Relato erótico

Con buen rollo

Charo
8 de noviembre del 2018

Envió la primera parte de este relato hace un tiempo y para no alargarse nos dijo que nos contaría el final. Ocurrió hace unos años y ya nos explicaba que fue una experiencia inolvidable y que su amistad sigue “vigente” en la actualidad.

Verónica – SALAMANCA

Amiga Charo, te recuerdo que me llamo Verónica y que soy estudiante de psicología. Ahora tengo 23 años y estoy a punto de terminar la carrera. Pero lo que empecé a contarte comenzó hace cinco años, cuando estaba en primero de carrera y el curso estaba apunto de terminar. Faltaban solo cuatro semanas para terminar el curso cuando empecé a oír algunos comentarios sobre una fiesta.
Terminé el texto de la experiencia anterior diciendo que Rodrigo se bajó de la cama y completamente desnudo como estaba se acercó a mí y mientras daba una vuelta a mí alrededor observándome, me dijo:
– Nunca me había fijado en el cuerpo tan hermoso que tienes.
Tras eso, me desabrochó el vestido y lo dejó caer al suelo dejándome completamente desnuda.
– Realmente eres hermosa – agregó.
– Y su amigo tampoco está mal – dijo Sonia sentada sobre la cama.
Miré a Mateo, tenía el sexo aún erecto sobresaliendo por su bragueta.
– Y todavía no se ha quedado satisfecho – observó Rodrigo – ¿Por qué no haces algo por él, bonita? – me dijo.
Yo miré a Mateo, él acercó su boca a la mía y me besó pegándose a mí, lo que aproveché para acariciar su sexo erecto.
– Hoy tendremos espectáculo gratis y desde la primera fila – dijo Rodrigo sentándose en la cama.
Entonces le quité a Mateo la camisa sin dejar de besarle y luego poniéndome de rodillas frente a él le despojé de su pantalón dejando libre su erguida polla que tomé con delicadeza y comencé a chupar con afán, primero chupando el glande y lamiéndolo en círculos y metiéndomelo después hasta la mitad en la boca, luego lo saqué y lamí el tronco hasta la base. Subí mi vista hacía Mateo para verle la cara y tenía los ojos cerrados mientras suspiraba entrecortadamente a la vez que echaba la cabeza hacía atrás. De pronto sentí unas manos tocando mi culo y la presencia de alguien tras de mí, las manos acariciaron mis nalgas y luego se dirigieron hacía mi sexo húmedo y lo acariciaron. Sentí unos labios besando el lóbulo de mi oreja y luego la voz de Rodrigo me susurró:
– Muy bien, lo estás haciendo muy bien.
Mateo me sujetaba fuertemente por los hombros y apretaba sus manos sobre ellos, era la señal inequívoca de que iba a correrse, por lo que dejé de chupar su miembro. Entonces Mateo se alejó de mí y Rodrigo me empujó hacia adelante para que me pusiera a cuatro patas sobre el suelo y noté el erecto falo de Rodrigo luchando por abrirse camino hacía el interior de mi chocho y cuando por fin lo consiguió se recostó sobre mi espalda, dirigió sus manos hacía mis desnudos pechos y sujetándose en ellos empezó a arremeter una y otra vez.
– ¡Aaaaah… ah… ah…! – comencé a gemir al sentir el agradable placer que me producía.
– Eso es, disfruta.

