Relato erótico

Sexo casual

Charo
10 de octubre del 2018

El rollete que tenía su compañera de trabajo con un jefe de la empresa fue el detonante de unas buenas sesiones de sexo.

Pedro – Cáceres
Hola Charo, lo que te cuento ocurrió entre mi amiga Maribel y yo, Pedro, y que ahora no continua porque estoy viviendo en otra provincia, en Sevilla capital. Para comenzar, como en cada uno de los relatos que he leído, voy a presentar a cada uno de los protagonistas. Maribel, es una chica de 25 años, de 1,67 de estatura, unos 62 kg, con grandes mamas y con una culo espectacular, de ensueño, y el pelo castaño que normalmente lleva sujeto en una cola. Yo, o sea Pedro, soy moreno, 32 años, de 1,79 de estatura, 76 kg, ojos claros y podría decirse que bastante bien parecido aunque no soy ningún superdotado sexualmente, solo 17 cm erecto y sexualmente muy, pero muy caliente, y con las que he estado han quedado satisfechas y con ganas de hacer nuevas cosas.
En fin, lo que realmente sucedió fue así. Los dos trabajamos en el mismo lugar, distintas localizaciones, pero en el mismo ámbito y ambos usamos uniformes. Yo era amigo de ella por haber charlado varias veces en un turno que coincidíamos, pero ella era novia, o mejor amante, de otro compañero de trabajo y que era su jefe. ¿Que locura, no?
Una mañana me pidió si la podía llevar a su casa porque se sentía mal ya que había estado discutiendo con su amante porque no dejaba a la mujer para estar con ella, en fin, cosas que suceden. La pasé a buscar, la llevé en el coche, paramos, charlamos, se desahogó, lloró y al final me fui, pero a los 10 minutos sonó mi móvil. Era ella que me decía que no había nadie en su casa y si la podía llevar a algún lado, a lo que yo, ya lanzado, le dije:
– Como me gustas mucho solo te puedo llevar a un lugar.
– ¡Bueno! – me soltó sin yo esperarlo.
Ya te imaginarás que nos fuimos a un hotel. Llegamos a la habitación, nos metimos y comenzamos a besarnos y acariciarnos. Nuestras camisas ya habían volado hasta que quedamos semidesnudos y así de excitados me pidió que nos bañáramos a lo que accedí gustosísimo ya que no podía más con mi excitación y mi polla estaba durísima. Entramos en la ducha y verla a ella con el agua correr por su cuerpo y esa mirada acabamos besándonos y más tarde comenzamos a matarnos en un exquisito 69.
Sentía toda la boca mojada de su flujo, metía mis dedos en su coño, los sacaba y disfrutaba. Estaba exquisita, sabrosa esa almeja.

Era una delicia, metía los dedos y lamía y apretaba su clítoris, lo chupaba, la oía gemir sobre mi polla que se comía con muchas ganas y eso me aceleraba más en mi lamida de coño. Entonces me apoderé de su clítoris apoyando mi dedo mayor en su culo y comencé a aumentar mi ritmo en esa sabrosa almeja hasta que diciéndome que “¡no por favor no! se corrió en mi boca apretando mi cabeza contra su coño y girando hacia un costado en la cama, pero como gozaba tremendamente de ese orgasmo no la solté. Seguí con mi boca en ese sabroso chocho y ella volvió a correrse haciendo de ese orgasmo una eternidad.
– ¡Eres un desconsiderado, no quería correrme aún y menos en tu boca! – me dijo.
Os imaginaréis mi cara de satisfacción por darle tremendo placer, entonces me dijo:
– ¡Ven, súbete encima de mí y fóllame, degenerado!
Abrió las piernas y entré en ella con mucha facilidad debido a mi polla húmeda por su saliva y a su coño húmedo y caliente. Entré en ella hasta los huevos, gimiendo los dos ante esa arremetida. Yo sentía mucho gusto, su coño apretando mi polla, que entraba y salía de ella. La besaba y le decía las ganas que tenía de follarla, que no aguantaba más, y ella me decía lo mismo. Estuvimos unos minutos en esa posición hasta que, inesperada y sorpresivamente, se corrió retorciéndose y gimiendo:
– ¡Pedro, sí, me encanta como me follas, así, no pares!
Me pedía que me corriera yo, algo que no quería ya que estaba gozando mucho ella y si hay algo que me enloquece es hacer correrse a una mujer varias veces antes que yo. Entonces salí de ella, me apoyé en la pared sentado y comenzó a montarme. Se tiraba hacia atrás, sobre mis piernas y regresaba hasta que le dije:
– ¡Ven, córrete conmigo!
Entonces, mientras ella se movía encima de mí, yo le besaba y mordía los pezones hasta que coloqué mi dedo mayor en su boca para que me lo dejase lleno de saliva y lo dirigí directamente a su culo, a ese culo precioso y hermoso que para mi sorpresa estaba muy apretado, la miré, se sonrió y me dijo:
– ¡Nunca nadie me hizo nada ahí!
– ¿Puedo? – pregunté.
– ¡Siiií…!.

