Relato erótico

Abriendo horizontes

Charo
11 de octubre del 2018

Viven en un pueblo de la provincia de Barcelona y decidieron ir a la capital para visitar lugares que no conocían. Reconocen que se quieren pero que su sexo es un poco “soso”. Aquella noche en la habitación del hotel vieron una película porno que les abrió un mundo nuevo.…

Ignacio – BARCELONA
Amiga Charo, esta historia ocurrió el verano pasado mientras mi novia y yo pasábamos unos días de vacaciones en Barcelona. Nuestro nombre es Joana e Ignacio, somos de un pueblo de la provincia de Barcelona y tenemos 30 años yo y 27 años Joana. Somos una pareja normal, supongo que como la mayoría de la gente, llevábamos varios años de noviazgo y nuestras relaciones sexuales eran normales, a ninguno de los dos nos supuso ningún problema acostarnos antes de habernos casado pero en el sexo éramos muy sencillos, primero un poquito de magreo mutuo y sexo desenfrenado, pero con posturas muy normales aunque me costó muchísimo que Joana me dejara hacerle sexo oral y más me costó conseguir que ella me lo hiciera a mi.
Bueno, como digo somos una pareja muy normal y sosita, los dos nos llevamos estupendamente y estábamos pasando una quincena del mes de agosto en Barcelona haciendo turismo, visitando museos, pueblos cercanos y cosas así. Los dos nos quedamos sorprendidos al principio de lo abierta que es la gente en las grandes ciudades, más de un chico se quedaba mirando a Joana sin importarle que ella se diera cuenta o sin pensar que podía decirle yo. Joana es una chica bastante atractiva, ninguna súper modelo, pero no está nada mal. Mide 1,65, pesa 45 kg, pelo hasta la altura de los hombros de color castaño, aunque se tiñe con reflejos de color caoba, ojos azules, un pecho de una talla 90, y muy bien puesto y un tipito que no está nada mal.
Al llegar al hotel por las noches estábamos tan cansados que no salíamos, nos quedábamos en la habitación y todas las noches follábamos varias veces antes de dormirnos pero una noche, al acabar, pusimos la TV y cambiando canales apareció un canal de los que aparecen mensajes enviados por la gente, a modo de chat y las imágenes mostraban una peli porno de una pareja que se lo montaba en un coche y era espiada por un chico desde lejos hasta que poco a poco se acercaba al coche y miraba como follaban pegado al cristal. No sé por qué pero nunca pensé que Joana se pondría cachonda viendo esas películas y menos con un tema de “voyerismo”.
Se quedo fijamente mirando la pantalla y poco a poco se fue calentando hasta que comenzó a masturbarse. Segundos después apareció en pantalla un mensaje de un chico que buscaba parejas para verlas mientras hacían el amor. Joana me miró y me dijo:
– ¿Te imaginas como sería que un desconocido nos observará haciendo el amor?
Al principio no salía de mi asombro, pero rápidamente le pregunté que si a ella le gustaría aquella situación. Al principio no contestó pues yo creo que se debatía entre la moral que había estado presente siempre en nuestras relaciones y la calentura que las imágenes provocaban en su sexo, y al final respondió que no era algo tan fuerte como podría pensarse ya que hay parejas que graban sus relaciones para verlas más tarde e incluso que llegan a pincharlas en internet.