– ¡Oooh… sí…! – oí un gemido tras nosotros y giré mi cabeza hacía la cama.
Allí vi a Mateo comiéndole el coño a Sonia y esta, sujetándole fuertemente la cabeza, se estremecía de placer suspirando. Aquella visión aún me excitó más y empecé a recular hacía Rodrigo para sentir más profundamente sus embestidas. Rodrigo, dio un fuerte empujón hacía mi tratando de que su verga me entrara por completo y luego atrayéndome hacía él ambos nos erguimos quedándonos de rodillas.
– ¡Toma golfa, toma! – me increpó empujando con fuerza su sexo hacía el interior de mi vagina.
Gemí estremeciéndome a punto de lograr mi segundo orgasmo de la noche. Rodrigo dio un par de empujones más y yo me corrí en medio de una gran convulsión cuando Rodrigo sacó su sexo de mí y me giré hacía Mateo y Sonia. Él estaba acostado sobre la cama, con su sexo enterrado en el de Sonia y ella lo cabalgaba como una posesa. Rodrigo se acercó hacia ellos y poniéndose detrás de Sonia dirigió su erecta polla hacía el culo de ella y la penetró.
– ¡Ummmm, sí, maravilloso! – exclamó Sonia con voz de viciosa.
Yo, sentada en el suelo frente a ellos observándoles, empecé a acariciarme el sexo. Sentía un calor especial en mi cuerpo y la necesidad de sentirme llena, por eso me introduje un par de dedos y jugueteé con ellos en mi interior. Sonia me miró y con su mano me pidió que me acercara a ellos, así lo hice, me puse en pie y me acerqué a ellos. Sonia, dirigió su mano hacía mi sexo y empezó a acariciarlo delicadamente, como solo una mujer sabe hacer, me ofreció sus labios y nos besamos. Entonces sentí unos dedos abriéndose paso en mi ano. Era la mano de Rodrigo. Así sintiendo el dedo de Rodrigo entrando y saliendo de mi ano y los delicados dedos de Sonia hurgando en mi clítoris mi cuerpo volvió de nuevo a estremecerse de placer. Entretanto Mateo y Rodrigo se follaban a Sonia, cuando uno empujaba hacía ella el otro se alejaba y así alternativamente, haciendo que Sonia, gimiera y suspirara extasiada. En pocos minutos todos gemíamos por el placer y la excitación que inundaban la habitación.
Mateo y Rodrigo, por el contrario, trataban de soportar el deseo sin correrse y en cuanto mi compañera dejó de estremecerse ambos sacaron su sexo de ella y la dejaron tumbada sobre la cama agotada por el placer.
– Ahora te toca a ti – dijo Rodrigo mostrándome su erecto falo, para que me sentara sobre él, y así lo hice.

Me puse frente a él, me introduje su sexo en mi coño y empecé a cabalgar sobre él, pero no por mucho tiempo, ya que enseguida sentí como Mateo se colocaba detrás de mí y dirigía su pene erecto hacía mi agujero trasero. Con mucho cuidado me penetró y sentí como ambas pollas me llenaban, era una sensación sublime, indescriptible.
Enseguida Mateo empezó a empujar, lo que hacía que el sexo de Rodrigo entrara y saliera de mí, los movimientos de Mateo eran lentos, mientras sus manos masajeaban mis tetas y yo trataba de besar a Rodrigo de acariciaba mis nalgas también suavemente. Sonia a nuestro lado exclamó:
– ¡Chicos, como me estáis poniendo!
Así que dejé de besar a Rodrigo, le indiqué a Sonia que se acercara y se pusiera en pie junto a nosotros y entonces, haciéndole abrir las piernas comencé a lamer su tierno y húmedo clítoris. De nuevo en pocos minutos, los cuatro gemíamos de placer.
En cada embestida que mis compañeros me arreaban mi cuerpo se convulsionaba, lo que hacía que mi boca se cerrara sobre el clítoris de Sonia y también esta gimiera. Decidí entonces usar mi lengua como un pequeño pene sobre su vagina introduciéndolo una y otra vez, al mismo ritmo que era penetrada por Rodrigo y Mateo. Así conseguí que Sonia se corriera, tras lo cual me concentré en el placer que los dos chicos me proporcionaban. Sentí como Rodrigo empujaba con fuerza, como se hinchaba su sexo en mi culo y como tras un fuerte empujón me llenaba con su semen, eso hizo que también el pene de Mateo se hinchara y me llenara con su semen, lo que provocó un nuevo orgasmo en mi cuerpo que me dejó agotada.

Segundos después los cuatro permanecíamos tumbados sobre la cama. Rodrigo y Mateo fumaban un cigarrillo, mientras Sonia y yo hablábamos de nuestras cosas.
A partir de aquel día una bonita amistad nació entre los cuatro, y aún hoy perdura en el tiempo.
Besos de todos.

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