Relato erótico

“Limpieza” a fondo

Charo
15 de marzo del 2019

Estaban de vacaciones y como su madre se estaba recuperando de una intervención en el hospital, su padre, decidió contratar a una señora para que se ocupara de la casa y limpiara un poco. Para nuestro amigo, fueron unos días de “limpieza” a fondo.

Miguel – GIRONA
Esta historia ocurrió cuando yo tenía 18 años, para ese entonces me encontraba de vacaciones, era agosto, y en ese mes, aquí en Llançà, hace un calor insoportable.
Mi madre se encontraba hospitalizada por un problema de salud, una operación a la vesícula, mis hermanos estaban trabajando al igual que mi padre y un día, domingo por la noche, mi padre nos dijo que había contratado a una señora conocida suya, para que viniera a lavar la ropa y limpiar la casa. Mis hermanos asintieron y yo feliz de la vida, pero mi padre me dijo que tenía que quedarme toda la mañana en casa porque era la primera vez que venía y no sabía dónde estaban las cosas.
Al día siguiente mi padre me llamó temprano, a las 7, para presentarme a la señora, se llamaba Dora, parecía de unos 40 años, estaba metidita en carnes, no era muy alta pero, me sorprendieron sus grandes y voluptuosas tetas y su trasero, redondo y también grande, que además sobresalía, ya que llevaba una falda algo ajustada. Bueno, después de la presentación, y de algunas bromas, me volví a la cama, pues yo acostumbraba dormir hasta las 11. Como estaba de vacaciones, me levanté, mi padre se había ido, la señora estaba en el patio tendiendo la ropa y yo me dispuse a ver la televisión. Ese día no pasó nada, ni siquiera hablamos mucho, ella se fue a las 12 del mediodía y yo me fui a comer a la pensión cercana.
Al siguiente lunes, Dora vino de nuevo, pero esta vez mi padre ya no me despertó, me dejó dormir. Debo decir que mi habitación queda exactamente delante del patio, y por el calor yo dormía solo con mi calzoncillo y con la puerta abierta para que entrase el aire del patio. A eso de las 9 me di cuenta que Dora miraba de vez en cuando a mi habitación y yo, entre sueño y sueño, miraba para ver qué hacía. La veía tender la ropa, dando la espalda a la puerta de mi dormitorio, así que veía el vaivén de su trasero en cada sacudida de ropa, además de un par de veces ver como se agachaba a recogerla del cesto, quedando de perfil y dejando a mi vista sus tremendas tetas que se traslucían por su blusa mojada. Todo aquello me produjo una erección.

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Ella había acabado de tender toda la ropa y me dijo, en voz alta, que se disponía a limpiar la casa, a lo que asentí. Yo estaba echado en el sofá viendo la TV, entonces se acercó con la aspiradora y comenzó a limpiar la sala. Apagué la TV por el ruido y me puse a leer, mientras que de reojo veía los movimientos de Dora. Eso me iba poniendo más excitado a cada minuto que pasaba. Yo ya no aguantaba, pero como soy demasiado tímido para intentar algo, me levanté y me fui al baño a masturbarme, imaginándome a Dora en mi cama, solo con su braguita, imaginándomela amarilla y húmeda, y las tetas de esta señora que me volvían loco. Terminé con un chorro de leche caliente sobre el lavabo.
Pensé un plan para el lunes siguiente. Estuve toda la noche excitado pensando en lo que podía ocurrir.
A las 9 me levanté y vi que Dora ya estaba tendiendo la ropa y como siempre
Llevaba una falda ajustada que marcaba su culo gordo y tentador. Me dispuse a realizar mi plan, estaba totalmente excitado pensando en ello. Saludé a Dora desde mi cama, diciéndole que hacía mucho calor, a lo que ella me dijo que sí, que porque no me levantaba ya.
Yo le contesté que estaba echado solamente y que el airecito del patio me refrescaba; también le pregunté si podría hacerme el favor de limpiar mi habitación, a lo que ella se rió y me dijo que era un vago, se lo pedí por favor, que estaba de vacaciones y otras tonterías más, y al final ella me dijo que lo haría. Yo le di las gracias, y me quedé allí en la cama esperando que limpiase mi habitación. En ese mismo instante; ella me dijo desde el patio que aún le faltaba tender más ropa, pero que lo dejaría y pasaría a limpiar mi habitación en ese mismo instante. Yo me excitaba cada vez más viendo como mi plan daba resultado.