– Debe ser como un video en directo – dijo
En ese momento volvió a aparecer el mensaje de hacia 10 minutos. Era el mismo chico que seguía buscando parejas para verlas, pero ahora ofrecía dinero a cambio. Sin pensármelo tomé el número de su teléfono mientras Joana me miraba asombrada preguntándome qué hacía.
– Acabas de decir que no lo consideras algo “fuerte”, pues si quieres llamo para hablar con ese chico a ver que nos parece – le dije.
– ¡Me estás tomando el pelo! – exclamó mi mujer con cara de asombro.
– No, va enserio, llamamos y que nos cuente… – empecé a decir.
– Bueno, por vacilar no pasa nada, llama a ver que quiere- aceptó al fin.
Marqué el número que había anotado y me contestó la voz de un chico joven. Se llamaba Enrique, me dijo que tenia 25 años, era de Barcelona y buscaba una pareja para sentarse a ver como follaban y que ellos obedecían sus órdenes, es decir él decía en cada momento que es lo que tanto el hombre como la mujer tenían que hacer. Entonces me pidió que describiera a Joana, cosa que hice con todo lujo de detalles, ya que preguntaba todo tipo de cosas como que tipo de sexo nos gustaba practicar, como éramos físicamente, si Joana llevaba el sexo rasurado, si le gustaba practicar sexo oral, si era virgen analmente… Yo creo que la conversación nos puso calientes a los tres y tras un rato de charla nos dijo que si nos animábamos podía desplazarse hasta nuestra casa o donde nosotros le indicásemos. En ese momento la cara de Joana cambió, acababa de darse cuenta que esto iba totalmente en serio. Yo no supe que decir y me quedé mirando a Joana.
Ella, de pronto, me quitó el teléfono de las manos y fue ella la que comenzó a hablar con él. Yo no oía al chico porque Joana se había retirado un poquito, hasta que ella le dijo que no estábamos seguros de que esto fuera una buena idea y que lo dejáramos aquí. Entonces sí como Enrique intentaba convencerla y finalmente desistió ya que Joana se cerró en banda. El la agradeció el buen rato que habíamos pasado charlando y la pidió que le mandara una foto de ella como compensación al calentón que tenía. Ella lo pensó dos segundos y al final accedió a mandarle una foto.
Me pidió que la sacara una con el móvil y se la mandáramos. Me estaba poniendo como una moto. Ver tan lanzada a Joana me producía un calentón enorme. Me acerqué a por el móvil y la fotografié con los pechos desnudos y un pequeño tanga. Una vez hecha la foto me quitó el móvil para verla y me pidió que la enviara con el texto: “para que te corras de gusto”.
Al cabo de 2 minutos sonó el teléfono, miré la pantalla y vi reflejado el número del chico, descolgué el teléfono y me dijo que Joana le parecía una chica espectacular y que se ofrecía a pagarnos 600 € por ver como nos lo montábamos.

Joana parecía asustada por el rumbo que estaban tomando las cosas y Enrique, al notar nuestro silencio, nos dijo que nos lo pensáramos y que le llamáramos para contestarle, que no era nada malo y que nos daba los 600 € por sentarse en una silla a ver como lo hacíamos.
Al colgar, Joana no sabía qué decir, afirmaba que era una barbaridad lo que habíamos hecho y que no volviera a llamar, pero ahora el que estaba animado era yo.
– Joana, nos da 600 euros por ver como lo hacemos, echamos un polvo rapidito y punto, 600 euros Joana, tú has dicho hace un rato que era como una película en directo, solo por verte desnuda y haciéndolo conmigo. Suponiendo que accedemos, él no podría tocarnos, ni sacar fotos, ni videos, solo sentarse y mirar, y el dinero nos lo debe dar antes de empezar…
– Vale, llámale – accedió al fin.
Enrique cogió el teléfono al instante, parecía ansioso, le conté las normas que debíamos seguir y nos dijo que no había ningún problema. Le dijimos el hotel y el número de habitación donde estábamos alojados y nos dijo que en 30 minutos estaría con nosotros aunque antes de colgar nos pidió que nos vistiéramos con nuestra ropa habitual y colgó.
La espera se hizo eterna. Joana no paraba de decir que nos íbamos a meter en un problema, que no sabíamos nada de la persona a la que íbamos dejar pasar a la habitación, que nos podía pasar algo. Sin darnos cuenta pasó el tiempo y golpearon a la puerta. Nos pusimos de pie y yo me acerqué a abrir y me encontré a un chico joven, con muy buen físico, pelo con melenita, ojos verdes, 1,80 de altura y unos 75-80 kg de peso. Le invité a pasar y una vez cerrada la puerta nos presentamos, le dio dos besos a Joana y a mí un apretón de manos. Al principio no sabíamos de que hablar hasta que Enrique, para romper el hielo, comenzó a preguntarnos cosas como nuestra edad, en que trabajábamos, nuestras aficiones. La conversación discurría como si fuéramos amigos del mismo grupo e hiciera mucho tiempo que no nos veíamos. El nos contó cosas suyas hasta que, poco a poco, salió el asunto por el que estaba allí. Nos dijo que él no haría nada que nosotros no quisiéramos así que le repetimos nuestras pequeñas normas y no hubo ningún problema ya que nos pagó de inmediato diciendo que no nos preocupáramos porque no llevaba nada mas que el dinero para pagar el taxi de vuelta y las llaves de su casa.
Para que no fuera algo muy brusco Enrique sacó del mueble bar algunas botellitas y nos ofreció para que las bebiéramos mientras charlábamos, que nos comportáramos como tres amigos que salen de copas y uno de ellos comienza a ponerse cariñoso con su novia. Al rato ya habíamos bebido unos cuantos botellines y si bien ninguno estaba borracho, eso nos hizo desinhibirnos un poquito.
Disimuladamente comencé a acariciar a Joana desde las rodillas hasta los muslos por encima del vaquero mientras charlábamos con Enrique.

