muy asustada- ¡Por el culo no!
-Tranquila mujer, que solo quiero metértela por el coño otra vez…lo del culo ya vendrá más adelante.
Y así, mirando otra vez el paisaje. Jorge me la metió en el coño, por detrás, como un verdadero animal salvaje. Me folló con violencia, igual que antes y me corrí… pues no lo sé, muchas, muchas veces.
Después de vestirnos, Jorge me dio también su camiseta para que no cogiera frío, bajamos hasta un llano y nos marchamos corriendo. Él me llevaba cogida por los hombros con su potente brazo, a guarecernos en el hotel. O mejor dicho en la cama del hotel, para follar de nuevo pero esta vez cómodamente instalados. Algo había cambiado en mi vida y en la de Jorge. Él ya había intuido como era yo, pero yo había
descubierto en él al hombre tanto tiempo esperado. Me siento y soy suya. Desde aquel día adoro la lluvia.
Besos para todos.

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