Relato erótico

Unas copas de más

Charo
10 de octubre del 2018

Iban a celebrar el quinto aniversario de boda. Fueron a uno de sus restaurantes favoritos a cenar. Su mujer tomo alguna copita de más o eso parecía. Fue una celebración “diferente” a lo programado.

Miguel Ángel – Almería
La celebración de nuestro aniversario la comenzamos cenando en nuestro restaurante preferido, un restaurante de esos que sirven comida moderna con pescados ahumados y ensaladas de pasta fresca. Teníamos por costumbre la noche que salíamos en vestirnos por separado, de esta forma manteníamos la incertidumbre de saber que llevábamos puesto debajo de la ropa, es decir, mi mujer llevaba una falda ceñida y un top sin tirantes, era principio de verano, de manera que podía suponer que llevaría puesto el sujetador de encaje que tanto me ponía a cien y una de esas braguitas pequeñísimas sin costuras que era la última adquisición del variado armario de ropa interior que tenía mi mujer. Naturalmente no perderé el tiempo detallando mi vestimenta de esa noche, eso sí, me puse el slip largo de lycra que ella misma me había regalado por Navidades.
La cena transcurría con normalidad, comimos bien y conversamos de muchas cosas banales, incluso comentamos cosas que ya nos ponían en situación, me gustaba hablar de fantasías, sobre todo las suyas, lo que me provocaba descomunales erecciones, tal y como pasó esa noche. Fantaseaba con tener dos pollas a su disposición y que la fueran penetrando por turnos, lo cual a mi no me parecía nada mal siempre que yo pudiera estar presente y verla disfrutar y ver como la llenaban de leche por todo el cuerpo.
Lo mejor de la noche llegó a los postres, mi mujer no bebe nada de alcohol, lo que me obliga a pedir una botella pequeña de vino cuando salimos, pero aquella noche ella me propuso celebrar el aniversario con una copa de cava en el mismo restaurante. Me pareció raro pero naturalmente no me negué, aunque más extraño fue que al pagar la cuenta pidiera un chupito de licor, aquello no era normal.
Abonamos la cuenta y al acercarnos al coche me dijo que se sentía mareada y que nos fuéramos directamente a casa. Aquello me pareció que iba a llevar al traste mis sueños sexuales de aquella noche, ya que si no se encontraba bien, sería mejor dejar el sexo para otro día, nada más lejos de la realidad. Nos fuimos a casa y dejamos el coche en el parking para acceder en el ascensor hasta nuestro piso, y en el mismo ascensor comenzó el festival. Mi mujer me desabrochó los botones de la bragueta y comenzó a sobarme el miembro sin contemplaciones lo que llevó a conseguir una erección inesperada, naturalmente no iba a ser yo quien le recordara lo del mareo.

Llegamos a casa y como si estuviera completamente borracha mi mujer me pidió de manera casi incomprensible que la llevara en brazos al dormitorio, solo me faltaba aquello, que me empalmara gracias a ella y ahora se durmiera. La cogí en brazos y la llevé hasta la cama, ella se incorporo y con la cara enrojecida no dejó ni que me sentara, me despojo del pantalón y por la bragueta del slip me saco la polla y se la metió entera en la boca, comenzó a chupar como una posesa, con fuerza, con violencia, lo que me proporcionaba un enorme placer, creí que reventaba y que no iba a parar dado su estado de embriaguez, pero como si adivinara mis sensaciones paró justo en el momento en que iba a soltar toda mi leche y me pidió que me quitara la ropa mientras ella hacía lo mismo.
Se sacó el top y pude ver que no llevaba el mencionado sujetador sino que tenía las preciosas tetas al aire, mi mujer está muy bien equipada y tiene unas tetas puntiagudas con sonrosados pezones que permitían comprobar su grado de excitación, nunca la había visto así, sus pezones habían doblado el tamaño y me tentaban a lamerlos sin contemplación, pero me supe contener a la espera de que se despojara de la falda, lo que me dejó al descubierto que tampoco se había puesto braguitas y que por su entrepierna se podía contemplar un hilillo de flujo que demostraba su estado de excitación. Mi mujer cuando se pone deja escapar gran cantidad de líquido por lo que no es extraño que moje abundantemente las braguitas, aquel día incluso le bajaba por la pierna.
Acto seguido, ya los dos en pelotas me pidió que la lamiera toda, naturalmente me apliqué y le proporcioné una descomunal mamada en las tetas, me centré en los pezones y fui bajando por el ombligo lo cual se que la pone a cien, le lamí el contorno y fui bajando por la línea de pelos que se forman en la ingle, mi mujer los lleva siempre muy cortitos, casi depilados y me dispuse a lamerle el coño, centrándome en el clítoris y en los labios, los cuales le mordí y succioné mientras con mis manos le tiraba sin contemplaciones de los pezones, no sabía si le dolía pero al ver como gemía supuse que le proporcionaba mas placer que dolor, le succioné sin parar hasta que exclamó casi gritando:
-¡¡Me corro! ¡¡Me corro!!
Y comprobé como los fluidos aumentaban en cantidad y cerraba sus suaves manos alrededor de mi cabeza como si no me quisiera dejar escapar.

