Relato erótico

¡Vaya con la madurita!

Charo
11 de Octubre del 2017

Su madre le dijo si podía ir el sábado a ayudar a su amiga Carolina. Su marido era marino y había cosas que no podía hacer sola. Primero se hizo el remolón, pero al final aceptó. Fue una decisión acertadísima. Folló como un loco.

Gorka – País vasco
Para empezar voy a presentarme. Me llamo Gorka y tengo 20 años. Vivo con mis padres en un barrio más o menos céntrico de una ciudad de mediano tamaño del norte de España.
La mejor amiga de mi madre, Carolina, que tiene 40 años. Está casada y su marido es marino mercante. Pasa fuera de su casa mucho, mucho tiempo y claro, hay cosas en una casa que necesitan de la fuerza bruta de un hombre, en este caso para mover unas cosas en la cocina, y claro, mi madre le dijo a su amiga que no había problema, que su hijo, o sea, yo, la podía ayudar. Lo dijo, evidentemente, sin consultarme nada, así que un día, al llegar a casa me vi con esa sorpresa. El sábado por la mañana tendría que ir a casa de Carolina a ayudarla, lo cual era una pena, ya que en principio íbamos a ir a la playa. No obstante, como soy un buen chaval, no dije nada, solo puse un poco de carita. Para colmo de males, mis padres y hermanos iban a pasar el fin de semana fuera (yo ya había decidido no ir, por lo que tuve “doble premio”)
El sábado a las 11 y media de la mañana (al menos no tuve que madrugar) me dirigí a casa de Carolina. La verdad es que cuando me abrió la puerta me quedé sin habla. En verdad hacía calor y Carolina estaba con unos pantalones cortos, bien ajustados y una camiseta. No llevaba nada debajo, porque se le notaban los pezones. Carolina es una mujer alta, es de mi altura, más o menos y mido casi metro ochenta y delgada. Se puede decir que es una mujer guapa, pero claro hasta entonces no la veía como una mujer, sino como la amiga de mi madre.
– Muchas gracias por venir…supongo que tu madre te ha metido en un marrón que no veas. Y encima con este día tan bueno que hace
– ¡Bah…no pasa nada! Seguro que habrá más días como este- dije intentando disimular el que estaba completamente de acuerdo con ella.
– Bueno, vamos al lío- dijo Carolina- lo que quiero es mover la nevera y ponerla en esta esquina de la cocina y luego si puedes ayudarme a bajar unas cajas al trastero.
– No hay problema- intentaba disimular lo que podía mi sorpresa de verla vestida de esa manera y darme cuenta de lo buena que estaba.
Cuando terminamos estábamos empapados en sudor, lo que hizo que dos cercos de sudor dibujasen en su camiseta la forma de sus tetas.
– Bueno, Gorka, muchas gracias. Por cierto, creo que deberíamos ducharnos…yo al menos tengo una sudada del quince.

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-Bueno creo que tendré que irme a casa, ya que no voy a ducharme y ponerme otra vez esta ropa- le puse una excusa con la intención de poder irme a casa
Me dio ropa de su marido, sin estrenar y me indicó donde estaba el baño. Ella se dirigió a su propio baño. Tomé la ducha mientras pensaba en lo buena que estaba Carolina y por ello tuve una descomunal erección e incluso me la estuve pelando un rato. Cuando salí fui de nuevo a salón y esperé que llegase de nuevo Carolina. Lo hizo al cabo de un par de minutos. Llegó con otros pantalones cortos, similares a los que tenía antes y una camiseta, que para mi alegría era blanca y seguía sin llevar sujetador, por lo que esta vez sí que se le dibujaban los pezones de forma clara.
– ¿Quieres beber algo…un refresco, o una cerveza?
Le pedí una cerveza. Me dio un botellín con una rodaja de limón en el cuello de la botella. Mientras bebíamos me dijo que ya que mis padres no estaban podía quedarme a comer con ella. Le dije que sí.
La ayudé a preparar la comida, cosa que se me da bastante bien, y que en general deja sorprendidas a las mujeres (hasta entonces se limitaba a las de mi familia). Incluso ahora Carolina se sorprendió de mi habilidad.
– Bueno vamos a abrir una botellita de vino- dijo Carolina- Normalmente no tengo oportunidades como esta- dijo mientras iba a por una botella, que cuando la vi me fijé que era una gran reserva de Rioja. Para terminar comimos una tarta de queso con arándanos, de esas que vienen congeladas, pero son muy ricas.
Tomamos café y hablamos un rato de banalidades. Estaba un tanto desinhibido por el alcohol y me atreví a decirle:
– Perdona, pero para ti debe ser muy duro estar sola, quiero decir, que tu marido está mucho tiempo fuera…
– Unos ocho meses al año, y si, sí que es duro. A veces echas de menos la compañía, otras veces al hombre, en el sentido estricto de la palabra y otras veces simplemente alguien que te ayude, como has hecho tú, y por lo que te estoy muy agradecida- dijo mientras le daba una calada a su cigarrillo.
Como ya estaba lanzado le pregunté si alguna vez le había sido infiel a su marido, y me dijo:
– Bueno, como estamos en confianza y esto será nuestro secreto te diré que en más de una ocasión he pensado ponerle los cuernos a Manolo, que seguro que él me los pone, pero he desechado la idea me da miedo así que imagínate como tengo que aliviarme
– ¿Y lo haces a menudo?
– Más de lo que quisiera…de hecho me he comprado una colección de juguetes para esos momentos… ¿quieres verla?

