Relato erótico

Pacto aceptado

Charo
12 de marzo del 2019

Aunque vivían en la misma escalera pasaban largas temporadas que no se veían. Aquel día se cruzaron y hablaron un buen rato recordando cosas de cuando eran niños. Actualmente ella es abogada y tuvieron un desacuerdo con un tema legal.

Lucas – GERONA
Amiga Charo, el nombre de la protagonista de esta experiencia es Paula, es mi vecina en el barrio, donde vivimos desde que éramos pequeños, pero ahora cada uno vivía solo, pero en el mismo lugar. Nunca hubo una relación más allá de una amistad en la pandilla del barrio y después un hola y un adiós, ya que al crecer, cada uno se forjó por su lado, la universidad y todo lo que eso implica, hizo que solo nos encontráramos ocasionalmente por el vecindario y solo de pasada.
Es atractiva, morena, alta, tetas grandes, redondas y también muy culona. Una vez, un domingo por la mañana, en uno de esos días que rara vez coincidimos, nos encontramos en la escalera, nos tomamos un minuto para charlar y recordar viejas aventuras en el barrio, de cómo jugábamos de chicos y como ella, siendo la única mujer, se acoplaba con la pandilla. Realmente fue una conversación muy agradable, por lo que nos quedamos hablando un buen rato recordando nuestras aventuras infantiles.
Ella me confesó que se unía a nosotros, porque le gustaba como nos llevábamos entre los chicos, porque podíamos hablar con grosería, y de pitos y flautas sin inmutarnos y darnos vergüenza, como las mujeres que son más recatadas y reprimidas, ya que ella decía que el trato entre chicos es más auténtica, de cómo decíamos cosas con implicaciones sexuales sin inmutarnos en nada, como cuando sentíamos que teníamos la razón en algo y decíamos al compañero de juego cuanto apuestas y si… ¿me la mamas?. De solo recordar eso mi tetuda y culona vecina soltaba la carcajada.
Para entrar en detalles, ese día llevaba unos vaqueros ajustados que le hacían resaltar sus redondas nalgas y su bien formada figura, una blusa blanca que le resaltaban sus pezones.
Así pasaron las horas y la conversación se hacía más agradable, retomando con ello una confianza que no teníamos desde hacía muchos años cuando estábamos en la misma pandilla de juego. En el transcurso de la conversación recordamos a los vecinos que ya no estaban en el vecindario, pero que habíamos tenido buena amistad con ellos, y salió a relucir Eduardo, un amigo mutuo, que se había casado, pero por problemas se había divorciado en menos de dos años de matrimonio. Paula juró que eso no se podía hacer, porque la ley lo prohibía y no se que otras cosas, porque tenía que pasar más tiempo para el divorcio, yo decía que sí se podía, aún sin saber nada de leyes. Y ella al insistir, le dije si se lo jugaba y entonces, recordando viejos tiempos y lo que la misma me había comentado, le dije:
– Pero si pierdes… y si… ¿me la mamas?
Se quedó algo seria y pensé que se había molestado ante mi vulgaridad, pero pensó unos cuantos segundos y con toda la naturalidad del mundo, asintió sonriendo:

– Venga, sí.
Yo solo me reía siguiendo el juego. Y cual fue mi sorpresa cuando resultó que yo tenía razón y entonces la llamé invitándola a mi piso y ya que ella había comenzado el juego, no tuve más remedio que seguirlo y tratar de cobrar mi apuesta, chanteajándola entre bromas y en serio, que había puesto su honorabilidad en el cumplimiento de su palabra.
No esperaba esa reacción, pero quizás estaba necesitaba algo de verga en su chochito, ya que, con toda la naturalidad del mundo, dijo que estaba bien. Esa actitud tan natural, me excitó bastante, por lo que, fingiendo también una naturalidad en mí, pasé a la sala, me bajé los pantalones y recostándome en el sofá empecé a hacerme una paja frente a ella, esperando el anhelado pago. El solo hecho de que ella me viera haciéndolo me molaba bastante, y mi mirada hacia su cuerpo, fue completamente lasciva. No sé si eso la asustó, pero mi vecinita empezó a reaccionar, me dijo que era solo una broma y lo había hecho para verme la polla, pero que ya era suficiente.
En este tiempo mi polla había alcanzado la erección total, como nunca me la había visto, pues tan solo pensar en hacer mía a esa culona me ponía bastante.
Al ver mi verga tan tiesa, parece que la vecina se volvió a animar, ya que su semblante cambió, por lo que le propuse un trato justo a mi punto de vista. Si es que no estaba del todo convencida, un doble o nada, dejándolo a la suerte. Pero le costaría caro porque yo ya tenía ganada la mamada debida y a pulso, por lo que propuse doblar el precio, es decir, decidiría la suerte si obtendría mi mamada o no, pero era doble o nada,
– Vale – le dije – si te gano, me la mamas y te doy por el culo.
– No lo sé – contestó.
Sin esperar más mandé al aire una moneda, sabiendo que ese era mi día y ¡gané!
No tuvo remedio, después de cómo un minuto de silencio, parece que no le desagradó tanto la idea y comenzó a agacharse y empezar a lamer mi polla. Y si que se lo tenía guardado, era una experta. Su lengua recorría mis huevos hasta la punta de mi verga, podía sentir el pulso de mi polla cuando la engullía toda en su garganta, y yo tiernamente le acariciaba los cabellos mientras le arremetía la polla hasta atragantarla.

Yo no podía más, así que la levanté, le bajé los jeans hasta la altura de la rodilla y pude ver un enorme, pero hermoso culo, con un insignificante hilo de tanga entre sus nalgas, lo que me provocó una sensación de excitación inigualable, hasta pude sentir como eyaculé un poco en la boquita de la vecinita.
Entonces la empiné un poco y la puse frente a un espejo, observando por un lado como me mamaba la verga y por el otro su glorioso culo abierto solo para mí, y empecé a meterle un dedo en el ano, mientras le daba duro a su boca.
Continué abriendo una y otra vez sus nalgas viendo sus agujeros húmedos y expectantes ante mi verga que ya apuntaba el techo. Pronto no aguanté más y quise probarlo, ya sin jeans y fuera el tanga, empecé a lamer su culito. Era un orificio apretado y grisáceo, exquisito, mientras ella hacía lo propio en mis testículos. Entonces traté de probar su coño, pero la muy puta, como buena abogada, dijo que solo me pagaría lo que se veía entre sus nalgas.
Al final entré en ella empezando a encularla viendo como rebotaban sus enormes cachetes cada vez que la embestía con mi gran polla. También veía como apretaba los dientes, luchando frente a frente su culo a no dejar penetrarse. Creo que gané, porque mis huevos llegaron a tocar su coño, teniendo a mi querida culona penetrada hasta el fondo. Su culo fue precioso, apretadito en todo momento, haciendo que mi rabo se contrajera cada vez que tocaba sus cavidades anales. Al final, sin resistir más, la saqué de su agujero, a la cerqué a su boca obligándola a que probara su propio culo a través de mi polla, y con una fuerte masturbación me corrí en su boca, descargando una gran carga de leche en su lengua y el resto se escurrió por su cara y cabellos. Y mis dedos, también con leche, los limpié metiéndole un poco de semen en el culo para sellar el venerable trato.

Fue uno de los mejores encuentros ocasionales que me han ocurrido en mi vida sexual y siendo un verdadero placer para mí hacer tratos con distinguidas personas como mi vecina.
Gracias por leerme y publicar mi testimonio.

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