Relato erótico

Fue mucho mejor

Charo
13 de marzo del 2019

La conoció aquellas Navidades y se citarón en casa de una amiga con la que pasaba estos días. Exactamente no fue una cita como se esperaba, si no que fue mucho mejor.

Vicente – Madrid
Hola, amigos, mi nombre es Vicente, tengo 28 años y la historia que aquí cuento es total y absolutamente verídica. Es más, ni siquiera invento los nombres de las personas que conmigo vivieron esta historia para de esa manera hacer de ello un relato que esté basado en hechos reales con todos sus condicionantes.
Me considero una persona muy normalita. El sexo en mi vida tiene la importancia justa. Acabo de sufrir una historia de desamor que me impide tener pareja estable, porque no he superado mi historia anterior. Por eso afronto el sexo con relaciones esporádicas de esas que vienen y van.
En Navidades, conocí a Guadalupe, que a pesar de sus 39 años, aparentaba tener menos. En un principio me llamó la atención por su simpatía y casualmente también pasaba en Madrid las fiestas navideñas. Pasamos una grata noche acompañado por una amiga suya y dos amigos míos. La noche concluyó con el único bagaje de unos besos furtivos, fruto más de los efectos del alcohol que de la pasión, pero que sirvió como excusa para quedar al día siguiente.
Ella compartía casa con una amiga de su madre que era mayor, y le daba alojo esos días de vacaciones. De 56 años aproximadamente, esta mujer era soltera. Me sorprendió que Guadalupe me citase en la casa de esta señora pero ella no disponía de coche para desplazarse y ni mucho menos sabía moverse por la ciudad.
La señora, que se llamaba María, hablaba por los codos. Mantenía conversaciones intrascendentes que yo solo seguía por pura cortesía. Me contó que ella se encontraba muy sola y agradecía la visita de su sobrina, pero que sabía que en unos días marchaba. En estas andábamos cuando llegó Guadalupe, estaba ciertamente atractiva y me dio dos besos en la mejilla con tanta suavidad que la deseé en ese momento.
Hablamos todo y cuando entramos en el terreno de lo personal, Guadalupe le soltó la siguiente pregunta:
– María ¿no serás virgen?
Me quedé pasmado, pero Guadalupe me dijo que no pasaba nada y me pegó un morreo de escándalo.
Vi que María no se escandalizó.
– ¡Ah!, pero sois novios – dijo.
– ¿Cómo novios? Si yo llevo aquí dos días. Es un amigo con derecho a roce – a mí se me subían los colores.
– Ah!, mira que bien, ya veo que no pierdes el tiempo – le dijo ésta – Pues tened cuidado con estas cosas que luego vienen las tonterías. Si queréis os dejo solos.
De pronto, Guadalupe, le preguntó.
– ¿A qué es guapo?

– Hija, estás poniendo a Vicente en un compromiso -contestó, pues me lo notaba en la cara – Pero sí que lo es.
Yo no sé qué maquinaba Guadalupe en aquel momento, pero le dijo a María:
– ¿Tú lo harías con un hombre más joven que tú?
– Cuando eso sucede, el hombre es el que decide, pero yo no creo que pueda motivar a un hombre joven en ese aspecto – ella respondió.
– Vicente, ¿tú lo harías?
– Pero qué preguntas haces, mujer. ¿Guadalupe es así siempre? Tú eres muy lanzada – le dije – Y yo qué sé.
– Guadalupe, lo estamos cortando al chaval. No seas tan directa, ¿no ves que se está incomodando?
– Que no María, que lo está deseando.
De pronto me cogió de la mano, me levantó y me arrastró hacía el pasillo. Como un zombi, me dejaba llevar. En el pasillo a la par que me besaba, me dijo:
– ¿Dejamos participar de esto a María?
Yo alucinaba, pero ya estaba vilmente excitado.
– ¿Te estás quedando conmigo?
– Que no tonto, que no pasa nada, déjate llevar, entra en esa habitación y espérame.
Sin cómo ni por qué, le hice caso. Al momento, se presentó Guadalupe con María. El corazón se me salía del pecho. Las dos mujeres se me acercaron. Guadalupe me cogió de la mano y con un pequeño apretón me acercó a María que debía de andar tan dudosa y cortada como yo, porque el semblante de su cara, así lo denotaba.
– Bésala – me dijo Guadalupe.
Titubeé, pero deseaba besarla, pues me daba mucho morbo. Me acerqué y la besé. Sus labios eran tiernos, pero no se movían. Guadalupe volvió a tomar la iniciativa. Me empezó a desnudar. De golpe me retiró el suéter, me desabrochó la camisa y empezó a besar mi cuello, mi pecho y mis brazos. Yo permanecía inmóvil. Me desabrochó el cinturón y me retiró los pantalones.
Ahí estaba yo en calzoncillos, con mi polla a 100 ante dos mujeres que parecían ansiosas de devorarme.
– Te toca a ti, María.
María que hasta entonces se había mantenido fría, se me acercó, y me empezó a acariciar. Guadalupe se había situado detrás de mí y me besaba el cuello a la par que me succionaba la oreja. María ya desinhibida deslizó en un abrir y cerrar de ojos mis calzoncillos. Mi polla brotó a la par que sentía entre mis tobillos deslizarse la prenda. María lo sujetó entre sus manos, como aquella que admira un tesoro. La cogí de sus mejillas, le levanté la cabeza y la besé tiernamente. Ahora sus labios ya respondían a mis besos, mientras Guadalupe deslizaba su lengua por mi espalda hasta llegar a mis glúteos, donde jugaba con sus manos y boca.