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– ¿En serio?
– ¡Claro! Es nuestro secreto. Ya te digo que soy de fiar
Fuimos hacia el dormitorio de Carolina. Abrió uno de los cajones de una cómoda. Dentro pude observar unos juguetes sexuales y ropa interior insinuante
– Mira estos son mis juguetes- sacó cuatro consoladores del cajón, eran más o menos normales, ninguno era de esos enormes y un juego de bolas chinas.
Lo que no entiendo es que tengas que recurrir a estos artilugios con lo guapa que eres.
– ¿Crees que soy guapa?
-Mucho…de verdad
– Bueno…muchas gracias. Antes creo que era más resultona, pero bueno todavía tengo tipito- dijo mientras se giraba contemplándose
No sé que me pasó, pero de repente me lancé y empecé a sobarle las tetas y rápidamente le chupe los pezones.
Cerró los ojos mientras le mamaba las tetas. Con mi mano derecha le acaricié el coño por encima de los shorts, mientras le decía:
-Carolina, que buena estás…
– ¿Si?, pero por dios, no pares…sigue comiéndome las tetas…
Seguí con sus tetas en mi boca, mientras le iba desabrochando los pantalones. Cuando estaban sueltos los dejé caer y Carolina levantó alternativamente sus pies para dejarlos a un lado. Ahora le acariciaba el chumino por encima de unas finas bragas tipo tanga. Estaba a mil por hora. Hice lo que me quedaba, tirar del elástico de las bragas hacia abajo, dejando su coño al aire.
– ¿Y tú que tienes para mí? -Me preguntó mirándome a los ojos fijamente con cara de deseo.
– Bueno…- me bajé rápidamente los pantalones y los calzoncillos, sin dejar de mirar su coño, depilado formando una delgada línea de pelo por encima de su monte de Venus.
– Bueno…que hermosura.
– ¿En serio?

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– Ya lo creo, muy hermosa, y añadió, quiero que me folles, que me metas la polla en el coño y que me hagas correr como una bestia. ¡A ver cómo te portas, tigre!- dijo con cara de vicio.
Me acerqué a Carolina y le di un beso en la boca, suave, para calentarme aún más si era posible. Lentamente le pasé mi mano por su mojado chochito. Carolina lanzó un pequeño gemido al tiempo que levantó un poco su cuerpo. La caricia se fue haciendo más intensa y profunda, de modo que mi dedo corazón fue entrando en su precioso y húmedo coño. Me senté al borde de la cama, con los pies apoyados en el suelo y Carolina se sentó encima de mí mirándome a la cara y las piernas apoyadas en la cama. Nos besamos. Le chupé las tetas. Eran deliciosas. Nos miramos a los ojos fijamente, con cara de deseo. Me lo pedía con la mirada, me suplicaba que la follase. La levanté un poco para dejar mi polla justo en la entrada de su agujerito. La dejé caer, lentamente. Carolina cerró los ojos y echó la cabeza hacia atrás
– ¡Dios mío, Carolina…que guapa eras…y que buena estás!- le decía mientras la levantaba una y otra vez
– ¡Aaaaggggg, cariño…que buena polla, como me gusta…como me llenas!
– ¡Es genial!- le dije mientras la cogía por el culo y la levantaba, de forma que estábamos unidos por mi polla y apoyados sobre mi cintura. La apoyé contra la pared y aumenté el ritmo de mis embestidas, tanto en velocidad como en intensidad. Follábamos como bestias.
– ¡Así…siii, sigue…no pares, no pares!
– Ya estoy…Carolina…ya estoy
– ¡Y yo…solo un poco más…un poco!- hice un pequeño esfuerzo, de forma que aguanté un par de segundos más
– ¡Me voy!- le dije mientras mi caliente leche llenaba su chocho y resbalaba por mis huevos y mis piernas.
– ¡Siii!- dijo Carolina al tiempo que se dejaba caer sobre mí, como señal inequívoca de su corrida. Nos tumbamos sobre la cama- ¡Ha sido genial!, de verdad, el mejor polvo de mi vida
– No será para tanto

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– De veras…lo he disfrutado como nunca…creo que me he corrido casi como un tío…ves- dijo señalando un cerco de fluidos justo debajo de su chumino
– Ya te digo…esto sí que es una ocasión especial- dijo sacando un pitillo del paquete. Lo encendió y me lo pasó- toma cariño…te lo mereces, no te has portado como un tigre, sino como una manada de ellos
– Como decías un día es un día
– Por cierto… ¿te quieres quedar a dormir conmigo?…dormir o lo que sea- dijo poniendo cara de pilla.
– Claro…
– Nos lo pasaremos bien
– Estoy seguro
Fue un fin de semana especial, bestial y follé como un salvaje. En otra ocasión os contaré la mamada que me hizo.
Un saludo para todos.

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