Así que me chupé el dedo mientras ella me miraba, lo llevé a ese culo y empecé a presionar hasta que entró la puntita mientras ella se movía lentamente sobre mi polla. Presioné más y más hasta que entró casi la mitad del dedo y no se imaginan lo apretado que estaba. Sí que era virgen ahí, así que le pedí que se moviera y yo metía y sacaba con cuidado mi dedo hasta que empezó a acelerar y yo le decía:
– Me encanta tu culo, tan apretado.
– ¡Sí, es tuyo degenerado, es todo tuyo, nadie más lo ha tocado antes que tú…! – me contestaba.
Moviéndonos, se corrió ella nuevamente sintiendo mi dedo entrar y salir en ese agujerito tan estrecho y yo, que quería darle de todo, la coloqué a cuatro patas sobre la cama. Teníamos el espejo gigante a nuestro lado y comencé a lamer ese coño y luego subí hasta ese culo que me estaba enloqueciendo. Se lo besé, lo llené de saliva y después bajaba de nuevo a su coño. Ella gemía hasta que me pidió que se la metiera y lo hice porque no aguataba más mi cuerpo y aún más mi polla. Me la follé como un loco, deslizando mi polla sin parar en su caliente y muy mojado coño hasta que, ella primero y yo después, nos corrimos gimiendo llenos de placer.
Descansamos un rato hasta que ella comenzó a besarme y acariciarme y entre besos empezó a bajar por mi espalda con su boca. Era agradable sentirla, y como ella continuaba bajando yo abría y cerraba los ojos porque no sabía que iba a hacer. Continuaba bajando y con ello seguía aumentando mi excitación. Era algo desconocido, ya que nunca nadie había bajado más de la cintura por mi espalda, hasta que me dijo:
– Arrodíllate en la cama – lo pensé y dudé pero ella añadió – ¿Es que no te gusta?
¿Que le iba a decir, si estaba yo muy caliente y mi polla dura nuevamente? Me arrodillé y ella, detrás de mí, dijo:
– ¡Abre bien las piernas!
Quedé reclinado sobre mis codos, abierto a Sole que estaba detrás de mí. Me sentía tan expuesto y entregado a ella como no te imaginas y ella, acariciando mi culo, pasó sus uñas por mis huevos y tomó mi polla dura y dijo:
– ¿Qué pasa degenerado mío… estás caliente?
– Sí – le susurré entre gemidos.
Estaba a mil por esa caricia desconocida que me estaba haciendo gozar y entonces empezó a pajear mi polla, besó mis nalgas y sentí pasar su lengua por todas ellas, hasta que la puso en mi agujero virgen haciéndome saltar y jadear. Me sentía expuesto a ella, dominado, caliente, gozando hasta que me preguntó:

– ¿Te gusta, puto mío… te gusta lo que te hace esta pervertida? – a la vez que me lo chupaba, lo llenaba de saliva y empujaba con su lengua sosteniendo y pajeando mi polla.
Jadeaba, yo nunca había sentido eso, era exquisito, gozaba terriblemente, hasta que dejó de chuparme el culo y de pajearme y me dijo:
– ¡Ven y fóllame, venga, fóllate a esta pervertida!
Me subí encima de ella y empecé a moverme y moverme mientras le decía:
– Eres una degenerada, una degenerada que me calienta mucho pero, te adoro…
Entonces me pidió que me corriera, pero que la regara, que quería ver mi leche, así que me moví hasta que la hice correrse a ella y excitándome a mi esa sensación de su orgasmo, por lo que se la saqué y arrodillado me pajeé hasta que comenzó mi leche a saltar sobre ella. El primer chorro cayó sobre su pelo y el resto por sus mamas y su vientre. Era terriblemente morboso verla bañada por mi leche, excitante por demás, con esa mirada cargada de perversión, terrible. La besé y le dije:
– ¡Ha sido fantástico, me has vuelto loco!
– ¡Sí, estuvo genial, me has hiciste correr muchas veces, me calentaste mucho! – exclamó terminando por fundirnos en un beso.
Fue un final más que feliz.
Besos de los dos.

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