Relato erótico

El día de mi boda

Charo
14 de marzo del 2019

Lo que empezó con una inocente depilación de chocho, acabo en una verdadera orgía. Fue una velada caliente y viciosa, además si tenemos en cuenta que era el día de su boda…

Susana – LLEIDA
El día de mi boda, me encontraba realmente hermosa. Normalmente dicen que soy muy atractiva. Tengo los ojos verdes, cabellera rubia a media espalda y mis labios son carnosos. Mido
1,70 cm, peso 54 kilos, mis medidas son 105, 60, 110 y mis pechos y mi culo son muy duros y salidos.
Pero ese día, bien maquillada, muy cuidada, con un hermoso vestido de novia súper escotado y con corsé que realzaba aún más mis pechos de rosados pezones, que cuando me excito quedan enormes, puntiagudos y muy sensibles, me sentía muy guapa y deseable. El vestido largo hasta el suelo, pero con la particularidad que la falda se puede desprender y queda convertido en una mini falda que no alcanza a tapar mi culo. Este cambio de modelo estaba pensado para lucirlo delante de mi marido cuando estuviésemos solos.
Completaba mi vestimenta un seductor portaligas con medias de red blancas, zapatos de súper tacón y un mini tanga totalmente transparente.
Por la tarde me estaba vistiendo con la ayuda de mi mejor amiga y cuando me puse el tanga me dijo:
– Discúlpame, pero me parece que se vería mucho mejor si vas totalmente depilada.
– No se como se vería mi coñito depilado, nunca he visto uno así,
– Mírame – me dijo y se quitó el vestido y el tanga.
Entonces pude apreciar lo hermoso que se veía su coño totalmente depilado, pero lo mas extraño fue cuando tomó mi mano y me la pasó por su rajita para que demostrarme lo suave que estaba. Quedé un poco cortada pero me gustó la sensación y le dije:
– Pero, como hago ahora si faltan dos horas para mi boda y no sé quien me puede depilar.
Mi amiga tenía todas las soluciones y me dijo que ella siempre llevaba en su bolso las tiras para depilarse. Me pidió que me acostase con las piernas abiertas al borde de la cama y comenzó a depilarme. Como me quejaba mucho del dolor me dijo que me iba a masajear la zona un ratito para que no sintiese tanto dolor e inmediatamente comenzó a pasar su lengua por mis labios, mi coño y mi culo.
Quedé sin respiración, hacia tiempo que éramos amigas y nunca se había insinuado. Quise protestar o decirle algo, pero en aquel momento empezó a chuparme el clítoris y me concentré en el placer que sentía. Yo movía las caderas como una posesa, me estaba gustando mucho su “masaje”.

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Cuando apartó la lengua de mi clítoris y yo iba a protestar, pegó otro tirón que me hizo gritar. Era una mezcla de placer y dolor. Repitió el procedimiento y nuevamente el tirón y el dolor que mezclado con el placer era muy excitante.
– Sigue no pares, por favor – le dije.
Mi amiga fue repitiendo el proceso hasta que quedé totalmente depilada y excitada. Luego me pasó una crema suavizante y me hizo vestir.
– No puedo quedar así de caliente, si no me haces correr me voy a masturbar yo sola – le dije.
– Nada de eso – me dijo – cuando regreses de tu luna de miel te prometo que nos vamos a ver más seguido y vamos a disfrutarnos mutuamente, ahora no hay tiempo.
La boda transcurrió normalmente, con nuestros amigos y familiares, hasta las tres de la mañana, cuando fui al baño y mi amiga me siguió para despedirse. Me cogió entre sus brazos y me dio el primer beso con lengua que me daba una mujer y no solo eso sino que me hizo apoyar las manos en el espejo y subiendo mí falda me metió dos dedos en el coño que estaba totalmente mojado, metiéndolo y sacándolo durante unos minutos. Hasta que aprovechando mi lubricación, me metió otro dedo en el culo, hasta ahora virgen. Luego me metió tres dedos en cada lado y moviéndolos haciéndome casi llegar a un orgasmo por lo que llevé mi mano a mi clítoris pero, inesperadamente, la puerta se abrió.
Nos retiramos del baño, yo caliente como nunca lo había estado. Tenía que follar, tenía que correrme, lo necesitaba. Me palpitaban el coño y el culo, mi clítoris estaba tan duro que levantaba el tanga y parte de mis pezones se veían por encima del corsé de mi vestido y aunque traté de que mis pezones no se vieran, me fue imposible.
Por suerte ya quedaba muy poca gente en la reunión. Estaba mi marido, totalmente borracho, con sus amigotes también bastante bebidos, los mozos y el barman. El resto de las personas se habían retirado. Traté de despertar a mi marido, pero estaba muy borracho y yo tenía que follar.
Como una perra en celo miré al barman y a los camareros, todos chicos jóvenes, más o menos de mi edad, 20 años
– Dame un tequila, y baila conmigo que no he bailado con vosotros – les dije, y desprendí la parte de debajo de mi vestido y bajé un poco el corsé permitiendo ver lo grande y duros de mis pezones.