Cuando me incorporé supuse que me pediría que la penetrara ya que mi polla esperaba resarcirse de la mamada anterior y explotar de placer en cuanto fuera posible, pero de nuevo se mostró como borracha y me dijo que trajera aceite de la cocina, ¿aceite?, pensé, no sabía qué era lo que iba a pedirme, ni si no estaba en sus cabales y se dormiría en cuanto saliera del dormitorio, pero mi excitación y la curiosidad me empujaron a traer lo que me pedía.
Cuando regresé mi mujer se había dado la vuelta, las rodillas un poco flexionadas y se estaba aplicando un buen masaje en el chocho aun chorreante de la corrida anterior y a la espera de que se la metiera sin contemplaciones. La sorpresa se confirmó cuando me pidió que se lo aplicara en el ojete de su sonrosado culete. Yo no sabía a donde quería llegar, habíamos hablado muchas veces del sexo anal y siempre me había dicho que era algo que le daba mucho miedo, yo naturalmente era algo que siempre había querido probar pero había respetado su opinión. Ante esta nueva situación, naturalmente, le hice caso y le apliqué un masaje con el aceite que me llevó a introducir un dedo en el tentador agujerito que se dilataba sin contemplación.
Nunca había pensado en darle esa ocupación a este producto culinario, pero aquello escapaba de mis sueños más húmedos poniéndome no a 100 sino a 200 por hora. La dilatación del agujerito me empujo a introducir otro dedo, lo cual a mi mujer le pareció excitar aún mas, naturalmente ella seguía pajeándose como una posesa, en esta situación no tardó en volver a correrse, es decir que ella se había corrido dos veces y mi polla que no decaía no había llegado aún al clímax. Cuando terminaron sus convulsiones post-corrida elevó un poco más las rodillas y sin girarse me pidió:
– ¡Ahora mete tu enorme polla en el culo! Cabrón, fóllame por detrás.
Yo no estaba en situación de preguntarle si estaba segura y pensé que aquello era producto de su embriaguez, y ¿por qué no iba a hacerlo?
Comencé a introducir primero la punta del capullo y vi que el agujero cedía, de manera que comencé a dar pequeñas embestidas lo cual lejos de dolerle le proporcionaba gran placer al decir de sus jadeos interminables, de esta forma y poco a poco le introduje la polla al completo y comencé el vaivén como si se la estuviera metiendo en el coño, mientras mi mujer ya estaba llegando a gritar de placer, aquello me parecía increíble, ¡que gusto nos estábamos dando mutuamente!
Finalmente decidí que no estaba bien correrme sin habérsela clavado en el coño mojado de mi querida esposa, por lo tanto antes de correrme se la metí casi sin moverme en el chorreante agujero y embestirla sin ningún tipo de contemplación lo que nos llevo a los dos a corrernos al mismo tiempo.

Después de corrernos y tras un pequeño descanso nos dispusimos a ducharnos juntos, a mi mujer parecía haberle pasado la borrachera, y no era así, una vez en la ducha me confesó que el alcohol no le había hecho ningún efecto, todo había sido una actuación para que pudiera penetrarla por detrás, algo que hacía tiempo que había decidido hacer pero que no quería decirme, por otro lado lo del aceite lo había visto en una película X en la televisión, que veía cuando yo me acostaba, mientras solía pajearse como una posesa. Finalmente me confesó que mientras le empujaba por el culo ella se había corrido de manera descomunal al pajearse con su mano libre, aquello me llevó a empalmarme de nuevo ya en la ducha, pero eso os lo contare algún día. Solo una cosa más, desde aquel día disfrutamos aun más de lo que lo hacíamos ya que hemos descubierto el placer que puede proporcionar el ojete tanto a ella como a mí, hemos usado cremas, aceites o mantequilla y hemos alcanzado grados de placer descomunales.
Besos para todos.

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