No hablaba nadie. Parecía un pacto de silencio entre los tres. Yo desnudo ante dos mujeres maduras aún vestidas que parecían conformarse con poseerme con caricias y besos. Guadalupe rompió el silencio, invitando a su María a que me la chupara. Esta parecía poco reacia. De pronto Guadalupe de rodillas frente a mi polla empezó a succionarme los testículos y con su lengua a recorrer mi falo, erecto e imperturbable. Roto el hielo, María se agachó y siguiendo las pautas de Guadalupe, la siguió con sus gestos. A ambos extremos de mi miembro, dos lenguas se deslizaban. Ardía de excitación. Sensaciones novedosas recorrían mi cuerpo. Tenía la sensación de estar siendo utilizado por Guadalupe para dar una alegría a su amiga, reprimida durante años que a buen seguro disfrutaba esa tarde de sensaciones que o bien eran nuevas o bien estaban olvidadas.
La felación se había convertido en un mano a mano entre Guadalupe y María. La una parecía la maestra y la otra su alumna. La suavidad de Guadalupe iba unida a la lentitud de María, que más bien parecía saborear despacio ese caramelo que nunca quieres que se acabe. Guadalupe se levantó mientras María continuaba. Parecía incomoda vestida. Se retiró la blusa blanca y un sujetador negro que escondía sus magníficos pechos. Se retiró el pantalón dejando a la luz un tanga del mismo color que me hizo comprobar la espléndida figura de alguien que cultiva su cuerpo con ejercicio físico. Como un poseso retiré suavemente a María y me centré en Guadalupe. Le quité el tanga y la contemplé en su total desnudez. Mi excitación no tenía fin. Era realmente preciosa. La impulsé a la cama y empecé a tomarle sus pechos. Guadalupe con sus manos empujando mi cabeza muy excitada parecía invitarme a visitar su sexo.
A mi inmensa excitación, había contribuido de forma muy agradable la buena impresión que me había llevado al contemplar la desnudez de Guadalupe. Por un momento me olvidé de la presencia de María y me centré en Guadalupe, a la que en ese momento deseaba fervientemente.
Su sexo, perfectamente aseado, se ofrecía en mi boca que sin pérdida de tiempo, devoraba sin piedad. He de reconocer que la práctica del sexo oral me encanta y que quizás por ello, el cunnilingus, sea por así decirlo una de mis cartas de presentación al practicar sexo. Guadalupe disfrutó, sus movimientos pélvicos y sus jadeos, parecieron reactivar a mi lengua que recorría sin cesar el sexo de Guadalupe, hasta que ésta tirándome del pelo, explotó en mi boca a voz en grito con un orgasmo sensacional, que a fuerza de ser sincero, me llenó de satisfacción.
Por un momento, la presencia de María, había pasado a un segundo plano. El hecho de centrarme en Guadalupe, me había hecho olvidar a María, que por otro lado durante todo este tiempo había permanecido observando cual “voyeur”, en la distancia. Aún permanecía vestida.

Mi excitación no tenía límites, me sentía protagonista y reforzado ante el éxito del cunnilingus de Guadalupe, que permanecía aún exhausta, me acerqué a María. La besé intensamente por toda su cara agarrándola de los pelos con una mano y con la otra masajeando sus pechos y glúteos. Ella a su vez, respondía dejándose llevar y acariciando mi polla que permanecía empalmada y ávida de coño.
Ahora ansiaba ver desnuda a María, y torpemente empecé a desnudarla. Recuerdo que le rompí la cremallera de la falda. Mis ojos ahora observaban a una María que se ofrecía en ropa interior, su cuerpo fruto de los años era antagónico al de Guadalupe. Sin embargo sus enormes pechos algo caídos y su cintura amplia de caderas me seguían ofreciendo un morbo que me excitaba igualmente.
Le pedí a María que se sacará el sujetador. No quería volver a mostrarme torpe. Sus pechos, enormes como ubres, ofrecían unos pezones inmensos que pasé a devorar y en estas estaba, cuando noté por detrás el abrazo de Guadalupe que de nuevo se ofrecía con sus caricias pellizcando mis glúteos y tomando mi polla.
Entonces pedí a María que se quitara las bragas, y ante mi sorpresa fue Guadalupe quién realizó esta operación, apareciendo un coño repleto de vello al que rápidamente me dirigí para acariciar.
Pero esa es otra historia, que si os interesa terminaré de contar en otra ocasión. Desconozco si lo que hasta ahora llevo contado os ha llegado a transmitir las sensaciones que yo experimenté, pero os garantizo que hubo bastante más y que permanece grabado en mi mente como si estuviera ocurriendo ahora mismo. Sin embargo temo que la historia no interese o aburra, por eso prefiero dejarla aquí.
Saludos.

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