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Dora entró en mi habitación y empezó su labor, yo estaba medio tapado en la cama, y entonces le empecé a preguntar si estaba casada, y me dijo que su marido estaba de viaje y que no le mandaba nada de dinero, que tenía una hija de 13 años, que estaba en su casa. Yo le dije que debe de ser difícil estar así, ella me daba la razón, todo esto sin dejar de limpiar hasta que fue ella la que empezó a preguntarme qué iba a estudiar y en donde, yo le respondía mientras que me iba liberando de la sábana que me tapaba, quedando casi expuesto mi miembro.
Dora en eso, se sentó a un lado de mi cama para limpiar mi mesita de noche y yo me aventuré a acercarme un poquito a su trasero que estaba a centímetros de mi polla, pero con mi calzoncillo claro, mientras seguíamos conversando de su tierra natal. Cada vez me acercaba más a ella, y como no me decía nada, yo seguía. En eso Dora se movió un poquito hacia atrás sentándose casi sobre mí, ahora si estábamos pegados. Yo no dije nada, me quedé mudo, ahora sí que estaba excitadísimo, y mi polla empezó a escaparse de mi calzoncillo, mi gordo capullo rozaba su trasero, separados solo por su falda, pero la señora no me decía nada, era imposible que no se diera cuenta de lo que pasaba.
Ella se movía para limpiar y yo la seguía con la mirada, mi polla frotaba su culo, y ella no decía nada, solo sonreía, así que me lancé y le acaricié los pechos, luego bajé, levanté su falda y… ¡no llevaba bragas! Vi su coño, sus labios y comencé a abrirlos pudiendo ver su interior rosado, húmedo y brillante. Yo la acariciaba con mis dedos, estaba enloquecido por el olor que de su coño emanaba. De pronto, ella se levantó y sin más se sentó sobre mí, sentí un enorme calor en mi rabo, mirando sus tetas queriendo salir de su sujetador y le susurré que se las sacara de él y ella lo hizo.
Dora se movía con maestría y mi polla notaba la estrechez de su chocho, no pude resistir más y se lo llené de leche. Cuando iba a sacarla, me dijo que no lo hiciese que quería sentir mi polla un ratito más.
Después de unos minutos, nos levantamos, ella se vistió y yo fui a asearme, después ella hizo lo mismo. Luego fui a arreglar mi cama. Dora se puso a hacer su labor, pero cuando salí de mi habitación no me resistí al ver como se movía, me acerqué por su espalda y comencé a moverme al compás de ella mientras mis manos la abrazaban acariciando sus tetas.

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Ella me decía que ahora no, que se le estaba haciendo tarde, pero mientras decía esto, nos dirigimos a mi habitación. Nos morreábamos y Dora y se dejaba, llegamos a mi cama la eché boca abajo, ahora sí que estaba bastante consciente y comencé a sacarle la ropa, dejándola desnuda por completo, besaba su espalda bajando lentamente hasta llegar a su trasero, besé sus nalgas, y exploré con mi lengua todo lo que encontraba entre aquellos enormes cachetes, además de acariciar su coño con mis dedos y ella, sorprendentemente, no se quejaba de nada, se dejaba acariciar el ano sin ninguna queja, más bien todo lo contrario, gemía débilmente.
Yo me desvestí rápidamente y me eché sobre ella, dirigiendo mi polla hacia su coño. Esta vez era yo el que tenía el control y empecé un vaivén furioso de metisaca que parecía gustarle, ya que mi rabo a cada salida se veía más brillante por los fluidos que ella soltaba. Después de estar en esa posición por un largo rato empezó a insultarme, gritándome que no parara por favor, y noté claramente cuando se corrió, ya que me mojó hasta las pelotas. Yo aún no quería correrme, así que después de que ella se corrió, la di la vuelta. Ella me miraba de una manera bastante extraña, mezcla de sorpresa, alegría y excitación. Comencé a chupar sus tetas mientras empecé de nuevo a meterle mi verga en el coño, pero esta vez me movía sin sacarla y además de esto le chupaba desesperadamente sus enormes tetas. Debía gustarle muchísimo ya que, agarrándome de los cabellos, empujaba mi cara contra sus tetas.
Después de estar así un buen rato, ella se puso a cuatro patas y me dijo que ahora sí, que se la metiera por el culo, que se lo rompiera. Me paré un momento, pero sin pensármelo, se la metí en el culo hasta la empuñadura. Era tan bueno que me corrí como un loco al poco rato.
Nos quedamos un momento echados en la cama abrazados, ella me confesó que hacía tiempo que su marido la había abandonado en realidad, y estaba bastante deseosa de sexo. Después nos duchamos juntos, pero yo ya no tenía fuerzas para nada, así que ella me lavó y yo a ella, sin tener sexo en la ducha, solo acariciándonos, nos vestimos, yo me fui a ver la TV y ella a terminar sus faenas.
Algunos fines de semana me hacía escapadas a casa de Dora, por las tardes, que era la hora en que su hija se iba a jugar, repitiendo muchas escenas de sexo, y todos los lunes también, claro, hasta que mi madre volvió a casa y solo lo hacíamos de vez en cuando, pues nos podía atrapar.
Saludos.

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