Poco a poco ella me imitó y muy lentamente pasaba sus manos por mi pierna hasta casi rozar mi paquete. Pronto noté como mi erección iba en aumento, casi al mismo tiempo que Joana se encontraba cada vez mas suelta hasta que llego un momento en que ella se levantó y se sentó en mis rodillas comenzando a besarnos apasionadamente y poco después yo tocaba sus tetas por encima de la camiseta de lycra y su trasero por encima del vaquero.
Enrique se levantó sin darnos cuenta y apagó varias luces de la habitación, haciendo que fuera mucho más tenue. Joana me levantó y me guió al medio de la habitación donde comenzó a sobarme el paquete por encima del pantalón. Poco a poco fuimos desnudando hasta quedarnos en ropa interior. Joana ya estaba atacando mi polla metiendo su mano dentro de mi calzoncillo cuando le quité el sujetador dejando al aire sus preciosas tetas que presentaban unos pezones duros y erizados. Comencé a masajear sus pechos haciendo que mis manos los cubrieran casi en su totalidad y pellizcando sus pezones.
Ella bajó mi calzoncillo de golpe dejando libre mi polla, que en esos momentos estaba completamente erecta llegando a medir unos 18 cm. Ella, acercándose, me hizo sentir su tanguita y su barriguita contra mi polla, comenzando a hacerme una paja con una cara de lasciva que nunca había visto en ella y que me ponía a cien.
Después de un rato no pude aguantar más y la lancé encima de la cama, le bajé el tanguita hasta las rodillas y apareció ante mí su conejito, rasurado casi en su totalidad, excepto un pequeño hilito de pelos en el centro de su monte de Venus, y me lancé como un toro a comerle el coño. Ella retorcía sus dedos entre mi pelo. Casi nunca me dejaba comerle el coño y hoy parecía como si quisiera que se lo arrancara. Pasados unos cuantos minutos se corrió en mi cara, bebiéndome yo la mayor parte de sus caldos. Hasta aquel momento no había tenido en cuenta la presencia de Enrique hasta que dijo:
– Joana, ¿no te apetecería comerte esa polla tan hermosa hasta vaciarle los huevos a tu marido?
– Lo estoy deseando – contestó ella – Observa como se hace un buena mamada.
Joana me hizo tumbar boca arriba, en la misma posición en la que había estado ella, terminó de sacarse su tanguita y para mi sorpresa se lo lanzó a Enrique y mientras él olía con cara de placer el tanga de mi mujer ella me chupaba la polla como nunca me lo había hecho.
Me pajeaba al tiempo que su lengua jugaba con mi glande, me la chupaba de arriba hasta abajo, me mordisqueaba los cojones y succionaba la cabeza de mi polla como si estuviera chupando un chupa-chups.
Debido a que debía concentrarme para no correrme, no observé hasta un buen rato después que ella mientras me comía la polla había adoptado una postura con el culo en pompa, justo enfrente de Enrique, con las piernas abiertas para que nuestro invitado pudiera ver su coño completamente empapado y entre sus piernas la magnifica mamada que me estaba haciendo.

Segundos después Enrique ordenó a Joana que parara, cosa que agradecí porque estaba a punto de correrme y no quería terminar la noche de aquella manera.
– Venga, Ignacio que Joana tiene ganas de sentir polla en su coñito, que lo tiene chorreando – me dijo él.
– Tú quédate donde estás que vas a ver como me folla mi marido y no te pierdas detalle de como lo cabalgo – replicó ella.
Joana me acomodó en la postura que estaba y separándose los labios del coño con una mano dirigió mi polla hacia su conejo y estaba tan mojada que al dejarse caer sobre mi un sonido de chapoteo acompañó el sube y baja que Joana me estaba regalando. A medida que miraba su cara comprendía que estaba fuera de sus casillas, estaba disfrutando como una loca, hasta que llegó un momento que se tumbó sobre mi y comenzó a besarme pidiéndome que la separara los cachetes del culo con mis manos para que Enrique pudiera ver mucho mejor como entraba y salía mi polla.
Saludos y el resto te lo contaré en una próxima carta.

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