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Me abracé a uno de los camareros y comencé a bailar con él, refregándome, y notando como se le endurecía la polla. De pronto, desde atrás, unas manos desprendieron mi corsé, cayendo este con la faldita al suelo al tiempo que otras manos se llevaban mi mojado tanga.
Seis manos recorrieron todo mi cuerpo, apoderándose de mis tetas, tirando de mis pezones y hurgando en mi culo y mi coño.
El barman apareció desnudo de detrás de la barra, me hizo arrodillar ante él y me ofreció su polla que comencé a chupar con verdadero placer.
En el acto uno de lo camareros me cogió de las caderas y me levantó el culo apoyando la polla en él, pero tuvo que empujar con mucha fuerza ya que mi ano era virgen. Por suerte la polla de este hombre no era muy grande y pasó con poca dificultad. Bombeada por la boca y el culo me creía morir, pero faltaba algo más.
El chico que me estaba dando por el culo se corrió casi enseguida a la vez que yo conseguía mi tan añorado orgasmo, que al revés de lo que pensaba, en vez de dejarme calmada me dejó más caliente. Uno de los amigos de mi marido, ya desnudo y luciendo una polla enorme, se acostó en el suelo y me pidió que me sentase sobre él. Cuando lo fui a montar, me dijo que le diera la espalda y me colocó la cabeza de la polla en el culo. Por el gran tamaño no me entraba en el ano hasta que me cogió bien fuerte de las caderas y presionó hasta que la polla llegó al fondo.
Grité de dolor y placer y me dejé caer de espalda sobre su pecho y entonces uno de los camareros me montó sentándose en mi barriga y poniendo su polla entre mis tetas, comenzando a pellizcarme los pezones a la vez que se masturbaba con mis pechos. Era como si me estuviera follando las tetas. Pero no pude pensar mucho pues ahora me hacían chupar otra polla, la de otro de los amigos de mi marido que no tardó demoró en correrse en mi boca, llenando mi cara y mi pelo de leche.
Estaba próxima a otro orgasmo cuando sentí que otra verga imponente se estaba metiendo en mi coño, que la recibió con verdadero deleite.
Ahora sí. Un macho en el culo, otro en la boca, otro en el coño, otro en las tetas y masturbando a dos más. No lo podía creer, me estaban follando seis tipos a la vez y yo me estaba corriendo en medio de temblores y alaridos. Esa noche me hice follar por diez hombres y creo que cada uno me jodió por lo menos tres veces.

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El caso es que cuando me folló el último, a las nueve de la mañana, yo me encontraba totalmente sucia por las múltiples corridas de todos esos machos y fueron incontables las veces que me corrí y la cantidad de leche que bebí. Al final quedamos en reunirnos una vez al mes para revivir esta experiencia.
Al mediodía ya podía caminar y me coloqué el vestido sobre la leche de mis amantes y entre todos me ayudaron a subir a mi marido a nuestra habitación de luna de miel.
Como despedida, uno a uno me follaron por el culo antes de irse y luego me ponían la polla en la boca para que se las dejase bien limpias.
Cuando se fueron me dejaron diez eyaculaciones alojadas en mi intestino. Apretando el culito para que no se me escapara ni una gota, desnudé a mi marido y se la comencé a chupar. Cuando la tenía bien dura me senté sobre su polla y metiéndola en mi culo lo comencé a follar mientras destapaba una botella de cava, tomaba un par de tragos y me volcaba el resto en mi cabeza, quitando la leche de mis amantes. Mojado por el cava, mi marido se despertó y comenzó a correrse llenando aún más mi culo de leche, y provocando mi último orgasmo de esa velada.
Cuando me sacó la polla del culo, yo metí la botella dejando que toda la leche que tenía cayera dentro de ésta. En total fue como cuarto litro de esperma que, triunfante, se la mostré a mi marido diciéndole:
– Mira, mi amor, que cantidad de leche…
Él miró y me contestó, muy inocente:
– Es que estaba muy caliente…
Besos a todos.

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